lunes, 16 de mayo de 2016

Algunos apuntes sobre la Inquisición (3)

Al ser una institución multisecular, el Tribunal del Santo Oficio atravesó períodos muy diferentes y cambiantes, de tal modo que las conclusiones generales son difíciles y arriesgadas; es preciso ajustar mucho el análisis en cada etapa histórica si se pretende evitar el uso de vulgarizaciones y lugares comunes.

Uno de los peores verdugos de la Inquisición española no es otro que el inquisidor reconvertido Juan Antonio Llorente, que realiza una historia de la Inquisición al gusto de sus amos franceses, a quién con tanto gusto sirvió durante la invasión napoleónica y con quienes abandonó España cuando finalmente fueron expulsados. Era Llorente, un afrancesado, título tan mal traido en el siglo XIX como encomiado en la actualidad.

“Para Llorente, el secreto, el arbitrio y el abuso eran culpas de la Inquisición. Hoy, los estudios sobre derecho inquisitorial ponen de relieve, cada vez más, la atención al respeto de las reglas y la tutela ofrecida a los imputados” . Respeto a las reglas y tutela ofrecida a los imputados que no tiene parangón en la inquisición protestante ni en las otras inquisiciones, islámicas, liberales o marxistas. Extremo que, per se, no significa que la Inquisición y España deban ser eximida de la Leyenda Negra si no fuese porque, además, esa pulcritud tenida con los asuntos, aquilataron los mismos de manera extraordinaria si los comparamos con las otras inquisiciones.

Autores nada sospechosos de connivencia con el Tribunal del santo oficio afirman que “Es innegable la necesidad de la Religión para conservar el órden público, mantener las buenas costumbres y dar á las leyes firmeza y estabilidad: sin religion nada habria fijo y determinado en la inmensa divergencia de opiniones; el corazon humano estaria desarreglado, y el hombre seria incontinente en sus pasiones desordenadas sin la idea de un ser omnipotente autor de la sociedad no distinguiria esta sus primeros elementos, esto es, lo justo de lo injusto, ni lo que es orden y obligacion moral.”

Y es que es necesario insistir que “En el examen del Santo Oficio es preciso distinguir las mentalidades de su tiempo, la manera de interpretar los principios fundamentales de la vida y el papel de las instituciones, tratando de comprenderla desde el punto de vista de los idearios y de los principios del ayer. De otra forma se desfigura el entendimiento de la historia.”

En la España de los siglos XV-XVI-XVII (y en la del siglo XXI), la unidad del estado era realmente una necesidad. La religión era lo único que podia unir estados tan dispares como los reinos que componían la nación que sería la garantía del derecho internacional: España, y en esas circunstancias, un atentado a la religión era observado como un atentado al estado.

La guerra de religión de Francia causó muchas mas muertes que todas las Inquisiciones juntas. Igual acurrió en Alemania. España salió prácticamente ilesa de esta plaga gracias a la Inquisición, y curiosamente es la Inquisición Española la más atacada.

Los peores enemigos de la Inquisición aseguran que los inquisidores “engañaron á reyes, papas, tribunales y á todo magistrado: substraían, añadían, borraban las ojas de los procesos que habían de salir fuera del tribunal para el rey ó para el papa… Se desobedecían en fin los unos a los otros dentro del santo oficio, pues solo tenían armonía en el secreto del interés común.”   Y esas afirmaciones, sin necesidad de nada más, pasan a ser argumentos inequívocos de la actuación de la Inquisición. ¿Qué se puede argüir contra esta afirmación? Sencillamente que es gratuita; sencillamente que, probablemente, exista algún ejemplo que la avale, pero también es cierto que existía un servicio de inspección  que cuidaba del buen funcionamiento de los tribunales.

No obstante, como es de suponer en un tribunal que abarcaba millones de kilómetros, podía adolecer en algún caso de fallos que eran corregidos; así, la Inquisición de la Corona de Aragón fue posiblemente la peor organizada, la de administración más caótica. Ello propició que desde luego fuera la Inquisición con más visitas de inspección por la Suprema a lo largo del siglo XVI. Hubo visitas en Navarra en 1527 y 1651; en Barcelona, en 1519, 1527, 1531, 1537, 1544, 1549, 1560, 1566, 1575 y 1585; en Valencia, en 1528, 1540, 1560 y 1567; en Zaragoza, en 1529, 1538, 1567; en Sicilia, en 1567, 1518.”  Y las visitas, por lógica, se realizaban para detectar posibles desviaciones y corregirlas sobre la marcha.

Y llegan a afirmar que en los manuales de los inquisidores se afirmaba que “"Mejor que mueran cien personas inocentes que un solo hereje quede en libertad",  algo que (salvo error) no se corresponde con la realidad, ya que, en el mejor de los casos se correspondería, de lejos, con una idea supuestamente emitida por el legado papal en el asalto a Béziers. Nada más.

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