domingo, 6 de marzo de 2016

La rebelión de Paulo (II)

                


“La primera dignidad de los Palatinos fue siempre entre los Godos la de Dux (Duque), á la que Justiniano da el nombre de spectabilis dignitas: y su principal cargo consistía en dirigir las operaciones militares en las provincias: por lo cual los Germanos elegían los Duques de entre los nobles y de los valerosos, encomendándoles el cuidado de la provincia á que los enviaban de gobernadores.”[1]

Observemos que a estas alturas de la Historia, los duques, que eran los gobernadores de un territorio, eran elegidos en la corte para desempeñar una función determinada… por un tiempo determinado o sin determinar, pero la designación era personal e intransferible, no hereditaria. La dación en herencia de estos títulos se produciría al compás de la feudalización.

En este estado de cosas, el uno de septiembre del año 672 fallecía Recesvinto dejando una España unida jurídica y religiosamente, y habiendo superado las diferencias que durante siglos habían separado a los godos de los hispano-romanos.

 “A la muerte de Recesvinto se reunió  la  Asamblea de electores en el lugar del fallecimiento, en Géricos (Salamanca) y, aunque había hijos legítimos del difunto, los concurrentes se fijaron en  uno de los nobles presentes, Wamba, hombre de reconocido prestigio y ya entrado en años, que en realidad no deseaba la corona, pero el 20 de octubre de 672 fue ungido en la iglesia de Santa María de Toledo.”[2]

El hecho de que no se eligiese a un hijo de Recesvinto no es extraño, ya que el nombramiento del rey, nominalmente era de carácter electivo. No obstante, lo normal era que el rey se hiciese acompañar de quién le sucedería; aspecto que con Leovigildo se centró al asociar al trono, primero  a Hermenegildo, y luego a Recaredo. Así, aunque la monarquía no era de carácter hereditario, tuvo sus salvedades.

El caso es que a la muerte de Recesvinto es elegido rey Wamba, que en principio se niega a ser coronado.

Sobre la coronación de Wamba existe una gran leyenda que resulta difícil desentrañar de la historia. Estamos tratando un momento histórico, la Edad Media, que carece de la luz existente en los tiempos romanos; luz que ha sido sustituida por leyendas incontrastables, y por la falta de relato histórico. En este caso sólo contamos con el relato de Julián de Toledo, que calla los antecedentes de Wamba, y con los Concilios.

Es justo este aspecto el que puede dar luz al respecto, puesto que, contra lo que se viene diciendo en relación a que Wamba no sale reflejado en los concilios, mientras Pablo sí, hay que señalar que en el segundo decreto del concilio X se hace mención del “ilustre Vamba”, que presentaba el testamento de San Martin, obispo de la Iglesia de Braga.

Wamba ha sido presentado como rústico que había sido elegido más o menos al azar, lo que no resulta plausible. Con toda seguridad era miembro destacado del oficio palatino; si se quiere suponer un alto funcionario con capacidad pero sin mando, que en un momento determinado se vio como salida en un momento de crisis producida con la muerte de Recesvinto.

¿Es cierto que Wamba no quería ser coronado?, ¿es verdad que aceptó tras ser amenazado de muerte si no lo hacía?... También es posible que, sabiéndose la mejor de las salidas se hiciese de rogar para conseguir con ello comprometer a los electores. Una jugada política que, en principio, y dada la situación convulsa del reino podía rfesultar conveniente.


[1] Colección de Cánones y de todos los concilios de la Iglesia de España y de América
https://play.google.com/books/reader?id=0Mj41Zl8U58C&printsec=frontcover&output=reader&authuser=0&hl=es&pg=GBS.PA213

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