jueves, 31 de marzo de 2016

La revuelta comunera III

Otra cosa opinaban contemporáneos de las comunidades, cuando: “no se guardó justicia ni había nadie que tuviese cosa segura ni quien osase salir de su casa de noche ni caminar de día. Robábase en público, forzábanse las mujeres, saqueábanse los lugares y era tanta la discordia y disensión que en un lugar y en una misma casa y entre padres e hijos se mataban sobre si eran comuneros o reales, y guay del que no decía ¡viva la Santa comunidad! Muchos había que si les preguntárades qué querían y qué cosa era la Comunidad, no les supieron decir, ni hacían más de irse al hilo de la gente. Los caudillos de esta furia popular (que así la podemos llamar) apellidaban libertad y prometían justicia, y jamás se vio en España tan dura servidumbre ni tanta iniquidad como la que con ellos se padecía”.

Es francamente difícil catalogar a las comunidades como elementos de una lucha por la mejora social, ya que se trataba de un conglomerado de difícil catálogo, empezando por el propio Padilla, un militar de relativo renombre que tomó un partido probablemente equivocado, y cuya evolución, según algunas opiniones lo desbordó y lo abocó al fracaso. “Por lo que respecta á Alava podemos afirmar que el triunfo de los comuneros hubiera representado un aumento del poder señorial de las casas de Ayala é Infantado, con menoscabo de las atribuciones de las Juntas generales de Hermandad…/… al Conde de Salvatierra no le hizo luchar el cariño por las libertades populares, sino su inusitado orgullo y soberbia y la falta de poderío que iba sintiendo en los pueblos de su vasallaje.”  Ni más ni menos que al resto de la nobleza, militase en el bando que militase.

“A finales del XIX, la generación del 98, también se preocupó por la interpretación del Movimiento Comunero. Ángel Ganivet invirtió la interpretación liberal al afirmar que los comuneros no eran libertadores sino, al contrario, castellanos rígidos y reaccionarios, contrarios a la innovadora y europea política de Carlos V que inaugura el siglo de oro español como primera potencia europea. Manuel Azaña será el único que se atreva a criticar las teorías de Ganivet al afirmar que los comuneros de 1520 buscaban lo mismo que los liberales de las Cortes de Cádiz: el pacto entre la Corona y sus súbditos. En los años 40, la interpretación de Ganivet sigue vigente y cobra impulso con los trabajos del doctor Gregorio Marañón en los que se propone demostrar que los comuneros eran unos atrasados en todos los sentidos: política, social y espiritualmente.”


continuará...

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