lunes, 14 de septiembre de 2015

ESPAÑA BAJO EL ISLAM (4)


ESPAÑA BAJO EL ISLAM (4)
Cesáreo Jarabo

Extractos de la obra.

El año 32 de la Hégira (20-8-749 a 9-8-750 d.C.) se produjo la matanza de los Omeyas en Bagdad, el desarrollo de la cual nos deja muestra de la calidad humana que adornaba a los invasores: El califa abbasida Abul Abbas amnistió a los omeyas que habían sobrevivido a la salvaje persecución de que habían sido objeto, y en medio de un banquete dado para celebrar la amnistía, todos los miembros de la familia omeya fueron asesinados mientras las carcajadas y los instrumentos musicales sonaban sobre los moribundos. De esta matanza supo huir un joven de 16 años: Aberramán, que en una rocambolesca y eterna huída llegaría a Al Andalus ocho años después, donde con el apoyo de sus patronos, que eran muchos, y de los yemeníes, se hizo con el poder, aprovechando las luchas intestinas existentes entre los invasores. Eliminó a Yusuf y a su principal aliado, Al-Sumail, que dominaba en Aragón y contaba con el apoyo de los “maulas”[1], que eran quienes lo habían llamado cuando conocieron la persecución de que era objeto.

En 758 llegó Abderramán a España de acuerdo con los Banu Unayya. Al Sumail quería combatirle, pero Yusuf le ofreció su hija en matrimonio. Fueron rechazadas sus ofertas y el embajador fue prendido.
Yusuf, que regresaba victorioso de su campaña sobre el rebelde Amrú, montó en cólera, asesinó a los prisioneros que había tomado, se sublevó e invitó a sublevarse a Al-Sumail y buscó la alianza con los yemeníes, que no quisieron combatir a Abderramán,  no sin antes haber procurado una matanza entre sus adversarios políticos.[2]
Yusuf fue derrotado por Abderramán, que volvió a enfrentarse el año 758, pero en esta ocasión no consiguió el apoyo de Al Sumail, que sin embargo fue encarcelado por no haber avisado del levantamiento.
Organizó un ejército de 20.000 hombres que dirigió contra Sevilla, pero al verla poco guarnecida cambió su objetivo. Los de Sevilla, en menor número, lo siguieron y lo derrotaron. En su huída, llegando a Toledo fue asesinado.
A las guerras intestinas entre los invasores, que por cierto siempre se cobraran una magra cuota de víctimas españolas, se añadía la terrible sequía que asoló España desde el año 749 a 754, que aportaba nuevas penurias al pueblo español, si bien, por otra parte, la sequía, junto a las derrotas sufridas por parte del segmento árabe de los invasores, significó que un importante número de invasores bereberes volviesen a África. La posición de los invasores quedó muy debilitada, pero España no pudo expulsarlos porque esa misma sequía era padecida por ella misma, corregida y aumentada con la opresión de los invasores, que iba creciendo de manera impasible.
Esta situación; la del enfrentamiento entre los enemigos invasores; la retirada de las avanzadas bereberes en Galicia como consecuencia del hambre y de las guerras intestinas, si bien no fueron lo suficiente para acabar con la presencia de los invasores, sí posibilitaron que alguna parte del pueblo español se sacudiese las opresión islámica. Así, en el año 751 se levantaron en armas contra los pocos bereberes y árabes que habían quedado en el norte, al tiempo que llamaban en su auxilio a Alfonso el Católico, rey de Asturias, a quién reconocían como soberano. Quién posteriormente sería Rey de Asturias, Fruela, hijo de Alfonso, fue el encargado de liberar aquellas plazas del norte que habían sufrido la opresión sarracena durante más de cuarenta años.



[1] esclavos
[2] Historia General de España. Modesto Lafuente. Tomo II. Pag. 160

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