sábado, 18 de junio de 2016

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (IV)

Otro personaje de esencial importancia en la historia es Ana de Mendoza, esposa del príncipe de Éboli, de la linajuda familia de los Hurtado de Mendoza; famosa por sus devaneos que llegaron injustamente a implicar al mismísimo Felipe II, y con actuaciones que la llevaron hasta militar en la orden carmelita, de donde fue expulsada por Santa Teresa de Jesús.

No obstante, la implicación de la de Éboli con Felipe de II, a quién éste trataba en sus escritos como “prima”, parece que no pasó de mera relación personal… y judicial, pero en ningún caso carnal. Los devaneos del rey prudente, que los tuvo, iban por otros derroteros, y parece que fue justamente Antonio Pérez “el propagador de esta noticia en el extranjero, después de haber sido quizás uno de los inventores en España.”  Que las relaciones entre la de Éboli y Felipe II son un invento de Antonio Pérez es abonado por otros; así, “cuando el Príncipe de Orange escribió su manifiesto en Febrero de 1581 hacía cerca de dos años que la Princesa de Éboli se hallaba presa ; suceso tan notable tenía que haber sido muy comentado en toda Europa, y si la causa que le habia motivado hubiera sido una cuestion de amores, la ocasión no podia ser más oportuna para citarlos; pero en vez de esto Guillermo de Nassau sólo habló de doña Ana condoliéndose de su suerte”. 

“Lo que generalmente se sabe sobre la Princesa de Éboli durante aquella primera década del reinado filipino en España son las ficciones de la gran ópera «Don Carlos» de Verdi, el drama «Don Carlos» de Schiller, y una buena cantidad de novelas «históricas». Documentalmente, por contraste, hay muy poca mención de ella.”

La de Éboli hizo grandes inversiones en la orden carmelitana de Santa Teresa. A la muerte de su marido Ruy Gómez, en 1573 decidió que “quería ser monja y que todas sus criadas también lo fueran. Le fue concedido a regañadientes por Teresa de Jesús y se la ubicó en una celda austera. Pronto se cansó de la celda y se fue a una casa en el huerto del convento con sus criadas. Allí tendría armarios para guardar vestidos y joyas, además de tener comunicación directa con la calle y poder salir a voluntad. Ante esto, por mandato de Teresa, todas las monjas se fueron del convento y abandonaron Pastrana, dejando sola a Ana. Ésta volvió de nuevo a su palacio de Madrid, no sin antes publicar una biografía tergiversada de Teresa.”

Cuando decidió que quería ser monja, dejó a sus hijos a la custodia de Felipe II, pero éste le recordó sus obligaciones como madre, lo que unido a la petición de Santa Teresa para que el rey la obligase a abandonar el convento, acabó con la cómica aventura monjeril de esta peculiar mujer.

“Cautelosa y previsora algunas veces, imprudente e indiscreta otras, tan pronto dulce y afectuosa como colérica y vengativa, cínica en la expresión de sus amorosas pasiones ó sublime en su abnegación y generosidad, la princesa de Éboli era un enigma eterno en la imaginación de los cortesanos.”  Era Ana de Mendoza, a lo que parece el alma gemela de Antonio Pérez… Y como tal actuaría.

0 comentarios :

 
;