jueves, 30 de junio de 2016

Los Cátaros (4)

Origen y desarrollo del movimiento albigense

El origen de este movimiento herético medieval se ha intentado explicar en base a diversas interpretaciones: Así, podría ser un movimiento de contestación social de carácter popular o más bien de sectores vinculados al desarrollo urbano y comercial, un intento por retornar al cristianismo primitivo, una doctrina que permitía a la pequeña nobleza asegurar su independencia frente a la Iglesia y los grandes magnates...

Objeto aún de discusión por parte de los especialistas, lo que es seguro, es que en este movimiento, convergerían diversas inquietudes e intereses.

El nombre “cátaro” procede del griego katharo, puro. Los novicianos del Siglo III fueron frecuentemente conocidos como cátaros, y el término fue también utilizado por los maniqueos. Por otra parte, por su distribución geográfica fueron denominados “cátaros de Desenzano” o “albaneses” (de Desenzano, entre Brescia y Verona, o de Alba en Piedmonte, Albano, o quizá de las provincias de Albania); "bajolenses" o "bagnolenses" (de Bagnolo en Italia); "concorrezenses" (probablemente de Concorrezo en Lombardía); "tolosani" (de Toulouse).

Los cátaros son un grupo religioso que surgió hacia el siglo XII como suma de varias corrientes heréticas del siglo anterior como serian la antisacerdotal, antisacramental, la corriente de rechazo al latín litúrgico o la de aspiración al contacto personal con Dios, entre otras. Se podría decir que es una especie del antiguo maniqueísmo de los siglos IV-V porque se basan en la misma idea básica de la creencia dualista del Bien y
del Mal situándolos en un mismo plano y entre los que se da una lucha universal y perpetua.

En el desarrollo histórico de los cátaros podemos distinguir tres periodos: inicio, radicalismo y decadencia, que coinciden con el predominio sucesivo de los tres credos bogomilas: búlgaro (dualismo mitigado), dragovita (dualismo radical) y bosnio (intermedio y contemporizador). El periodo inicial comienza con la llegada a Occidente de las primeras ideas bogomilas (de la rama búlgara).

Sin otra relación que la nominal con los katharoi novacianos de la Roma del siglo III, el catarismo medieval hunde sus raíces en el dualismo oriental (mazdeísmo de Zoroastro en el siglo VII a. de C.) que, con repercusiones en el mundo esenio, y a través de los gnósticos, neoplatónicos y maniqueos de los primeros siglos cristianos, llega a los paulicianos de Armenia a fines del siglo VII. Estos, perseguidos por los emperadores bizantinos, fueron en su mayor parte trasladados a Tracia (siglo IX) , donde dieron origen al bogomilismo, cuya relación con el catarismo occidental es hoy algo comprobado e indiscutible (HISTORIA 16, número 55, páginas 81-88) .En 1143 tenemos noticias de cátaros en Colonia, y su nombre ketzer pasará a significar en alemán hereje.

Al desarrollo de la herejía albigense en Provenza concurrieron el universal desorden de costumbres, harto manifiesto en las audacias de la poesía de los trovadores; la ligereza y menosprecio con que allí se trataban las cosas más santas; las tribulaciones de la Iglesia y desórdenes del Clero, abultados por el odio de los sectarios, y finalmente, la rivalidad eterna entre la Francia del Norte, semigermánica, y la del Mediodía. Entre los que tomaron las armas para resistir a la cruzada de Simón de Montfort, no eran muchos los verdaderos albigenses: a unos les movía el instinto de nacionalidad, otros lidiaban por intereses y venganzas particulares, los más por odio a Francia, que era el brazo de Roma en aquella guerra.

Generalmente eran malos católicos, pero les interesaba poco el oscuro maniqueísmo enseñado en Tolosa y en Alby… Buena prueba del espíritu dominante entre los provenzales nos ofrece la conducta de los trovadores durante la cruzada antialbigense. Casi todos se pusieron de parte de los herejes y del conde de Tolosa; pero ni aun en sus invectivas más feroces y apasionadas se trasluce entusiasmo por la nueva doctrina.

Hacia 1143 se establecen en Colonia y poco después existen focos organizados en Lieja y Champaña, desde donde se extienden por toda Francia, recibiendo el nombre de albigenses). Sus propagadores son preferentemente los tejedores y comerciantes de tejidos junto con un buen número de clérigos apóstatas y algunos nobles (especialmente damas de la nobleza provenzal).29 Este mismo año hay una gran persecución en Colonia. En 1144 nueva hoguera colectiva de herejes en Lieja.

En 1167 Nicetas, obispo dragonita de Constantinopla organiza las iglesias occidentales cátaras, en San Felix de Lauraguès. Desde este momento los cátaros, que a los ojos de muchos estaban considerados como otro más de los numerosos movimientos populares de reforma coetáneos, se perfilan como una religión independiente, opuesta en todo a la Iglesia cristiana.

Nicetas «reconsolaba» a algunos de los que habían viajado desde la Champaña, Île-de-France y Lombardía con el fin de que estuvieran totalmente seguros de sus credenciales espirituales. Para ellos, él no era Papa, ni siquiera un obispo en el sentido tradicional, sino sólo un anciano eminente que había recibido el consolamentum de manera adecuada y que, por ello, debía ser tratado con respeto.

Los cátaros habrían celebrado en 1174 el concilio de San Félix de Caraman, donde se reunieron los obispos cátaros del norte de Francia, Albi y Lombardía, y representantes de las iglesias cátaras de Carcasonne y Toulouse, siendo presidido dicho concilio por un papa, el oriental Nicetas o Niquinta de Constantinopla. Desde 1167 se habrían organizado diversos obispados cátaros, como el de Albi, Toulouse, Carcasonne y Agen.

El volumen adquirido en el siglo XII por el movimiento cátaro, junto al cual aparece, desde 1170, el de los Valdenses o Pobres de Lyon, da lugar al fin a la intervención oficial de Roma que, de 1177 a 1203, envía al sur de Francia diversas misiones, encomendadas en su mayoría a los cistercienses por Alejandro III e Inocencio III; éste actúa también en Italia enviando un legado a Verona en 1198, que ordena a los católicos de Viterbo desobedecer a los cónsules cátaros y exiliar a los herejes (1205) y obliga al Podesta y cónsules de Florencia a publicar un Estatuto (1206) contra los mismos. Pero el fruto de todo ello es escaso.

Entonces aparece en el Languedoc la figura de Domingo de Guzmán, en 1203 y 1205; su fundación de la Orden de Predicadores no puede comprenderse bien fuera del contexto cátaro. Se trata de contrarrestar el influjo de los Perfectos con una predicación y ejemplo de vida semejantes. Se aborda el problema de la vida escandalosa del clero. Se organizan coloquios con los herejes buscando la vía de la persuasión, alguno de ellos, como el de Carcassonne en 1204, presidido por el mismo rey Pedro II de Aragón.

San Vicente Ferrer aún descubrió y convirtió a algunos cátaros en 1403 en Lombardía y también en Piedmont. Allí, en 1412 fueron ejecutados algunos de ellos.

La herejía penetró en Calabria, Sicilia, y Cerdeña, y aún en Roma. Las prohibiciones, penalidades que impusieron las autoridades civiles y eclesiásticas del Siglo XIII, no fueron suficientes para detener el mal. Todo ello a pesar de que Federico II no tuvo misericordia ocupando el trono, y que los Papas Inocencio III, Honorio III, y Gregorio IX, no escatimaron esfuerzos a fin de suprimir la secta. Para prevenir el reforzamiento de la ley contra ellos, los miembros de la secta, llegaron a recurrir al asesinato, como está probado en las muertes de San Pedro Parenzo (1199) y San Pedro de Verona (1252), o la de Pungilovo, quien luego de su muerte (1269), fue temporalmente honorado como un santo, por parte de la población católica local. Muchos en el exterior observaban prácticas católicas, mientras que permanecían fieles al catarismo.

En 1226 se celebra el Concilio cátaro en Pieusse, cuando se crea el obispado del Rasès.

En 1229 se pone fin a la cruzada en sí. Había durdo diez años.

En 1232 Montsegur se convierte, por expreso deseo del obispo cátaro Guilabert de Castres, en la sede oficial de la iglesia cátara.

Refugiado en el Norte de Italia, el catarismo intentaría resurgir en diversas ocasiones a lo largo del S. XIV, destacando el período de Pierre Autier (1299 - 1310), hasta desaparecer en los albores del S. XV.

Perdurará, sin embargo, una sensibilidad espiritual particular que, a través de los turbulentos tiempos del cisma, llegará al siglo XVI. Aun sin conexión casual directa, es incontestable que muchos descendientes de herejes del siglo XIII abrazaron el calvinismo para vengarse de Roma.
El catarismo arraigó tan hondamente en la Francia meridional, primero, porque no se trataba de una herejía puramente gnóstica, al modo alejandrino o persa, de altas especulaciones filosóficas y de complicadas fantasías religiosas, sino de un movimiento herético de consecuencias prácticas y morales, que aseguraba a los fieles la remisión total de los pecados y la salvación eterna; segundo, porque adquirió un carácter
popular y fanático, que ayudó mucho a su difusión; tercero, por su aspecto reformista y acusador de los abusos de la nobleza eclesiástica, cuyas riquezas y costumbres mundanas escandalizaban al pueblo y daban en rostro a la burguesía laica, cuarto, por los restos de viejas herejías que no habían sido del todo exterminadas; quinto, porque justificaba la codicia de bienes eclesiásticos y favorecía las ambiciones políticas de ciertos señores feudales.

Los interrogatorios que hoy tenemos de albigenses y patarinos franceses e italianos, gente por lo común humilde e ignorante, varían hasta lo infinito y no penetran en la medula de la herejía, sino en las consecuencias y accesorios.

Se les acusó de infandas liviandades, lo mismo que a los priscilianistas y a toda secta secreta.

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