lunes, 2 de mayo de 2016

La rebelión de Paulo (III)

Si Wamba no quería ser coronado podría ser por una amplia gama de motivos. Debemos tener en cuenta que en esos momentos las convulsiones políticas estaban a la orden del día; se producían movimientos tendentes a la feudalización, y la presión musulmana comenzaba a sentirse ya en España. Debemos tener en cuenta que, desde que Wamba fue coronado hasta que se produjo la asonada árabe pasaron tan sólo 39 años, y ya Wamba derrotó a una armada sarracena.

Venía siendo tradicional en el reino visigodo que a cada nueva coronación, que se sucedía con harta frecuencia dado el “morbus gothorum” que hizo que existiesen reyes por siete días, se produjesen alzamientos de los vascones. Así, “en abril de ese año, Wamba encabezó una expedición contra los vascones en respuesta a una de las tradicionales incursiones de saqueo con que los montañeses saludaban el cambio de monarca en Toledo. Al ordenar la leva para la campaña, Wamba tropezó con el mismo problema que había experimentado Recesvinto 7 años atrás: los godos libres escaseaban, y los nobles enviaban una parte ridícula de sus siervos, normalmente castigados, e insuficientemente armados; algunos de ellos directamente ignoraban la orden real. Sobre el disgusto que algunos nobles sentirían por el arreglo de Gérticos, lo cierto es que la aristocracia acentuaba cada vez más su tendencia egoísta en sus obligaciones hacia el estado.”

No obstante, esa aseveración: “tropezó con el mismo problema que había experimentado Recesvinto 7 años atrás”, parece ser, al cabo, incierta.

Cierto es que los nobles iban a su aire; cierto que el apoyo era manifiestamente mejorable, pero sin embargo, de los resultados parece deducirse que las argucias de Wamba surtieron el efecto deseado, al menos momentáneamente, lo que le dio capacidad para solventar dos asuntos de envergadura, la rebelión de los vascones y la sublevación de Paulo, de un plumazo. Otro asunto es lo que vino después, pero evidentemente supo parar el golpe, y antes supo prepararse para los acontecimientos que eran previsibles y que efectivamente ocurrieron.

“En la primavera del año 673 en plena campaña contra los vascos, el viejo guerrero coronado rey de los visigodos por la presión de los militares recibió la noticia de la revuelta contra su poder en la provincia gala de Septimania. Ilderico, comes de Nimes encabezaba la rebelión con el propósito de independizar esas tierras del reino visigodo. Los rebeldes llegaron a controlar gran parte de la provincia excepto la capital, Narbona.

A las faldas de las montañas cántabras el rey Wamba meditaba junto a sus hombres de confianza la estrategia a seguir. Desde la gran ciudad de Nimes la rebelión se extendía rápidamente, varios obispos se unieron al traidor y el pueblo galo empezaba a tributar a Ilderico y sus hombres.”

“Septimania era el nombre dado a la zona marítima de la antigua Gallia Narbonense que quedó en manos visigodas tras la batalla de Vouillé; el nombre de Septimania proviene de las 7 principales ciudades de la región: Elna, Agde, Narbona, Lodève, Beziers, Nimes y Maguelona.

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