viernes, 6 de noviembre de 2015

Sertorio, el primer separatista (1)


Introducción
Debemos ser conscientes que España no estuvo siempre en el orden de la civilización. Para llegar a la misma fue necesario un largo proceso que duró siglos, y en ello se volcó Roma con especial dedicación.


La naturaleza de las personas que habitaban España a la llegada de la civilización romana era muy variada; así, “en la edad del Hierro, oleadas de gentes de raigambre indoeuropea (celta), había penetrado en la península ibérica a través de los Pirineos. El tronco étnico-cultural Celta, constituyó la base principal de la población del interior y del occidente de la península. Los celtas llegaron a tierras burgalesas a partir del siglo VIII a.C., eran pastores y guerreros con tendencia a expandirse. Entre sus virtudes estaba la independencia, y el heroísmo, caracterizándose por su arrogancia… Es muy probable que las tribus celtas asentadas en la península ibérica, practicaran un culto con las cabezas cortadas de sus enemigos más destacados. Dichas cabezas las mostraban con orgullo manteniendo su aureola de grandes guerreros. No eran simples trofeos si no un reconocimiento al valor y coraje del caído y el deseo de participar de su valor.”[1]

Principios de orgullo, como el honor y el heroísmo convivían con principios bárbaros como el culto a las cabezas cortadas. Roma llegaba a eliminar esos extremos. Cierto que Roma tenía otros problemas que serían el cáncer que acabaría con el Imperio, pero la civilización romana sería lo que acabaría sacando de la barbarie a aquellos hispanos.

“Desde la segunda mitad del siglo IV a.C. se produjo un rápido proceso de renovación cultural que afecto a amplias zonas del interior peninsular y que conocemos con el nombre de “celtiberización”. Sobre las poblaciones celtas del interior se llevó a cabo un proceso de influencia cultural de los pueblos iberos más desarrollados. Eran pueblos fundamentalmente dedicados a actividades agrícolas y al pastoreo, vivían en aldeas fortificadas y se organizaban en tribus, basadas en lazos de sangre. Los romanos según fueron conociendo a las tribus celtiberas las fueron denominando de una forma más concreta: Astures, Cantabros, Vettones, Autrigones, Turmogos, Vacceos, Pelendones, Arévacos, etc..” [2]

La antropofagia estaba presente entre las tribus indígenas de Hispania.

La presencia romana se hace efectiva el año 232 antes de Cristo, pero la intención primera no era poblarla, sino expulsar a los cartagineses. Poco después fundarían Tarraco, el año 218 a.C.

Cuando ya Roma estaba volcada en la conquista, Hispania estaba enfrentándose a la misma;  Viriato era aupado caudillo el año 147 a.C., y conseguía firmar un tratado de paz el año 140 por el que Roma concedía la independencia a Lusitania a la que reconocía amiga de Roma. Pero Viriato fue traicionado y asesinado un año más tarde.

También el año 133 a.C. se produjo un hecho que sería utilizado por los cartagineses como arma política contra Roma: el sitio y exterminio de Numancia, que llevaba veinte años enfrentándose con éxito a las legiones romanas. Es de señalar que, sin pretender quitar responsabilidad del hecho al Imperio, los tristes y sucios acontecimientos de Numancia tuvieron un célebre protagonista: Yugurta, comandante de las tropas auxiliares de Publio Cornelio Escipión, númidas que años después acarrearía serias complicaciones al Imperio en África, donde finalmente Yugurta sería derrotado por Mario, otro protagonista de los acontecimientos de Hispania, aunque en un  segundo término y más en el campo de las ideas que de la acción directa, ya que había fallecido cuando sucedió la sublevación de Sertorio.

Afirman quienes culturalmente se encuentran en nuestras antípodas que “Diversos malentendidos, provocados muchas veces por los historiadores españoles y los hispanistas, conducen al neófito a llamar ‘españoles’ tanto a Viriato —en vez de lusitano—, a Pelayo —en vez de godo—, a Averroes y Maimónides —en vez de andalusíes.”[3] Personalmente reafirmo la tendencia; son españoles, porque independientemente del momento en que llegaron a nacer; independientemente de su voluntad política, forman parte esencial de una trayectoria cultural y humana que los reconoce como españoles; del mismo modo podemos reconocer como español a Moctezuma o a los Banu Qasi, y del mismo modo nunca podrá ser reconocido como español, por ejemplo, Abderraman III o Almanzor, aunque por sus venas corriese sangre tan española como la nuestra. La diferencia, además de la señalada, estriba en que Viriato combatió en lo que ya era conocido como Hispania, y era por tanto hispano, además de lusitano; Pelayo luchó por la reconquista del reino visigodo de España, y Averroes y Maimónides entran en el ámbito de lo filosófico… y de lo filosófico producido a través de la sangre hispana que corría por sus venas y por sus pensamientos. Razonamientos de la misma índole son aplicados a los otros nombrados… y a los que permanecen en la historia aunque aquí estén callados.

Hablar de cada uno de estos personajes nos lleva a contradecirnos a nosotros mismos; nos lleva a enfrentarnos a nosotros mismos, porque cada uno de ellos representa un hecho esencial de la Hispanidad, de la Romanidad. ¿Cómo una persona totalmente romanizada puede sentirse profundamente admirador de Viriato?... Porque es la actitud de Viriato lo que admira y asume, como admirada era por el propio Imperio. Lógicamente a Viriato le tocaba luchar y morir como luchó y como murió… Es el espíritu ibérico. Pero si acaso Viriato hubiese tenido la posibilidad de conocer mínimamente el interior del espíritu de lo que entendemos por romanidad, jamás se hubiese enfrentado a Roma, sino que, como hiciese Moctezuma siglos después con relación a España, con toda seguridad hubiese abrazado el espíritu de Roma.

¿Y cual hubiese sido el resultado?... Con toda seguridad el mismo que sufrió el mismo Moctezuma… Ser asesinado por aquellos mismos antiguos colaboradores que se aferraban al error glorioso de su afirmación como pueblo, que no veían la gloriosa posibilidad que les brindaba el mestizaje, que antes había sido ibero-romano, y luego mexica-español.

¿Recriminables Viriato o Moctezuma?... En absoluto. Los dos son perfectamente asumibles por la Hispanidad. ¿Imitables? En absoluto. Viriato porque no supo ver las posibilidades, y Moctezuma porque no supo servir de puente.

Por otra parte, los escritores nacionalistas ponderan sobremanera las cualidades de los caudillos, sin caer en la cuenta que no es más amante de la patria quién mejor canta con la lira del lugar en la mano las excelencias de la fuente que calma la sed de la aldea. Así, autores como Benito Jerónimo Feijoo[4] no dudan en insultar al imperio con tal de ensalzar las cualidades de Viriato o de Sertorio. Flaco servicio le hace a la Patria cuando denuesta las virtudes de quienes la constituyó como tal: Roma.

Y no es Feijoo el único que encumbra a un personaje como Sertorio. Plutarco, movido por su animadversión a Sila, llega a torcer la verdad histórica de la traición llevada a cabo por Sertorio al aliarse con Mitrídates cuando dice de él: “se hallará haber sido más contenido que Filipo en el trato con mujeres, más fiel que Antígono con sus amigos, más humano que Aníbal con los contrarios, y, no habiendo sido inferior a ninguno en la prudencia, fue muy inferior a todos en la fortuna, la que siempre le fue más adversa que sus más poderosos enemigos, y, sin embargo, desterrado y extranjero, nombrado caudillo de unos bárbaros, fue digno competidor de la pericia de Metelo, de la osadía de Pompeyo, de la fortuna de Sila y de todo el poder de los Romanos.”[5]

Es mucha la literatura, muchas las investigaciones profundas y serias sobre un personaje como Sertorio. ¿Qué pretende aportar este trabajo?... Nada. Pura divulgación de la Historia; puro ánimo de procurar el interés por el estudio de la Historia… de Roma, de España y de la Hispanidad, porque en Roma, en España y en la Hispanidad veo a mi Patria, y al comprobar la triste situación en que se encuentra hoy, no puedo sino realizar un acto de introspección histórica, porque sólo el conocimiento de la historia de la Patria nos dará la capacidad de llegar a ser libres; porque sólo el conocimiento de la historia de la Patria nos llevará a conocer sus errores y sus virtudes, y nos llevará a amarla hasta derramar hasta la última gota de nuestra sangre, bien luchando por ella con las armas, bien luchando por el ella con el conocimiento y contra la torpeza de quién desde el más absoluto desconocimiento niega, por comodidad, pereza y felonía la grandeza que ha permitido la propia existencia de quién estúpidamente reniega de su Patria, la más generosa que jamás se ha señoreado del mundo y que hoy está postrada por la incompetencia de sus propios hijos.


[1] Martínez Minguito, José Manuel.  CELTIBEROS Y ROMANOS EN LA ZONA DE INFLUENCIA DE CLUNIA, EN EL ENTORNO DE QUEMADA (BURGOS). http://www.quemada.es/sites/www.quemada.es/files/pagina/cetiberosyromanosenlazonadeinfluenciadeclunia.pdf
[2] Martínez Minguito, José Manuel.  CELTIBEROS Y ROMANOS EN LA ZONA DE INFLUENCIA DE CLUNIA, EN EL ENTORNO DE QUEMADA (BURGOS). http://www.quemada.es/sites/www.quemada.es/files/pagina/cetiberosyromanosenlazonadeinfluenciadeclunia.pdf
[3] Shamsuddín Elía, Ricardo Horacio. LA CIVILIZACIÓN DEL ISLAM. http://www.islamelsalvador.com/historia/enciclopedia_islamica.pdf
[4] Feijoo, Benito Jerónimo. Glorias de España. http://www.biblioteca.org.ar/zip22.asp?texto=157105
[5] Plutarco Vidas Paralelas. Tomo IV http://www.imperivm.org/cont/textos/txt/plutarco_vidas-paralelas-tiv-craso.html

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