martes, 19 de enero de 2016

España bajo el Islam (6)

La verdad es que hay bastantes semejanzas entre este hecho y el destino que siglos adelante encontraría Hernán Cortés. No obstante, no tiene parangón el trato poco digno que recibió Hernán Cortés con el trato humillante que recibió Muza.

Era Sulayman un taimado que, tras haber cobrado la sanción de Muza, se planteó asesinar al hijo de éste, Abdelaziz, que Muza había dejado como gobernador de España, y que había casado con Egilona, viuda del rey Rodrigo, que llevaba una actitud alejada de la voluntad del califa.

Encargado Abdelaziz del gobierno de España, y habiendo fijado su asiento en Sevilla, dedicóse á regularizar la administración de las ciudades sometidas; nombró perceptores ó recaudadores de los impuestos, que por regla general consistían en el quinto de las rentas, si bien le rebajó hasta el diezmo á algunas poblaciones y distritos; creó un consejo ó diván, con el cual compartía la dirección de los negocios de España; estableció magistrados con el nombre de alcaides; dejó á los españoles sus jueces, sus obispos, sus sacerdotes, sus templos y sus ritos, de tal manera que los vencidos no eran tanto esclavos como tributarios de los vencedores. Indulgencia admirable, ni usada en las anteriores conquistas, ni esperada de tales conquistadores. Los que así quedaban y vivían denomináronse Moatarabea ó Mozárabes, nombre ya de antes usado en otros países por el pueblo vencedor.  

Abdelaziz ben Muza buscaba apoyo en los españoles; incluso estaba tratando con Pelayo, que a la sazón se encontraba en Sevilla en estas fechas, tal vez, para firmar un tratado similar al de Teodomiro. También se cuenta que, por inspiración de Egilona, aspiraba a la reconstrucción del reino hispánico, abrazando el cristianismo y constituyendo una nueva monarquía hispánica. Es el caso que el pueblo mozárabe, con Abdelaziz gozaba de un respeto y libertad que luego no tuvo.

Pero todo quedó en nada, porque Abdelaziz murió asesinado en Septiembre del año 717 por mandato del califa Suleiman, que acabó conociendo la deriva de aquel y las expectativas que le presentaban como nuevo rey de España, y de Egilona no se sabe más. La cabeza alcanforada la enviaron al califa de Damasco, conducida por uno de sus asesinos y “buen amigo” de Abdelaziz.

Es el caso que nuevamente se frustró la esperanza de España, y es el caso que España fue conquistada mayormente mediante pactos y no por fuerza, lo que dejó a los conquistadores sin la posibilidad de adueñarse de todas ellas, y a los españoles en posesión de las mismas. Pactos que, si en ocasiones eran motivados por una resistencia efectiva, pero no lo suficientemente fuerte, no debemos desdeñar el hecho de que los conocidos como “Hijos de Witiza”, la facción contraria a Don Rodrigo, contaba con una doble peculiaridad: la enemistad política y su adscripción religiosa al arrianismo, lo cual les hacía proclives a la asunción de los principios religiosos de los invasores.

Pactos que garantizaban el respeto de los templos y el pago de unos impuestos que, en principio, eran inferiores a los que debían pagar a la monarquía visigótica. Pactos que si tenían ese trato benevolente era, sin duda, por la primera intención musulmana de no permanecer en España. Estas medidas, indudablemente, facilitaron la permanencia de la mayoría de los españoles en sus lugares de residencia; sobre todo la opulenta y corrupta nobleza visigoda. Los impuestos, en breve, pasarían a ser del 20% de los productos (el jarach), a los que se añadía otro de carácter variable (la chizia),  que comportaba, además del pago, una humillación: El “dimmi”, o cotizante, puesto en pie, presentaba su dinero al recaudador, que permanecía sentado; Tras coger el tributo, cogía por el cuello al “dimmi” y le decía: “Od dimmi, enemigo de Alá, paga la chizia”. Los demás musulmanes presentes debían zarandear al dimmi.

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