domingo, 27 de marzo de 2016

Algunos apuntes sobre la Inquisición (2)

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Ubicándonos en el siglo XIV...

El malestar generado entre la población de Languedoc ante el cariz que estaban tomando las cosas favoreció la intervención de Pedro II de Aragón, que evitó una matanza de cátaros.

La herejía cátara, así, dio origen a la Inquisición, que se fue extendiendo por Europa. Algunos autores señalan que las funciones de la Inquisición cesan por un tiempo para ser reanimada con fuerza en el siglo XV en España . Esa aseveración es, en esencia, incierta, ya que estuvo manteniendo su actividad en toda Europa, menos en Castilla, donde a mediados del siglo XV se llevó una dura campaña para conseguir que fuese admitida por la reina Isabel I, que se negaba.

En distintas épocas, la Inquisición se hizo presente también en Navarra y en Portugal, quedando Castilla al margen de la misma, a pesar de las quejas existentes en el reino, que la reclamaban para imponer orden en algunas circunstancias.

Y ese hecho ha sido y es censurado por quienes de manera velada o abierta son enemigos de la religión católica y/o enemigos de España, cuando tratándose de una legislación manifiestamente defensiva, cualquier sociedad puede entenderla como defendible cuando se usa para defender a esa misma sociedad, e inaceptable cuando se utiliza para defender una sociedad con principios contrarios.

Con la evolución de los tiempos, y en ello ha tenido que ver grandemente la actitud de España en el mantenimiento del Imperio, se han cambiado los valores y la forma de pensar y actuar, dándose consideración al prójimo y permitiendo con ello la supervivencia de personas y civilizaciones, que tiene como muestra la realidad social americana, tan distinta, por cierto, de la realidad social al norte de Rio Grande. Por eso no se puede hacer un estudio objetivo y menos lanzar un juicio si no nos empapamos antes de la realidad que juzgamos. Juzgar sólo teniendo en cuenta nuestra perspectiva histórica, sin ubicarse en el ambiente general de cada momento, sería de una injusticia imperdonable.

Hoy se castiga a los que difieren en materia de política o en materias económicas, y se asesina a las personas en el vientre de su madre; sin embargo resulta paradójico pensar en castigar a alguien por una diferencia teológica. Hace cuatro siglos no era asi. En esos siglos y en siglos anteriores, un ataque a la teología oficial era considerado un ataque al sistema social imperante y diferencias en teologia sumieron a paises como Francia y Alemania en siglos de luchas y centenares de miles de muertos, muchos más de los achacados a la Inquisición; tantos más que la comparación entre ambos asuntos no parece sino un insulto a la inteligencia.

En la Edad Media era firme credo popular y de los gobernantes que cuando se suprimía una persona que difería de la Teología Oficial (hereje) se estaba salvando del infierno a sus posibles conversos y a la misma persona.

También estos siglos fueron siglos donde los dolores ocupaban un lugar diario en la vida del ciudadano; se operaba sin anestesia, los barberos se ocupaban de problemas odontológicos... Así, en ese mismo ámbito, debemos analizar las actuaciones de la Inquisición que hoy nos llaman tanto la atención, pero que en su momento no fueron extraordinariamente llamativas, y bien al conrtrario aportaron garantía jurídica respecto a lo actuado anteriormente. La forma procesal de la Inquisición fue, en el peor de los casos, similar a la aplicada por el estado en esa misma época. Tomemos como ejemplo el castigo de los hermanos D’aumaile amantes de las nueras de Felipe el Hermoso de Francia: Estos jóvenes de 17 y 19 años después de sufrir torturas increibles fueron atados a la rueda y se les destrozó los huesos uno a uno; les arrancaron la piel y les cortaron los testículos y fueron descuartizados por tracción de cuatro caballos. Lo más terrible es que miles de ciudadanos de todas las clases acamparon en los alrededores para ver el espectáculo y según los cronistas de la época el ambiente “era de feria”. Espectáculo que hoy resulta inconcebible, como inconcebibles resultarán para generaciones futuras actuaciones que, como el aborto, hoy son tratadas tan alegremente por nuestra sociedad.

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