viernes, 8 de abril de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (3)

Las reformas económicas no afectaban sólo al mercado, sino que se extendían a todas las estructuras; así, se discutió la posibilidad de adoptar otras medidas que iban contra los intereses de los criollos, y contra la política tradicional del Imperio. En ese sentido, señala Moisés Llordén Miñambres: “la sustitución de la burocracia indiana por españoles, así como el relevo de los oficiales criollos jubilados por hombres de la península y, tal como deseaba Floridablanca, uno de los más firmes defensores de esta nueva política con respecto a América, el relevo de los principales cargos de la Iglesia por clérigos españoles, la expulsión de los jesuitas, etc."



Era, en definitiva, la aplicación de los métodos de la Ilustración, acorde a los métodos e intereses del liberalismo, tan fervientemente defendido por los reinos europeos, y en especial por Gran Bretaña. Con este sistema empezaba a dejar de tener prioridad el hombre sobre las cosas. Al respecto señala Indalecio Liévano Aguirre: “en la medida en que proseguía el desarrollo de las doctrinas burguesas en el Viejo Mundo y se desvanecía la influencia de las ideas morales y religiosas que inspiraron las Leyes de Indias, se acentuaba, también, la tendencia a transformar los Dominios en una zona subalterna de la economía española y la burguesía peninsular, mal equipada para comprometerse en una ofensiva frontal contra el añejo feudalismo de España, consiguió, en cambio, que la Corona le permitiera utilizar las posesiones americanas como el mercado colonial que necesitaba para apresurar su desarrollo y enriquecimiento en cuanto a la clase económica.”

En pocas palabras: era la ruptura del “statu quo” que había primado durante los siglos XVI y XVII, y medio siglo XVIII. La Ilustración, y sus representantes en España, si no desmontaban jurídicamente la estructura del estado, que reconocía la condición de Reinos a los territorios españoles, de hecho y de palabra sí lo hacían. Así, en los tratados internacionales llegaba a hablarse de “colonias”•al referirse a los reinos americanos.

Pero siguiendo a Indalecio Liévano, “la política colonial del Despotismo Ilustrado comenzó a flaquear cuando, el monopolio del comercio de América se tradujo, para los Dominios, en un abastecimiento deficiente de mercancías, consecuencia lógica de la decadencia de la industria española” , que finalmente acabó padeciendo “una invasión de textiles, en su mayoría ingleses y alemanes, de Silesia, superó todas las proporciones conocidas hasta entonces... Ya en 1782 exigió el Gobernador de Quito que se suprimiera la importación de un setenta y cinco por ciento y se doblaran sus impuestos, para salvar de la ruina la producción autóctona de paños. El poderoso núcleo de comerciantes importadores del Nuevo Reyno inició su ataque frontal contra la organización gremial de la artesanía y la pequeña manufactura, utilizando los argumentos allegados contra los Gremios medioevales por los ideologos de la burguesía europea.”

Pero no fue sólo la decadencia, o la floja evolución, de la industria peninsular. Hubo más, porque esa decadencia se tradujo de inmediato en un deterioro de algo tan elemental como la Armada en unos momentos en los que el acoso de los corsarios europeos hostigaban de continuo a las naves mercantes españolas. “Perdido el dominio de los mares por España y comprometida simultáneamente en desastrosas guerras con Francia e Inglaterra, sus naves nunca pudieron recibir adecuada protección, lo que acentuó los desastrosos resultados del déficit mercantil. El empleo de “convoys”, para evitar las capturas y hundimientos de los barcos mercantes, hicieron inevitable la reducción del número de viajes anuales, de manera que las fallas del abastecimiento, lejos de disminuirse se aumentaron. La persistencia de la crisis se tradujo, como era natural que sucediera, en la regularización del comercio de contrabando con las colonias inglesas y holandesas y el volumen del mismo adquirió dimensiones que llegaron a sobrepasar la magnitud del tráfico legal. ”

“Los riesgos que corrían los frutos tropicales embarcados en la marina mercante española, cuyos barcos estaban sujetos a los frecuentes ataques de los piratas y de las naves de guerra de las potencias rivales. Tales circunstancias no constituían, propiamente, un estímulo para que los comerciantes granadinos (sic) se decidieran a enviar sus cargamentos a la Metrópoli, cuando podían venderlos clandestinamente, con mayores beneficios, a las colonias extranjeras.” 

Tráfico ilegítimo que en ese momento, la segunda mitad del siglo XVIII, posibilitó en el Virreinato de Nueva Granada el espejismo de un crecimiento económico que acabaría colapsado a principios del siglo XIX, dentro de la inestabilidad creada por los procesos separatistas, e inmediatamente sustituido por el aporte británico.

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