jueves, 12 de mayo de 2016

Comentarios a la constitución europea (3)

La Libertad es algo más que palabras. La Libertad son hechos, y el sistema, manifiestamente, se limita a jalear tales conceptos amparando tras los mismos la libertad de los opresores, que inexorablemente anula la libertad de las demás personas.



Todos somos libres, por ejemplo, de crear una cadena de televisión, de radio o de prensa,  que promulgue la Libertad y la Justicia, pero para ello hace falta un considerable número de millones de euros que, casualmente, no está a disposición de todos… Entonces, da la casualidad que, quién los tiene, se dedica a emitir basura televisiva, radiofónica o literaria disfrazada de libertad de expresión. ¿Dónde quedan tan bonitos conceptos?… En una sola realidad… El mercado único; pero un  mercado único que obedece tan sólo a la libre competencia de quienes tienes capacidad de oprimir.

A los demás, a la inmensa mayoría, le queda la satisfacción de saberse libre a la hora de elegir la basura ofrecida por uno o la basura ofrecida por otro. ¡Bonita libertad!.

En el mismo artículo señala que “En sus relaciones con el resto del mundo, la Unión afirmará y promoverá sus valores e intereses”

Pero, ¿Sus valores e intereses son acaso compatibles con los valores e intereses de España?. ¿Son acaso compatibles con los valores e intereses de la Hispanidad?.

Me temo que a lo largo de los siglos ha quedado manifiesto que no.

El mundo europeo es de clara raigambre protestante, calvinista, luterana…

Pero no es sólo una cuestión de religión; es una cuestión de idiosincrasia; es una cuestión de entendimiento de la vida, de la persona, de la sociedad.

Del mismo modo que el mundo árabe es inconsustancial con el mundo hispánico por  multitud de razones que parten del entendimiento de la persona, el mundo europeo también es inconsustancial con el mundo hispánico por la misma razón.

Ocho siglos de dominación árabe de España no sirvieron sino para constatar el hecho del abismo existente entre el pensamiento hispánico y el pensamiento árabe. Sencillamente, el cruce de sangre entre los invasores árabes y los invadidos españoles no va más allá de lo testimonial. Los árabes no conquistaron España, sino que la invadieron.

Con el mundo europeo pasa prácticamente lo mismo.

Roma, nuestra madre, conquistó la mayor parte del mundo conocido; lo culturizó; lo liberó.

Posteriormente, con la invasión de los pueblos bárbaros, los pueblos romanizados fueron reculando hasta sucumbir o quedar relegados a las penínsulas mediterráneas. Europa fue conquistada por una mentalidad que podemos calificar de anti-romana, anticivilizada… Ése es el sustrato de Europa, mientras el sustrato de las penínsulas del sur de Europa es el de la civilización romana, cristianizada.

Avanzando en la historia, los europeos iniciaron unas “cruzadas” contra Tierra Santa. Cruzadas que tuvieron, como casi todas las cosas de la vida, cosas buenas, pero sobre todo tuvieron cosas malas.

Así, la primera cruzada, anterior a la primera cruzada, la conocida como “cruzada popular” (cuánta semejanza dialéctica con momentos más cercanos), arrasó literalmente el este de Europa, y sólo la inteligencia de Bizancio impidió que arrasase Constantinopla.

Mientras tanto, los europeos no participaban en la expulsión de los moros invasores de España. Eso no les preocupaba.

Pero no acabó ahí el dislate de los europeos. Las “cruzadas”, en principio dirigidas a liberar Tierra Santa, fueron un cúmulo de atentados contra la romanidad del Imperio de Oriente; hasta el extremo que llegaron a arrasar Constantinopla… y se ocasionó el Cisma de Oriente en la Iglesia.

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