miércoles, 16 de septiembre de 2015

SIGUIENDO CON LA GUERRA DE SUCESIÓN


SIGUIENDO CON LA GUERRA DE SUCESIÓN
ALGUNOS ASPECTOS POLÍTICOS DEL REINADO DE FELIPE V

 
En las cortes celebradas en Barcelona entre el 12 de Octubre de 1701 y el 14 de Enero de 1702, y tras haber sido jurado, Felipe V rehusó conceder algunas constituciones, en concreto la facultad de insacular y desinsacular cargos, hasta tanto no tuviese “la refpuefta a un Extraordinario del Rey de Francia, por el qual le mandava le participaffe el eftado de las Cortes, que defeava entenderlo por hallarfe vnidos los intereffes de Efpaña,y Francia”.[1] A pesar de tamaño sometimiento a intereses extranjeros, finalmente serían aprobadas las cortes con una artimaña legal que nada resolvía, y Felipe V embarcó para Nápoles el 2 de abril de 1702 para seguir con el procedimiento legal, a la vez que para enfrentarse militarmente a las tropas del pretendiente austriaco.


En Barcelona se había creado un clima viciado por el hecho de haber sido nombrado virrey el duque de Palma, hermano del cardenal Luis Portocarrero, en sustitución de Jorge de Darmstadt Lansgrave de Hassia, antes de haber sido jurados los fueros por Felipe V. El asunto se complicó cuando Darmstadt perpetró una conjura con la reina Maria Ana de Neoburgo, esposa de Carlos II, y Juan Tomás Enríquez de Cabrera, Almirante de Castilla, y se despidió de Barcelona anunciando que volvería con nuevo rey.

La situación propició que Felipe V, el 24 de febrero de 1701 cursase una carta al Consejo de Ciento señalando su compromiso “de iurar vueftras Conftituciones luego que lo permitiere el tiempo, y los negocios Universales de la Monarquía, aviendo ya Jurado lo mifmo el Conde en el común consentimiento del Principado.”[2] El día 29 saldría de Barcelona el príncipe de Darmstadt.

Hasta el momento, no se podía cambiar el esquema jurídico de los diversos reinos, ya que siendo heredados, debían ser garantizados  los fueros, privilegios y libertades de cada uno de ellos, por lo que al acceder al trono debían jurar respetar y conservar, pero las negociaciones se prolongaron varios meses.

Finalmente, el 4 de Octubre de 1701 juró los Fueros y Privilegios de Barcelona, tras lo cual se convocaron Cortes del Principado. Posteriormente casaría con Maria Luisa Gabriela de Saboya.

Tras la jura por parte de Felipe V, su proclamación sería ratificada por las cortes de Barcelona y de Zaragoza, donde los distintos estamentos juraron acatamiento. No se realizaron cortes en Valencia ni en Castilla.

Pero los padecimientos en las cortes de Cataluña y de Aragón no eran el menor problema de Felipe V. Su abuelo, Luis XIV de Francia, cuya actuación estaba ocasionando una alianza bélica de las otras potencias europeas, pretendía la cesión de los Países Bajos como contrapartida a los “sacrificios” que había hecho por España, no conformándose con haberse apoderado del comercio con América. Las “justas” recompensas le fueron reconocidas por los ministros de Felipe V. A tal efecto escribió a su embajador en Madrid: “Carece España totalmente de metálico hasta para los gastos más indispensables; ni es fácil hallar lo necesario para sostener la guerra en Italia, para dar cumplimiento á los tratados y para conservar las alianzas. Al ver la conducta de los españoles, diríase que se trata de conservar los Estados cuya existencia es totalmente indiferente á su monarquía; hasta parece que consienten pesarosos que ponga yo algún concierto en los asuntos de los Países Bajos. Yo soy por último el que por todas partes hago los gastos de guerra, gastos que son inmensos á causa de la distancia de los sitios á que deben acudir mis ejércitos, y lejos de que me ayude España á defender sus propios Estados, me veo contrariado por su parte en todo cuanto trato de hacer en su provecho…/… Le hareis observar cuán onerosa es la guerra de Italia, las inmensas sumas que allí se consumen, y la mucha gente que cuesta, todo lo cual sale de mi reino…/… que por lo tanto es sumamente necesario pensar en los medios de hacer pronto la paz, porque aun cuando conozco con notable disgusto que debe ser comprada á costa de algunos Estados dependiente de la monarquía española, es de todo punto indispensable resolverse á ello.”[3] La pretensión no era otra que, a cambio de la ayuda prestada, España cediese los Países Bajos a Francia. “El marqués de Villena, que fue consultado sobre este grave asunto, convino en seguida en que una repartición seria onerosa á las dos potencias, sin ser de ningun peso en la balanza europea. Su opinión prevaleció, y todos los ministros, á excepcion de Ubilla solamente, estuvieron de acuerdo en que España hiciera el sacrificio íntegro.”[4] Pero las conveniencias políticas, finalmente mudaron la infamia, destinando los Paises Bajos a Baviera.

La causa del Archiduque, promocionada por los mercaderes ingleses y austriacos residentes había decaído considerablemente tras la marcha de Darmstadt y la celebración de Cortes, siendo que el lider austracista Felíu de la Peña, en sus “Anales de Cataluña”, deja constancia  del enfriamiento de la causa austracista, señalando que “Concluyeronfe las Cortes como quifieron los Catalanes. La porfía en no admitir reprefentaciones, y no atender a las Conftituciones que formaron las Cortes, aun de jufticia, la moderó el tiempo, que precisó a concedèr eftas y no negar las de Gracia”.[5]

Transcurridos pocos meses, no obstante, acabaría imponiéndose el partido austracista como consecuencia de la permanente dependencia que manifestaba el nuevo rey a quien sólo un lustro atrás había asolado el territorio. Y es que, como señala Virginia León Sanz, “Pese a las concesiones hechas por Felipe V en las Cortes catalanas de 1701-1702, similares a las obtenidas del archiduque Carlos en las de 1705-06, el poco tacto del monarca borbónico tanto en el Principado —con el nombramiento del virrey Fernández de Velasco— como en la Corte —diferentes decretos, como la equiparación de los pares de Francia con los grandes de España, la reforma de las secretarías y, sobre todo, la marginación del Consejo de Estado— deterioraron la imagen del monarca borbónico con el trasfondo de una guerra europea generalizada. La presencia de la escuadra angloholandesa alentó a los descontentos.”[6]


[1] Felíu de

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