martes, 27 de octubre de 2015

UN REPASO AL GENOCIDIO

GENOCIDIO

“Desde el punto de vista bibliográfico sorprende el desequilibrio que existe entre libros dedicados a tratar de la Inquisición, por ejemplo, y los que narran los males del comunismo. Es un fenómeno curioso que apunta a que la cultura está dirigida y que el supuesto debate sólo existe en programas utópicos que nunca llegan a realizarse.” [1]
Se trata de un juicio emitido, evidentemente, por un  enemigo del comunismo que voluntaria o involuntariamente desconoce los crímenes de los otros hijos del materialismo y de la Ilustración. Aquí no vamos sino a apoyar lo dicho, pero ampliando horizontes e incluyendo al máximo de genocidas, a quienes además entendemos como responsables de la incultura general que al respecto domina las mentes que “saben” sobre la Inquisición y que “saben” sobre el genocidio.

Ese “conocimiento” que tienen las masas también es genocidio. Genocidio cultural que posibilita el genocidio físico.

Genocidios liberales

El liberalismo justifica sus actuaciones de las formas más inverosímiles; sus víctimas son salvajes (los indígenas norteamericanos que en parte estaban cristianizados por España); o son perezosos (los habitantes hispánicos, criollos, mestizos e indios de California o Texas)… o sencillamente son infrahumanos, como proclama el espíritu británico por boca de Darwin. Ello les permite provocar cualquier tipo de genocidio con la tranquilidad que da el saber que se está llevando a efecto por el interés superior de ellos mismos, a un costo inferior: la vida de los demás.

Las muestras las han ido dando constantemente. No nos vamos a remontar al origen filosófico del liberalismo, a los sofistas griegos, sino que nos vamos a centrar en la Ilustración y en las revoluciones francesa y norteamericana, así como en el desarrollo posterior mundial del espíritu liberal.

Nos llama la atención hoy el hecho de que, quienes siempre se han significado por la más absoluta falta de respeto, tanto al género humano como a la misma naturaleza, se nos presenten hoy, sin rubor, como adalides de aquello que ellos siempre han machacado. Ellos no dudaron nunca en acabar con lo que estorbaba sus intereses. Hace más de dos mil años, los sofistas estaban enfrentados a los filósofos, y ahora da la triste coincidencia que cuando alguien realiza estudios de filosofía, se encuentra con que en la misma se trata de los sofistas, lo que no deja de alarmar a los espíritus atentos. No es admisible que los filósofos sean estudiados en el mismo ámbito que los sofistas, y no es admisible que los sofistas sean estudiados en el ámbito de la filosofía. Sin embargo, tal hecho se produce porque a lo largo de los siglos, los sofistas han sido vencidos ideológicamente por los filósofos, mientras que los filósofos han sido vencidos por los sofistas en el terreno de la influencia, lo que ha motivado que, sin dejar de militar en el sofismo, se hayan puesto piel de cordero para engañar, y pasar como filósofos, cuando ellos mismos desprecian a los filósofos.

Exactamente lo mismo han vuelto a hacer, en este caso, no ya en el ámbito de la filosofía, sino en el resto de ámbitos, al presentarnos como grandes cosas aspectos como la “interculturalidad” en el más amplio espectro del concepto.

La verdad es que los mismos que hoy se presentan como apóstoles y adalides de la “interculturalidad”, han sido a lo largo de los siglos los genocidas más eficientes que se han conocido; han exterminado razas enteras allí donde han ido, y para ello no han dudado en exterminar todo signo de vida, no sólo humana, sino por supuesto las vidas que el humanismo respeta pero sabe ubicar por debajo de los intereses humanos: la vida animal y la vida vegetal… y ahora nos vienen imponiendo  la “interculturalidad” a los pueblos que no sabemos qué cosa sea eso de la “interculturalidad”, porque lo que hemos hecho siempre no ha sido otra cosa que el mestizaje, y nos vienen imponiendo un trato a los animales superior en calidad al dado a los humanos; y eso, a quienes siempre hemos respetado la naturaleza, aún cazando y defendiendo la caza aunque no seamos cazadores. Unos humanos a quienes sólo se respeta (es un decir) si logran esquivar ser asesinados en el vientre de su madre y consiguen llegar a nacer. Vamos, que tiene más derechos un huevo de águila real, aunque esté huero, que un niño en el vientre de su madre.

Se olvida que, mientras España conquistaba América y proclamaba que allí todo era distinto menos el hombre, Inglaterra, por boca de sus más preclaras mentes, afirmaba que “En algún periodo del futuro, no muy distante, como en cuestión de siglos, es casi seguro que las razas civilizadas del hombre exterminarán y reemplazarán a las razas salvajes en todo el mundo. Al mismo tiempo, los monos antropomorfos, tal como el profesor Schaaffhausen ha señalado, serán sin duda exterminados. La ruptura entre el hombre y sus aliados más cercanos entonces será más amplia, porque intervendrá en el hombre en un estado más civilizado, como podemos esperar, incluso que el de los caucásicos, y algunos monos tan inferiores como el mandril, en lugar de como ahora [pasa] entre el negro o el australiano y el gorila.”[2]

Pero ese pensamiento, que por supuesto era impuesto en las mentes de los colonizadores británicos que fueron invadiendo el mundo tuvo un desarrollo de siglos. No nos vamos a remitir a los sofistas del siglo IV antes de Cristo, ni vamos a centrarnos en la evolución de la Edad Media en Inglaterra, aunque eso lo tratemos en el capítulo de la Reforma Protestante. Vamos a centrarnos en la evolución del liberalismo desde su aplicación en la política de la Revolución Francesa, al objeto de centrarnos en lo que ahora nos preocupa: el genocidio auspiciado por el liberalismo.


[1] España: Persecución religiosa, siglo XX. http://www.corazones.org/historia/espana_martirio_organizado.htm
[2] Charles Darwin (1871), Cap. VI, "En el lugar de nacimiento y la antigüedad del hombre"

1 comentarios :

Basfi dijo...

No me parece acertado usar el término «liberal», porque ya nadie sabe a qué se refiere. Ente Europa y América hay significados completamente distintos; igualmente el liberal en política o filosofía difiere de en economía.

 
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