miércoles, 19 de agosto de 2015

Guerra de Sucesión. Aspectos políticos del reinado de Felipe V


ASPECTOS POLÍTICOS DEL REINADO DE FELIPE V

La entronización de Felipe de Anjou el 16 de noviembre de 1700 fue  aceptada unánimemente por los reinos de las Coronas de Castilla y de Aragón, cuyos fueros juró observar, pero  hacia 1706 tal unanimidad se había quebrado, en gran parte motivada por la situación internacional, que apetecía la fragmentación de España, y aspiraba a colonizar los territorios de la Monarquía Hispánica.

No fue pequeño argumento de enfrentamiento nacional la histórica enemistad con Francia, avivada con un recuerdo cercano de la Guerra de los Treinta Años, con la pérdida del Rosellón, la Cerdaña y el Franco Condado, o la ocupación de Barcelona llevada a cabo por tropas francesas en 1697.


No obstante, hasta 1704 no parecía que fuese a producirse conflicto serio por la ascensión al trono de Felipe V, pero la dependencia con relación a Francia permitió la presencia de tropas francesas en Flandes, lo que, unido a los derechos sucesorios de Felipe sobre el trono francés y las pretensiones del archiduque Carlos, que fue proclamado rey el 12 de febrero de 1703, acabó desencadenando la guerra.

La situación era, como mínimo, grotesca. Venía como rey de España alguien que provenía de quienes la memoria más raquítica no impedía recordar como los sitiadores  de Gerona y el de Barcelona apenas cuatro años atrás en la guerra de los Nueve Años… o los que habían arrancado el Rosellón y la Cerdaña en el Tratado de los Pirineos de 1659, apenas cuatro décadas atrás. Había más desconfianza hacia los franceses, conforme señala Juan C. Saavedra Zapater,  gracias a “la preferencia que se daba en la Corte a los títulos de Francia —contra ello se manifiesta el duque de Arcos—, por el acaparamiento por parte de los franceses de los cargos más importantes de la Monarquía —junto a Michel Amelot y Juan Bautista Orry hay que mencionar al duque de Gramont, al marqués de Louville, al conde de Marcin y a la Princesa de los Ursinos— y del comercio con América —al menos esta era la queja del duque de Medinaceli—, y por los obstáculos que desde París se oponían de manera sistemática al fomento de la industria castellana, desanimando a quienes mostraban deseos de instalar fábricas en el territorio porque ello hubiera supuesto un grave perjuicio para las manufacturas francesas.”[1]

En principio, la posición de Luis XIV estaba acorde con las potencias europeas, que habían tratado profusamente el desmantelamiento de España a la muerte de Carlos II, pero al hacerse público el testamento a favor de Felipe de Anjou,  el 16 de noviembre de 1700, Luis XIV aceptó la voluntad de aquel, presentando en la corte a su nieto, de diecisiete años, con estas palabras: Señores, aquí el rey de España». Entonces le dijo a su nieto: «Pórtate bien en España, que es tu primer deber ahora, pero recuerda que naciste en Francia, para mantener la unión entre nuestras dos naciones es la manera de hacerlos felices y preservar la paz de Europa.”

Nombrado heredero el duque de Anjou, y siendo regente el cardenal Portocarrero, fueron marginados los austracistas, mientras el parlamento inglés trataba el asunto, donde se señalaba “los perjuicios, que resultaban al Comercio, y que serían los Franceses dueños del de Indias, del Mar Mediterraneo, el Adriatico, y Jonio, y se aprovecharian, con nuevas Fabricas, de las Lanas de España.”[2] Los principios que se consolidarían posteriormente en las guerras separatistas de América ya eran mostrados un siglo antes. Poco después, por parte del Foreing Office se procedería a la creación de la mejor arma al servicio de Inglaterra: la masonería, y a la redacción del “proyecto para la destrucción de España”.
Continuará....

[1] Saavedra Zapater, Juan C. Entre el castigo y el perdón. Felipe V y los austracistas de la Corona de Castilla, 1706-1715
[2] Bacallar y Sanna, Vicente. Comentarios de la Guerra de España e historia de su rey Phelipe V el animoso. Pag. 33

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