viernes, 16 de octubre de 2015

La familia: Base de la sociedad

        
                              
Origen de la familia
La familia es el núcleo social primero[1], al servicio del cual se han ido creando, a lo largo de los siglos, las distintas organizaciones sociales.
El hombre, en un primer momento de la existencia y de la historia, se encuentra en un medio que, si bien por una parte le suministra todo lo que precisa para subsistir, por otra le presenta una serie de inconvenientes que debe ir superando. Para la superación de esos inconvenientes, en algunos casos le basta a la persona su propio esfuerzo, pero conforme se van complicando, precisa inexorablemente de la cooperación de otras personas.

La propia naturaleza hace que estas situaciones no se encuentren disociadas, sino profundamente entrelazadas, de forma y manera que para el nacimiento de esa persona es imprescindible la unión previa de otras dos personas, y no dos personas cualquiera, sino justamente de un varón y de una mujer. A partir de esta situación empieza a constituirse todo el entramado social, que ya es perfecto en el seno de lo que se ha creado: la familia.

La familia, así, en el más puro estilo naturalista, podría subsistir sin la existencia de otro tipo de sociedad, y ese es un paso de suma importancia, porque supera las propias aspiraciones del individuo, que por sí solo es incapaz de conseguir el objetivo de perdurar.

No obstante, esa familia, sola, llegaría a situaciones no deseadas, y por lo mismo acaba conformando entes de mayor dimensión como la tribu; sociedades menores que van conformando un ente superior, la sociedad. Y no crean ninguno de esos instrumentos sociales para poder servir a esos instrumentos, sino para que esos sirvan a la familia como la familia sirve a la persona.

La familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, posee unos derechos propios que son inalienables y  constituye una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad[2].

La doctrina de la Iglesia Católica es reincidente en señalar este aspecto: he aquí, pues, la familia o sociedad doméstica, bien pequeña, es cierto, pero verdadera sociedad y más antigua que cualquiera otra, la cual es de absoluta necesidad que tenga unos derechos y unos deberes propios, totalmente independientes de la potestad civil[3].

Tan es así que la Declaración Universal de los Derechos Humanos hace referencia a la familia en varios artículos, y en concreto en su artículo 16.3 afirma: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.

Martirio Aguado Fernández

[1] Homilía del Sr. Cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, en el Palacio de Congresos de Barcelona, 27 de enero de 2008.
[2] Nicolás Sánchez García. Políticas familiasres insuficientes y equivocadas. p. 2
[3] León XIII. Rerum Novarum. punto 9

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