domingo, 12 de junio de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (12)

Se había pasado de la pertenencia a un Imperio generador a la dependencia de un imperio depredador donde poco o nada importaban las personas sino como meros clientes de las mercaderías producidas, transportadas y distribuidas por los comerciantes británicos. Las prendas más tradicionales serían producidas en los telares británicos, que inundarían el mercado produciendo la ruina de los manufactureros locales.

La influencia de la nueva situación llegaba a todas las estructuras, y las dudas de cómo diseccionar el imperio para crear falsas fronteras y procurar que el comercio a través de las mismas estuviese controlado por mercaderes británicos posibilitaron que“las probabilidades de éxito para imponer un orden nacional, estuvieron condicionadas tanto por la “situación de mercado” regida por el grupo que controlaba las exportaciones – monopolio de los puertos, dominio del sector productivo fundamental, etc.-, como por la capacidad de algunos sectores de las clases dominantes de consolidar un sistema político de dominio.” 

A pesar de ser la Ilustración motor principal de la situación, las ideas fiscales heredadas de Imperio Hispánico creaban conflictos con los amos recién instalados, lo que hacía necesaria una nueva concepción de la política fiscal, que permanecía lastrada con los usos anteriormente aplicados. Perú sería uno de los primeros lugares donde se plasmó una nueva legislación al respecto, donde según  Leslie Bethel, “Con la ley de 1833, el gobierno peruano empezó a adoptar una política aduanera más liberal; redujo el impuesto sobre los tejidos importados al 45 por 100. Esta tendencia hacia la liberalización continuó con la ley de 1836 y se mantuvo durante la existencia de la Confederación Peruano-Boliviana (1836-1839), que redujo el arancel sobre los tejidos importados a un simple 20 por 100.

Ello representó una victoria para los comerciantes ingleses que comerciaban con el Perú, cuya influencia se evidencia en el hecho de que la reglamentación de 1836 no hacía sino sancionar las propuestas formuladas por la comunidad mercantil británica…/… El proceso que aceleró la expansión comercial británica, vía la masiva importación de textiles, al mismo tiempo hizo que por un lado la renta de las aduanas fuera uno de los sustentos del gasto público, y por otro que completara la ruina de la producción nativa.”

La realidad se impuso y con ella el deterioro de la vida. “Si en tiempos coloniales el favor por excelencia que se buscaba era la posibilidad de comerciar con ultramar, ésta ya no plantea serios problemas en tiempos postrevolucionarios. En cambio, la miseria del Estado crea en todas partes una nube de prestamistas a corto término, los agiotistas execrados de México a Buenos Aires, pero en todas partes utilizados: aparte los subidos intereses, las garantías increíbles (en medio de la guerra civil un Gobierno de Montevideo cedía desde las rentas de aduana hasta la propiedad de las plazas públicas de su capital para ganar la supervivencia, y a la vez la interesada adhesión de esos financistas aldeanos a su causa política), era la voluntaria ceguera del Gobierno frente a las hazañas de esos reyes del mercado lo que esos préstamos garantizaban” , nos recuerda Tulio Halperin Donghi, La inmensa riqueza de América se volatilizaba…

Y las grandes expectativas que podían vislumbrarse años atrás, desaparecían como por actos de encantamiento. América había roto los lazos con España y los había estrechado con Europa, pero “la ligazón con Europa y los intereses económicos del naciente sistema capitalista internacional, condicionaron el desarrollo de los países latinoamericanos en los cincuenta años posteriores a la Independencia, configurándolos como meras economías agroexportadoras, proveedoras de materias primas para la creciente actividad industrial del Viejo Continente” . Nos recuerda el profesor Mario A Pozas.

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