viernes, 4 de septiembre de 2015

1714 LAS ÚLTIMAS BOCANADAS DE LA GUERRA DE SUCESIÓN

1714. LAS ÚLTIMAS BOCANADAS DE LA GUERRA DE SUCESIÓN
(parte de "LA GUERRA DE SUCESIÓN O CÓMO SE PRODUJO EL SEGUNDO DESCUARTIZAMIENTO DE ESPAÑA)
Carlos era llamado a coronarse emperador de Alemania al haber fallecido el emperador José I, y los británicos habían centrado sus intereses en los Países Bajos, Guido von Starhemberg se vio más preocupado en proteger el embarque que acabaría haciendo el Archiduque en una escuadra inglesa, el 27 de Septiembre de 1711, que en otras cuestiones, lo que permitió que el francés tomase posiciones.
Ahora sí, la suerte estaba echada porque Francia e Inglaterra acabarían alcanzando la paz en agosto de 1712, e Inglaterra comenzaba a dar más apoyo espiritual que militar a sus aliados. Ya no miraban con buenos ojos los ingleses la causa del archiduque porque no estaban dispuestos a que bajo una misma corona estuviesen Austria y España.
Ante esta situación, y siendo que las tropas borbónicas estaban muy activas en las inmediaciones de Barcelona, los procuradores de Cataluña, encabezados por el conde de Saballá y Pinós, llegaron a pedir ayuda al Imperio Otomano[1], al que ofrecieron vasallaje, pero no obtuvieron la ayuda demandada dado que Ahmed III se sentía débil y precisaba el apoyo francés.
Los acontecimientos se aceleraban. El 15 de mayo de 1712 abandonaba Barcelona Staremberg con el último contingente de tropas austracistas.

Pero estando Inglaterra por medio, no podía acabar el asunto de forma tan sencilla. Señala Nicolás de Jesús Belando, que Staremberg “no cumplia con lo estipulado en el Convenio de evacuación, hecho en hospitales, y en conformidad del Tratado de Utrech, porque dexaba en manos de los voluntarios el Caftillo de Monjui, y Señores de la Ciudad de Barcelona, a los que no querian fujetarfe, quando todo havia de quedar en poder de las Armas del Rey Catolico, y tambien no llevandofe todas las Tropas, con la efcufa, que no havia embarcaciones. Al mifmo tiempo no fe podia creer, que todos los hombres eftuvieffen tan dementados, que fe pufieran à negar enteramente la obediencia, y à eftàr agenos de todo temor de caftigo, fi no tuvieffen alguna promeffa, y mucha efperanza de focorro, y de patrocinio de un Principe poderofo.”[2]

Es el caso que, de las tropas que debían abandonar Barcelona, con consentimiento de su general (y presumiblemente de Inglaterra), desertaron unos 4000 hombres que aprovecharon el retraso de Vendome para intentar ocupar Tarragona.

Pero la acción no tuvo las consecuencias previstas, ya que Tarragona les cerró las puertas. Bien al contrario, dieron parte al gobernador, el marqués de Lede, que todavía no estaba en la ciudad, y quién ante la demanda de ayuda, la ocupó. [3] Otras ciudades, ajenas a la oligarquía de Barcelona, también se avinieron a la nueva situación; así, p.e., Torredembarra cerró las puertas a las fuerzas que, habiendo salido de Barcelona para atacar Tarragona, huían perseguidas por la guarnición de esta ciudad, mientras en la Plana de Vic, acudían las poblaciones al duque de Populi a presentar su fidelidad. [4] Lo mismo hicieron otras poblaciones, como Manresa y Mataró.

Pero el retraso de Luis José de Borbón, duque de Vendome, que había sido designado Virrey de Cataluña,  acabaría siendo definitivo, porque falleció en Vinaroz el 11 de Junio de 1712, víctima de un atracón de langostinos. Le sustituiría el príncipe de Tilly.

Paralelamente, en esas mismas fechas se firmaban los acuerdos de Utrecht, en esencia un pacto entre Francia e Inglaterra y contra la voluntad del archiduque, que reforzó con tropas alemanas su presencia en la parte de Cataluña que permanecía bajo su poder. Sitió Gerona, de donde finalmente fue rechazado el 15 de diciembre de 1712, retirándose a Barcelona. Pero la suerte estaba echada, y las tropas austracistas evacuaban Barcelona a pasos acelerados. Staremberg renunció al título de Virrey mientras la Diputación nombraba capitán general a Antonio Villarroel, que hasta 1713  había luchado a favor de Felipe V, con el fin de continuar la guerra. Quedaba sola Barcelona en el intento aunque, presumiblemente, y como nos recuerda Nicolás de Jesús Belando, con promesas de éxito emanadas de quienes estaban interesados en la paz escrita y en la guerra real.

La sensación de inseguridad lo embargaba todo. Asegura Nicolás de Jesús Belando que “muchas perfonas prudentes, con maduro juicio, fe falieron de Barcelona, y fe fueron a Gerona, y à diferentes lugares; otras, por menos cuerdas, fe embarcaron para Italia; y à otras que querian falir para aprovecharfe del perdon, que benignamente concedia el Rey Catolico, no lo permitian los Rebeldes, que llevaban la cofa de mal en peor”. [5]

Señala Andés Cassinello que “en agosto de 1713 se produjo el último intento de los barceloneses por romper el cerco al que estaban sometidos. El diputado militar Antoni Fran­cesc de Berargues y el general Nebot, al frente de 1.000 soldados de caba­llería y 500 de infantería, se embarcaron en dirección a Arenys de Mar y desde allí recorrieron las comarcas catalanas, siempre perseguidos por las tropas borbónicas. Fue una campaña cruel, que acabó el 5 de octubre con el ingreso en una prisión de Barcelona del mismo Nebot. La incursión no logró el apoyo de la población, pues además de hostigar a las tropas borbónicas, tenía la misión de recaudar las contribuciones atrasadas.”[6]

Mientras Nebot llevaba su campaña de hostigamiento que era repudiada por la poblaciones, éstas iban acogiéndose al perdón ofrecido por Felipe V. Pero señala Nicolás de Jesús Belando que el 20 de Octubre de 1713 “aportò a la Barra de Barcelona un grande Comboy, compuefto de treinta embarcaciones, que iban defde Mallorca, conduciendo dos mil Soldados de todo género de Naciones, cuyo focorro renovò enteramente el contagio de la revolucion, y aumentò el defatinado empeño de los de Barcelona.”[7]

Y es que tampoco Mallorca conoció la paz de inmediato, ya que el comandante alemán se negó a entregar la plaza.[8] Y la incompetencia de quienes detentaban un simulacro de poder en España impedía que se exigiese el cumplimiento del tratado de Utrecht entregando a las fuerzas de Felipe V las fortalezas y las plazas fuertes. Parece evidente que lo pretendido por los firmantes del tratado era, como poco, que sucediese lo que acabó sucediendo en Barcelona. No en vano llevaban medio siglo barajando las posibilidades del desmembramiento de España.

Contaban que la terquedad histórica de la raza hispánica jugase a su favor, pero a lo que se ve no contaban con que, en medio del desastre nacional, los tercios de Flandes y de Sicilia se habían quedado inoperativos por la cesión de soberanía, por lo que fueron trasladados a Barcelona, y en marzo de 1714 se iniciaba un bombardeo de la ciudad que se paralizó como consecuencia de iniciarse las conversaciones del tratado de Rastadt.




[1] Bacallar y Sanna, Vicente. Comentarios de la Guerra de España e historia de su rey Phelipe V el animoso. 2º tomo
[2] Belando, Nicolás de Jesús. Historia Civil de España. Parte 1ª Pag. 638
[3] Belando, Nicolás de Jesús. Historia Civil de España. Parte 1ª Pag. 640
[4] Belando, Nicolás de Jesús. Historia Civil de España. Parte 1ª Pag. 640-641
[5] Belando, Nicolás de Jesús. Historia Civil de España. Parte 1ª Pag. 641
[6] Cassinello Pérez, Andrés. El sitio de Barcelona, septiembre 1714. Revista de Historia Militar nº extraº 2
[7] Belando, Nicolás de Jesús. Historia Civil de España. Parte 1ª Pag. 648
[8] Belando, Nicolás de Jesús. Historia Civil de España. Parte 1ª Pag. 641-642

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