jueves, 4 de febrero de 2016

Sobre la Herejía (2)

Las herejías
Juan Antonio Cabrera Montero señala que entendemos por herejía una doctrina que se opone inmediata, directa y contradictoriamente a la verdad revelada por Dios y propuesta auténticamente como tal por la Iglesia. La palabra "herejía" proviene de la lengua griega y encierra el concepto de error, desviación o enseñanzas de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Desde el tiempo de los apóstoles abundaron las herejías: unas negaban la divinidad de Jesucristo, otras su humanidad y otras amalgamaban la doctrina cristiana con otras religiones, etc.


Es común pensar que la herejía carece de interés contemporáneo, que el interés por la herejía está muerto y que la herejía tiene que ver con cuestiones que ya nadie toma en serio. Se comprende que una persona puede interesarse en una herejía por curiosidad arqueológica, pero no se aceptará que la herejía ha tenido un gran efecto sobre la Historia y que sigue siendo, hoy mismo, el impulso contemporáneo que sustenta concepciones políticas y sociales vigentes.

Pero la verdad es que la herejía tiene una actualidad cotidiana que promueve la dislocación de una estructura no solo social sino también personal mediante la introducción de la negación de alguna de sus partes esenciales.

Remarcamos este hecho: la negación de alguna de las partes esenciales, y no de la totalidad, porque la negación completa de un esquema no es herejía, sino alternativa que carece del caldo de cultivo de aquella. Para que algo pueda ser considerado herejía, es necesario que muestre respeto por gran parte de la esencia a la que ataca.

La herejía tiene un doble frente: el individual y el social; inexorablemente, cuando interfiere en uno acaba interfiriendo en el otro. Debido a que la herejía afecta al individuo, afecta también a toda la sociedad, y cuando uno examina cierta sociedad formada por una religión en particular, necesariamente debe ocuparse extensamente de la distorsión o menoscabo de dicha religión. Ése es el interés histórico de la herejía.

La actividad de la herejía comenzará apenas terminadas las persecuciones, a principios del siglo IV, cuando la Iglesia, como institución, gozó oficialmente de plena libertad. Fue, entonces, cuando aparecieron las llamadas grandes herejías; las llamaron grandes por la extensión que cubrieron a lo largo y ancho del imperio romano, que paulatinamente iba cristianizándose, y también por el número de sus seguidores que se enrolaban en sus filas, sin excluir sacerdotes y obispos. Pero no podemos circunscribirnos exclusivamente a estas circunstancias para hablar de la herejía, que inexorablemente ha estado actuando de forma permanente, y ahora mismo lo hace con denodado vigor.

Pasemos a desarrollar el asunto.

Hablando del siglo IV podemos definirlo como del siglo de la gran crisis arriana.
En el siglo IV, el arrianismo se convirtió en la religión de los pueblos que estaban fuera de las fronteras del Imperio romano.

Andando los años, ya en el siglo VII, los cristianos de Nachran (en la península arábiga) enviaron una delegación para discutir con los primeros musulmanes la conclusión de un pacto que finalmente no tuvo lugar.

Al respecto del mismo, en las aleyas 3:60 a 3:62 marca Mahoma su doctrina cuando dice:
Para Alá, Jesús es semejante a Adán, a quien creó de tierra y a quien dijo:«¡Sé!» y fue.3:60La Verdad viene de tu Señor. ¡No seas, pues, de los que dudan!3:61Si alguien disputa contigo a este propósito, después de haber sabido tú lo que has sabido, di:«¡Venid! Vamos a llamar a nuestros hijos varones y a vuestros hijos varones, a nuestras mujeres y a vuestra s mujeres, a nosotros mismos y a vosotros mismos. Execrémonos mutuamente e imprequemos la maldición de Alá sobre quienes mientan».3:62Ésta es la exposición auténtica. No hay ningún otro dios que Alá. Alá es el Poderoso, el Sabio.


Por esa relación, el Corán tiene algunas cosas de los cristianos; pero por lo que dice Mahoma en el Corán, se trata de los cristianos arrianos, ya que hace referencia al unitarismo divino; el Corán lo dice así en la aleya 16:22:

Vuestro Dios es un Dios Uno. Los corazones de quienes, altivos, no creen en la otra vida Le niegan.

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