sábado, 16 de abril de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (4)

La importancia económica de América, entonces, decayó alarmantemente con relación a lo había venido siendo tradicional. Tengamos en cuenta que al ser descubierta América, así como se importaron a la península productos de las nuevas tierras de manera muy significativa, hubo un importantísimo aporte de España en todos los campos; desde la agricultura hasta la industria pasando por la ganadería, lo que significó, además de acceder a productos anteriormente desconocidos, al desarrollo de todos los campos de producción, muy especialmente de la agricultura y la ganadería y, por supuesto, de la minería. Sin lugar a dudas, América era el lugar más próspero de la tierra, donde había un alto índice de industrialización; de la industrialización previa a la Revolución Industrial.

Pero esa cuantificación económica de los intercambios habidos entre la España descubridora y la España descubierta ha tenido una interpretación sumamente sesgada por parte de los enemigos de España, que han volcado sobre la explotación de las minas una importancia que nunca fue cierta durante el Imperio y sin embargo sí fue cierta tras la separación de la Patria y su dominación por el imperialismo europeo en general y británico en particular.

Así, O’Leary, el “asesor” británico de Bolívar, proclama que “Como España no estimaba sus posesiones en el Nuevo Mundo sino en proporción al número y calidad de sus minas, y no hallando en Venezuela esas fuentes de riqueza, miró su fértil suelo con indiferencia. De aquí el lento progreso que hicieron estas provincias, y sus tempranas relaciones con los extranjeros, que por medio del contrabando y á despecho de reglamentos coercitivos, suplían sus necesidades”.

¿En base a qué dice semejante cosa O’Leary cuando, según cálculos últimamente realizados, desde el descubrimiento hasta la separación, España no llegó a extraer 200.000 kilos de oro, siendo que actualmente (2015), sólo Perú  produce 173.000 kilos anualmente. De ese total, se calcula que sólo el 20% era llevado a España. ¿Dónde quedaba el resto?... En los virreinatos, que lo dedicaban, entre otras cosas, para la creación de infraestructuras de todo tipo, por ejemplo de 25 universidades que animaron la vida cultural de las actuales República Dominicana, Perú, México, Bolivia, Colombia, Ecuador, Argentina, Chile, Guatemala, Cuba y Venezuela.

Como bien señala Luis Corsi Otálora, “en efecto, si bien es cierto que en comienzo se dio un fuerte flujo de oro y plata hacia la Península Ibérica, éste -en sus cuatro quintas partes- estaba constituido por el pago de semillas, ganado, herramientas y mercancías indispensables a la puesta en valor del desarrollo económico en sus diferentes zonas; en un detallado cuadro que va de 1515 a 1600 Alberto Pardo muestra como la balanza comercial durante este período desde España fue de 67.637 toneladas de exportación contra 43.728 toneladas de importaciones. El impacto de las nuevas tecnologías transmitidas a través de ellas fue verdaderamente espectacular, pues si un hombre con sus solas fuerzas necesita 40 días para preparar una hectárea, este tiempo se reduce a un día cuando lo hace con un arado y dos caballos; hasta el temprano 1570, de la Metrópoli se habían despachado 20.000 rejas para arados. El tiempo de corte de un árbol con hacha de acero descendía de dos meses a dos días, por lo cual los indígenas se batían a muerte por su adquisición; y una herradura de acero valía más que su peso en oro.” ”  .

Ciertamente, y del mismo modo que en su momento España surtió de oro, plata, otros metales y otros recursos al Imperio Romano, también América surtió de los mismos elementos al Imperio Español, incluido el campo administrativo. Pero, en lo relativo al oro, ni fue suministrado todo el tiempo, ni todos los lugares de América tenían recursos auríferos o argentíferos, y sin embargo sí fueron suministrados de los productos que necesitaban, ya agrícolas, ya industriales, ya culturales…

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