sábado, 9 de abril de 2016

Guerra de secesión de Portugal (3)

“Crato fue editado en francés en 1582 y su texto ‘Appologie ou defense du Monsieur Anthoine Roy de Portugal contra Philippes Roy d’Espagne, usurpateur du dict Royaume de Portugal’ tiene evidentes influencias de la obra de Guillermo de Orange.”

Crato había firmado con Isabel I de Inglaterra unas cláusulas por las que le ofrecía cinco millones de ducados de oro además de un tributo anual de 300.000 ducados. También le ofrecía entregar a Inglaterra los principales castillos portugueses, y mantener a la guarnición inglesa a costa de Portugal, quince pagas a la infantería y dejar que Lisboa fuera saqueada durante doce días. Además se le prometía vía libre para la penetración inglesa en Brasil y el resto de posesiones portuguesas. Estas cláusulas, convertían a Portugal en un satélite de Inglaterra y le brindaban a Isabel I la posibilidad de tener su propio imperio.

La invasión fue frenada en esta ocasión con gran desdoro de los ingleses, que habían puesto en la empresa toda su confianza al haber sufrido España, el año anterior, el desastre de la armada enviada contra Inglaterra. La armada de los piratas ingleses era la mayor que jamás había surcado los mares, tan sólo superada por la que con el mismo resultado acometería el pirata Vernon en su intento de asalto a Cartagena de Indias llevado a término el año 1741.

Por el tratado de Pomar, “Portugal era totalmente autónoma en materia fiscal y no hacía contribución alguna a los gastos de la monarquía. Las provincias vascas, aunque formaban parte de Castilla, también quedaban inmunes a las exigencias de Castilla. No pagaban ni la alcabala, ni los millones ni otros impuestos habituales en Castilla y se quejaban incluso de que los artículos importados de Castilla ya estaban gravados con esos impuestos.”

Pero como hemos visto, con el tratado de Pomar no se conjuraron los problemas sucesorios de los rivales de Felipe II, que se aliaban con los enemigos de España, quién, ajena a esos ardides seguía su camino en la consolidación nacional. “Los años situados entre 1580 y 1640 supusieron una consolidación de la expansión territorial que estuvo acompañada por una instauración de instituciones jurídicas, como las Ordenaciones Filipinas, sustituyendo a las Ordenaciones Manuelinas y también el establecimiento de formas de gobierno y administración de tipo castellano. Este hecho pasaría a engrosar las causas por las que se produciría la restauración portuguesa de 1640.”

Los conflictos se habrían de ir sucediendo; motines varios, levantamientos antifiscales, y nuevamente como en el alzamiento de las comunidades de Castilla, un “servicio” de 370.000 cruzados que debía efectuarse para proceder a la jura como heredero del hijo de Felipe III, el año 1605, exasperaba los ánimos de los portugueses. Por otra parte, las acusaciones de corrupción menudeaban, y finalmente el nombramiento de virreyes que no eran de sangre real, alteraban el espíritu de la nobleza que veía como, del mismo modo que había sucedió en Castilla, le eran retirados sus privilegios en beneficio general de la corona. Recordemos por otra parte, que la corona no era el rey, sino más bien lo que hoy conocemos como el pueblo.

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