miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nada en común (I)

Extractos del repaso a la segunda mitad del siglo XX titulado  NADA EN COMÚN

AÑO 1953
Durante este año acontecieron hechos importantes. El 5 marzo fallecía el genocida Stalin. Dejaba en funcionamiento 80 campos de concentración a lo largo de todo el territorio soviético, y una cifra de muertos que los más optimistas sitúan en torno a los cuatro millones y los más pesimistas por encima de los doscientos millones (incluyendo en esta cifra no sólo los genocidios cometidos en sus territorios, sino los desarrollados en todo el mundo comunista, incluida España bajo su dominación entre 1936 y 1939).
La Santa Sede y España firman el primer concordato desde 1851, cuando los gobiernos masónicos promovieron leyes tan injustas como la desamortización de Mendizábal, mediante la cual, a costa de la Iglesia, inflaron sus bolsillos “hermanos masones” a lo largo de toda la geografía nacional. No era el Concordato una concesión de derechos al régimen del 18 de Julio ni a Franco, sino el retomar de unas actuaciones que procedían de la Edad Media; actuaciones que Franco, en alguna ocasión, manifestó no entender, ya que ponía en sus manos la elección de los Obispos entre una terna que le era presentada; aspecto que le resultaba tan extraño como si él sometiese a la Santa Sede la elección de sus generales o sus gobernadores civiles... Pero era algo que no dependía de él, sino de los derechos históricos; derechos que descuidó y que, pasados los años, facilitarían la ascensión indebida de individuos como Tarancón, Setién o Cirarda, por centrar en los individuos que más daño han hecho a la Iglesia y a España en el siglo XX.

A partir de éste año, el sacerdote, en las ofrendas de la Misa, pedía por España y por el Jefe del Estado.

En enero de este año, Eisenhower accedía a la presidencia de los EE.UU; hecho que no pasaría desapercibido en España, ya que este mismo  año  entraría España en la UNESCO, y ello significaría el primer paso en la descomposición nacional. Durante este año, a cambio de las bases que hipotecaban la libertad de España, llegaban a los coletazos del plan Marshall. Cesáreo recuerda que años adelante, cuando él iba a la escuela, sus compañeros recibían, recuperado de un gran cajón de madera, una ración de leche en polvo que llevaban a su casa; donativo de los “amigos gringos”. Nunca acabó de dar gracias porque a él jamás le dieron una de aquellas raciones. Su padre era alcalde del pueblo.

Los gringos, como los franceses un siglo y medio antes, tomaban posiciones para controlar España. Zaragoza, Torrejón, Morón y Rota serían los mordiscos del invasor, a través de donde inocularían el virus de la democracia.

Empezaba en España el desarrollismo. Su principal muestra, la inauguración de la fábrica de Seat en Barcelona.

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