miércoles, 27 de enero de 2016

Guerra de secesión de Portugal (2)


La integración de los dos reinos se venía realizando con normalidad, si bien manteniendo las leyes portuguesas que Felipe II había jurado, las injerencias en los asuntos del reino y de su Imperio quedaban al control y a las costumbres aplicadas por Portugal. “A comienzos del siglo XVI se había repoblado con portugueses el recién reconquista reino de Granada. Pero fue durante la unión de ambos reinos (1580-1640) cuando la emigración portuguesa hacia la parte española de la Península Ibérica adquirió un volumen ciertamente notable…/… En la villa y corte la presencia lusitana estuvo desde antiguo articulada alrededor de la poderosa Hermandad de San Antonio de los Portugueses.”[1]


En cumplimiento de los derechos del reino, las cortes de Portugal, reunidas en Tomar el año 1581, Felipe II garantizó la supremacía de las leyes de Portugal para éste reino y su imperio, respetando incluso la legislación sobre trata de esclavos. El Consejo de Portugal se encargaría de los asuntos propios del reino. Todo, respetando la carta de privilegios concedida en el año 1498 por D. Manuel I de Portugal, “el afortunado”, abuelo materno de Felipe II.

“La finalidad de la institución (del Consejo de Portugal) consistía en garantizar que sólo ministros portugueses podrían presentar consultas sobre temas y súbditos portugueses en una Corte madrileña y vallisoletana repleta de ministros que no eran naturales del Reino. El Consejo pone los tribunales de la Corona en presencia de su rey.”[2]

“Se reafirmó entonces que, cuando el rey necesitase ausentarse, debería ser acompañado por portugueses que conformarían el Consejo de Portugal, colaborando éstos en la administración del reino por medio de informes. La creación de este órgano colegial se integraba en la estructura político-administrativa compuesta de la Monarquía hispánica, que tenía sus orígenes en los reyes católicos; sin embargo, el pequeño reino dejaba de tener una política exterior autónoma y los enemigos de España pasaban a ser también los de Portugal.”[3]

Este hecho comportó ventajas e inconvenientes a Portugal, porque el enfrentamiento que tenía la corona hispánica comportaba que Portugal debía anular los negocios que estaba manteniendo con los enemigos en liza. Así, el comercio tenido con los Países Bajos se resintió muy sensiblemente. Por otra parte, los noreuropeos atacaron los establecimientos de extremo oriente.

Pero por el contrario, la defensa que la monarquía hispánica hizo de las posesiones de Portugal así como las facilidades que tenían los portugueses de comerciar en la totalidad del imperio, incluso saltándose los pormenores del acuerdo de Tomar, junto con el trasiego de personas que se produjo entre los dos reinos, especialmente las que desde Portugal se trasladaron a vivir a las Alpujarras, significaron un entendimiento laxo de los acuerdos de Tomar, en beneficio, no ya del reino hermano, sino la unión nacional a la que se aspiraba.

Don Antonio Prior de Crato, un candidato al trono que había llegado a ser proclamado rey en Santarem en 1580 y que había capitaneado la oposición armada a los Felipes, dentro y fuera de Portugal durante décadas había firmado con Inglaterra unas cláusulas de ayuda que transformaban a Portugal en un protectorado virtual de Inglaterra. Con la escuadra inglesa y con Antonio Pérez, el secretario traidor que fue perseguido por Felipe II, participó en la organización de la Armada Invencible Inglesa que, al mando del pirata Drake, en 1589 atacó Santander, la Coruña y Lisboa, siendo derrotada y perseguida.



[1]   Marqués de la Floresta, Los portugueses en la España moderna.
[2] Schaub, Jean-Frédéric. La Restauraçâo portuguesa de 1640.
[3] da Silva Guevara,   Gisela. Pérdidas de independencia e ideología:el caso de Portugal (1580-1640)

0 comentarios :

 
;