martes, 8 de diciembre de 2015

ANOTACIONES PARA UN ESTUDIO DEL PRISCILIANISMO


EL CÓDIGO TEODOSIANO. UN APUNTE PARA ENTENDER LA HISTORIA


A principios del siglo IV, Constantino I había terminado con la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes templos. En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador había decretado la libertad de culto para los cristianos, así como para cualquier otra confesión, suponiendo ello el fin del paganismo como religión oficial del Imperio.


El día 27 de febrero del año 380, el emperador Teodosio I promulgaba desde
Tesalónica un edicto de fe dirigido a la población de Constantinopla, pero que, en el fondo, apuntaba a todos los súbditos del imperio. Comenzaba con las palabras siguientes:

«Todos los pueblos (Cunctos populos) a los que rige la medida de nuestra mansedumbre deben perseverar, según nuestra voluntad, en la religión que el divino apóstol Pedro transmitió a los romanos, como sostiene hasta hoy la religión anunciada por él. Como todos saben, siguen esa religión el pontífice Dámaso y Pedro, obispo de Alejandría, un hombre de apostólica santidad. Significa esto que, de acuerdo con el orden apostólico y con la doctrina evangélica, creemos en la única divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en igual majestad e interna Trinidad.

Ordenamos que cuantos siguen esta ley conserven el nombre de cristianos católicos, pero los demás, a los que juzgamos como locos e insensatos, cargan sobre sí la infamia de la doctrina herética, y sus conventículos no conservarán el nombre de Iglesias. Deben ser demandados primero por el juicio divino, pero, posteriormente, también mediante el castigo de la manifestación de nuestra voluntad, que recibimos mediante el poder del cielo». Este edicto de Teodosio prescribía la fe nicena como ley. Toda actuación contra su santidad sería castigada como sacrilegio.[1]

El edicto de religión del año 380 elevaba el cristianismo al rango de religión del Estado.
Lo que había comenzado en tiempos del emperador Constantino con el reconocimiento como religio licita y fue experimentando una creciente simbiosis de Iglesia y Estado era sancionado, con validez universal, por el acto jurídico de Teodosio. Igual que los cultos paganos, el cristianismo pasaba a desempeñar, aunque con ciertas reservas, el papel de religión sustentadora del Estado.[2]

Como consecuencia, el delito maniqueo y de magia no sólo era entendido como una cuestión de la conciencia religiosa («reservada al juicio divino»), sino perseguible por los tribunales de la autoridad civil.

Este hecho sería de importancia capital en el conflicto priscilianista, contrariamente a lo acontecido con el arrianismo, que fue condenado en el Concilio de Nicea de 325 pero no contó con una pragmática imperial. A partir de este momento, la herejía es entendida como un elemento de distorsión social que entraba en el ámbito de los intereses del estado.

Esta nueva situación haría que el estado participase en la cuestión priscilianista, ya que toda la tradición antipriscilianista es unánime en acusar a Prisciliano de mezclar prácticas paganas con elementos cristianos. A Prisciliano se le acusó de todas las herejías habidas y por haber, pero son dos, sobre todo, las que convirtieron su ejecución en Tréveris, el 385, en el primer caso de la caza a los brujos o de la futura Inquisición si se quiere: mago-brujo o maniqueo.[3]

Tras el concilio de Toledo, Prisciliano y sus seguidores viajaron con la esperanza de conseguir que el Papa y el Emperador refutaran las graves acusaciones de que habían sido objeto. En Burdeos quisieron entrevistarse con el obispo Delphinus, pero éste, alineado con Hidacio y con Itacio, no les recibió. Durante el trayecto hicieron prosélitos, como, por ejemplo, Eucrocia y Prócula, mujer e hija respectivamente del retórico Delfidio, considerado por los amigos del esoterismo un druida.[4]

Itacio acusó nuevamente ante el emperador Máximo a Prisciliano y sus seguidores. Máximo ordenó que fuesen llevados a Burdeos, donde en el año 384 se celebró un concilio compuesto principalmente por obispos de Aquitania para juzgarlos. Hidacio e Itacio eran los acusadores ante el Concilio y Prisciliano e Instancio los acusados. Entre los presentes se encontraba san Martín de Tours. La condena fue que a Itacio se le despojara del obispado, y también contra Prisciliano y el resto de los líderes del movimiento. Pero Prisciliano no consintió en ser jugado por los obispos y apeló al emperador, y los acusados fueron conducidos a Tréveris.[5]

De este concilio, que como se puede ver es nuestra principal fuente para el conocimiento de la vida de Prisciliano, dice Sulpicio Severo: "En mi opinión, me desagradan tanto los reos como los acusadores y al menos a Itacio lo defino como quien no tuvo peso alguno ni nada de santo; pues era osado, parlanchín, desvergonzado, suntuoso, demasiado proclive al vientre y a la gula. Hasta tal punto había llegado su estulticia que llegó a acusar como compinches o discípulos de Prisciliano a todo santo  varón cuyo afán consistiera en la lectura o cuyo propósito fuera ayunar. El desgraciado
se atrevió incluso por aquel tiempo a echar públicamente en cara la difamación de herejía al obispo Martín, un hombre plenamente comparable a los apóstoles. Pues Martín, establecido por aquel tiempo en Tréveris, no dejaba de increpar a Itacio para que retirase la acusación y de rogar a Máximo que se abstuviera de la sangre de unos infelices".

El proceso se mantuvo en suspenso mientras Martín de Tours, contrario a la intervención civil en asuntos eclesiásticos, estuvo en Tréveris, incluso parece que obtuvo buenas promesas de Máximo. Pero los obispos Magno y Rufo, cuyas sedes se ignora, convencieron al emperador para llevar adelante el proceso. La causa la puso Maximo en manos del prefecto Evodio, hombre "violento y severo", según Sulpicio. En el proceso se halló a Prisciliano convicto de los siguientes cargos: magia, doctrinas obscenas, conciliábulos nocturnos con mujeres y de orar desnudo. Vista la causa, el emperador Máximo decretó que Prisciliano y sus amigos fueran condenados a muerte.

La lista de los ejecutados, según Sulpicio Severo, es la siguiente: Prisciliano, jefe de la secta; Felicísimo y Armenio; clérigos; Latroniano (del que Jerónimo en su De viris illustribus dice que era un varón erudito y comparable en la poesía con los antiguos) y Eucrocia.[6] Corría el año 385.

Sabemos que después de su ejecución, los cuerpos de Prisciliano y sus seguidores fueron traídos por sus fieles a Hispania, tal vez a Galicia, dado el fervor priscilianista que continuó durante dos siglos más. Las insinuaciones de Mons. Duchesne, luego repetidas por otros estudiosos, Hauschild entre ellos, han dado cierta base para suponer que los restos venerados desde el siglo IX del apóstol Santiago, en Compostela, no son otros que los de Prisciliano y sus compañeros, únicos personajes de cuyo culto hay constancia en Galicia hasta el siglo VII.[7]

Es probable que Prisciliano fuese enterrado en la iglesia de Sinfosio, en Galecia[8]. Los primeros indicios de existencia de cristianismo en Galicia son se mediados del siglo IV, y aparecen exclusivamente relacionados con Astorga y León.[9]

Sulpicio Severo nos describe esta situación: "Por lo demás, al morir Prisciliano, no sólo no se reprimió la herejía que irrumpiera bajo sus auspicios, sino que se afirmó y propagó más. Pues sus seguidores, que antes lo habían honrado como santo, comenzaron a venerarlo como mártir. Ahora bien, entre nosotros se había encendido una continua guerra de discordias que, agitada ya durante quince años con desagradables dimensiones, no había manera de sofocar. Y ahora, cuando especialmente gracias a las discordias entre los obispos todo se veía perturbado y confundido y depravado todo por  su mediación, a causa del odio, el favor, el miedo, la inconstancia, la envidia, el partidismo, las pasiones, la arrogancia, el sueño y la desidia, a la postre la mayoría rivalizaba con planes podridos y afanes contumaces contra los pocos que tenían buenas intenciones".[10]

La muerte de Prisciliano y sus seguidores tuvo un efecto inesperado. El número y el celo de los herejes aumentaron y se veneró como santos y mártires a los que habían sido ejecutados. El progreso y difusión de la herejía requería nuevos métodos de represión.

En el año 400 se celebró un concilio en Toledo en el que muchos, entre ellos los obispos Sinfosio y Dictinio (hijo de Sinfosio), se reconciliaron con la Iglesia junto a otros obispos que habían sido ordenados por ellos, al tiempo que se dictó que no se venerasen las reliquias existentes en Galicia.[11] Dictinio fue el autor de "Libra" (Las Balanzas) un tratado moral desde el punto de vista priscilianista. A mediados del siglo V se seguían leyendo con veneración los escritos heréticos de Dictinio, que al parecer fue obispo de Astúrica, donde recibió culto hasta el siglo XI.[12]

El Primer concilio de Toledo, celebrado en tiempo de los emperadores Arcadio y Honorio, el día 7 de septiembre, en el consulado de Estilicón, era 435 (año 397 d.C.), con asistencia de diecinueve obispos condena el priscilianismo y señala causas de las desavenencias:

Reunidos en la iglesia de Toledo los obispos Patruino, Marcelo, Afrodisio, Alaciano, Jocundo, Severo, Leonas, Hilario, Olimpio, Floro, Orticio, Asturio, Lampio, Sereno, Leporio, Eustoquio, Aureliano, Lampadio y Exuperancio de Galicia, distrito lucense, municipio Celenis, en total diecinueve, que son los mismos que en otras actas promulgaron la sentencia contra los seguidores de Prisciliano y los folletos heréticos compuestos por éste. Estando sentados los presbíteros y de pie los diáconos y reunidos los demás que asistían al concilio, el obispo Patruino dijo: Porque cada uno de nosotros hemos empezado a obrar de distinta manera en nuestras iglesias, y de aquí se han originado escándalos que casi rayan en verdaderos cismas, si os agrada a todos vosotros decretemos lo que ha de hacerse por todos los obispos al ordenar a los clérigos. Mi parecer es que debe guardarse todo lo establecido antiguamente en el concilio Niceno, y que no debemos apartarnos de estas normas. Los obispos dijeron: Esto mismo nos agrada a todos de tal modo que si alguno, conociendo las actas del concilio Niceno, se atreviere a obrar de otro modo distinto del que está prescrito y creyere que no debe atenerse a ello, sea tenido como excomulgado, a no ser que por la reprensión de sus hermanos corrigiere su yerro.[13]

Dictinio había nombrado muchos obispos, especialmente asentados en pequeñas ciudades, y fue sin duda el verdadero promotor del priscilianismo, que a su vez fue la primera expresión cristiana en Galicia. La coexistencia del arrianismo dentro de la Iglesia, en Galecia, se prolongó a través de los siglos.[14]

Fue muy amplio el eco que obtuvo este episodio: el emperador Teodosio declaró nulas las actas de Máximo y fueron rehabilitados los seguidores de Prisciliano.[15] El Papa censuró no sólo las acciones de Itacio sino también las del emperador. San Ambrosio fue igualmente severo en la denuncia del caso, y algunos de los obispos galicanos, que estaban en Tréveris bajo el liderazgo de Teognisto, rompieron la comunión con Itacio, que luego fue depuesto de su sede por un sínodo de obispos españoles, mientras que su amigo y cómplice, Idacio, fue obligado a dimitir.[16]


[1] HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA Versión castellana de ABELARDO MARTINEZ DE
LAPERA, de la obra Geschichteder katholischen Kirche, publicada bajo la dirección de JOSEF
LENZENWEGER. EDITORIAL HERDER, 1989. Pag. 141
[2] MARTINEZ DE LAPERA, ABELARDO. HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA Versión castellana de Pag. 141
[3] Fernández Ardanaz, Santiago Religiosidad cósmica y simbología pagana en Prisciliano.
[4] Acosta González, Andrés PRISCILIANO.
[5] DIEGO PIAY AUGUSTO ACERCAMIENTO PROSOPOGRÁFICO AL PRISCILIANISMO
[6] artehistoria.
[7] artehistoria.
[8] Carmen Cardelle de Hartmann El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico?
[9] Carmen Cardelle de Hartmann El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico?
[10] artehistoria.
[11] Carmen Cardelle de Hartmann. El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico?
[12] aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
[13] Primer concilio de Toledo. Actas.
[14]aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
[15] mercaba.org/VocTEO/P/priscilianismo.
[16] http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo

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