martes, 10 de noviembre de 2015

La conquista británica de España, XIII

LA CONQUISTA BRITÁNICA DE ESPAÑA (XIII)





Por supuesto, a los “libertadores” no les quedaba más que echar flores a sus protectores británicos, quienes les suministraron toda la ayuda que necesitaron; primero ayuda económica y luego ayuda militar

Ayuda económica que tuvo varias vertientes; una de ellas, sin lugar a dudas la menos significativa, la de mantenimiento de los agentes antes de la separación; así, conforme a información personal facilitada en conversación por el historiador ecuatoriano Francisco Núñez del Arco (la referencia es etérea, pero viva) “Francisco de Miranda recibía un sueldo de 700 libras esterlinas anuales de la “Colonial Office”.


 Saturnino Rodríguez de la Peña                            Manuel Anniceto Padilla
 

Los “próceres” argentinos Saturnino Rodríguez de la Peña y Manuel Aniceto Padilla recibían igualmente sueldo anual de 400 y 300 libras esterlinas respectivamente de manos de lord Castlereagh desde Río de Janeiro, posteriormente recibirían una pensión vitalicia del gobierno británico por sus servicios prestados.

También recibieron dinero inglés los “argentinos” José (a este se le dio el grado de coronel en el ejército expedicionario de Belgrano) y Juan Antonio de Moldes, así como Manuel Pinto.” En cuanto a Francisco de Miranda, el grado 33 de la masonería José Stevenson Collante, asevera que “sus servicios fueron reconocidos por el gobierno francés al ser su nombre grabado en una urna vacía en el Arco del Triunfo de la Estrella que preside los Campos Elíseos de París, como Mariscal de Francia, único americano a quien le fue otorgado ese honor”.

Sucre luce en su sepulcro en Quito una placa de agradecimiento por parte del ejército británico…“El agente de Miranda en el Río de la Plata era Saturnino Rodríguez Peña, el hombre que libero a Beresford después de la capitulación en las invasiones Británicas en 1807, Rodríguez Peña recibía una asignación del General Whitelocke y una pensión del Gobierno Británico.”

Al hilo de todo lo relatado, “merecen una mención particular… las Compañías Británicas. A las que Su Excelencia, el Presidente de la República, les ha concedido la ‘Estrella de los Libertadores’ en premio de su constancia y de su valor.” [son las palabras con las que obsequió a los británicos el]– Coronel Manuel Manrique, Jefe del Estado Mayor, durante la batalla del Pantano de Vargas.

Es conveniente destacar las acciones que merecieron ese reconocimiento: “Los mercenarios británicos cometieron toda clase de vejaciones, violaciones, robos y destrozos. Hasta las iglesias fueron profanadas.”
Y es que quien únicamente no daba puntada sin hilo era la Gran Bretaña, porque allí siempre han tenido muy claro que “Aunque Gran Bretaña había ayudado a liberar la Península Ibérica de las fuerzas de Napoleón, para la mayoría de los británicos España era “el enemigo”.

El Parlamento londinense, según se desprende de sus sesiones, tenía bien en claro que no debía permitirse a España recuperar su antiguo esplendor imperial… a pesar de los compromisos contraídos en el Congreso de Viena.

A nivel popular, la “leyenda negra” estaba muy presente y la posibilidad de liberar a los americanos de la opresión del “papismo” español, era un mandato casi religioso. Por otro lado, en plena revolución industrial con salarios de miseria y el hacinamiento urbano, las historias de un continente extensísimo, rico y casi despoblado, iluminaban la imaginación de los más aventureros.

Finalmente, un factor nada despreciable era el de una enorme cantidad de veteranos de casi treinta años de guerra que estaban ahora peligrosamente desocupados y que el gobierno británico quería sacar de la metrópoli. Por su parte, el gobierno de Londres, si bien extraoficialmente siempre les prestó apoyo, tuvo públicamente una actitud ambivalente frente a ellos: por momentos los condenó como mercenarios; por otros, los alabó como luchadores de la libertad. En cualquier caso, muchos de los oficiales de estas tropas de voluntarios, luego serían reincorporados con sus mismos rangos en el Ejército o la Armada de Gran Bretaña, como si hubiesen estado cumpliendo servicios a Su Majestad británica durante su estancia en América del Sur.”







Referencias bibliográficas utilizadas en este capítulo

Gallego, José Andrés. El ejército realista en la independencia americana. Pag. 251

Stevenson Collante, José 33º Ex Gran Maestro de la Muy Resp.•. Gr.•. Log.•. del Norte de Colombia. Los Precursores de la Revolución Americana y sus relaciones con la Francmasonería

www.revisionistas.com.ar. Logia Lautaro

Anónimo. Legiones Británicas en la América del Sur

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