martes, 10 de mayo de 2016

Anotaciones para un estudio del priscilianismo (3)

APUNTES SOBRE LA DOCTRINA PRISCILIANISTA

Cuando Dictinio, obispo de Astorga, seguía la doctrina de Prisciliano, compuso un tratado, que tituló Libra, por ir repartido en doce cuestiones, a la manera que la libra romana se dividía en doce onzas. Sosteníase en aquel libro, entre otros absurdos, la licitud de la mentira por causa de religión, según nos refiere San Agustín en el libro Contra mendacium, que escribió para refutar esta parte del de Dictinio. Dice San Agustín: esta astucia del embaucador termina por matar el alma del creyente, o, si ya la tenía muerta, sumergirla y enterrarla en el pozo más profundo de la muerte… porque es más pernicioso, o, por decirlo más suavemente, más peligroso que los católicos mientan para captar a los herejes que el que mientan los herejes para ocultarse a los católicos.

Porque el que cree a los católicos, que fingen lo que no son, o se hace hereje o se confirma en su herejía; en cambio, el que cree a los herejes, que mienten para ocultarse, no deja de ser católico.

Una muestra de este culto a la mentira nos ha llegado en la carta de San Agustín a Cerecio, donde detalla las querencias priscilianistas:

I. Quiero desatar y quiero ser desatado.
II. Quiero salvar y quiero ser salvado.
III. Quiero ser engendrado.
IV. Quiero cantar: saltad todos.
V. Quiero llorar: golpead todos vuestro pecho.
VI. Quiero adorar y quiero ser adorado.
VII. Soy lámpara para ti que me ves.
VIII. Soy puerta para ti que me golpeas.
IX. Tú que ves lo que hago, calla mis obras.
X. Con la palabra engañé a todos y no fui engañado del todo»

Los priscilianistas se distinguían de los demás gnósticos en admitir por entero las Sagradas Escrituras, así del Antiguo como del Nuevo Testamento. Pero introducían en los textos osadas variantes, según advierte San León.

Higinio, obispo metropolitano de Córdoba fue el primer denunciante de la doctrina priscilianista. No obstante, pronto se vio seducido por los ideales priscilianistas, aceptando en comunión a Prisciliano y sus seguidores.

Los teólogos Orosio, gallego y Consencio, balear, hicieron llegar a San Agustín, a principios del siglo V los detalles de la herejía, quién escribe su alegato “Ad Orosium contra Priscillianistas et Origenistas”, equiparándolos a los maniqueos.

Distribuyó los doce signos del Zodíaco: el Aries para la cabeza, el Toro para la cerviz, Géminis para los brazos, Cáncer para el pecho, etc. Ni se detuvo en esta especie de fisiología astrológica. Esclavizó asimismo el alma a las potencias celestes, ángeles, patriarcas, profetas..., suponiendo que a cada facultad, o (como él decía) miembro del alma, corresponde un personaje de la ley antigua: Rubén, Judá, Leví, Benjamín, etc.

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