martes, 14 de junio de 2016

Los realistas americanos (1)

La historiografía dominante, la británica y britanizante, utiliza los argumentos que la Ilustración identifica como buenos; a saber: aquellos que le benefician, sean o no ciertos. Entiendo que nosotros debemos estar en otra esfera, y limitarnos a averiguar la verdad, beneficie a quién beneficie, en la certeza cristiana que nos asegura que la verdad nos hará libres.

Es por ello que, obviando la perfidia de la Ilustración, nos negamos a utilizar el lenguaje de la misma, que prostituye la verdad. Por ese motivo nos negamos a dar el adjetivo “patriota” a los separatistas, reservando el mismo estrictamente a quién corresponde; a saber: a quienes defienden la Patria y su unidad. Luego se verá si la acción del patriota es justa o injusta, pero salvando siempre la pureza del lenguaje, procurando identificar el adjetivo con el sustantivo.

Aunque los procesos separatistas de América tienen una unidad de acción, desarrollada en unos momentos determinados y con una estructura social equivalente, llama la atención que no en todos los lugares surgieron movimientos patrióticos armados claramente enfrentados a los separatistas. Así, no se formaron guerrillas realistas en el  Norte América, Centro América, ni Alto Perú. El motivo de esa inexistencia de guerrillas nacionales parece deberse a que en esos territorios, el ejército regular controlaba la situación de manera holgada.

En otros lugares, y en medio de los enjuagues de mercadeo entre los “libertadores” y los usurpadores británicos, surgían movimientos independientes que, al estilo de Boves mantenían la dignidad hispánica entre tanto traidor y tantísimo acomodaticio. Era el pueblo, a imagen y semejanza del que en la España europea se había enfrentado al francés y ahora se preparaba para luchar contra el liberalismo peninsular.

Y es que el temor a la pérdida de libertad, que en unos aletargaba su propio espíritu de supervivencia, en otros, lamentablemente en los menos, fomentaba su rebelión. A ese respecto, Frederic de Brandsen señala que  “Incluso los mapuche, que ya habían construido un entendimiento con la administración española -especialmente cordial con el Gobernador Ambrosio O’Higgins - vieron en la Independencia una amenaza a su autonomía territorial y a sus prerrogativas. Muchos de ellos tomarán las armas, junto a Benavides, Zapata y otros jefes guerrilleros, o en montoneras dedicadas al pillaje y al saqueo, durante la llamada Guerra a Muerte”  que acabaría desarrollándose contra los gobiernos títere surgidos tras la derrota.

Y no se resiste al menor análisis la insinuación de que esa resistencia estaba siendo llevada a cabo por peninsulares descontentos. El ejército real del Perú, que en 1809 contaba con 5.000 hombres, dobló esa cifra en 1818, cifra que, a su vez, fue nuevamente doblada en 1820, cuando alcanzó el mayor número de efectivos (23.000); cifra que, tras varios altibajos, se repetiría en febrero de 1823, para reducirse drásticamente a 9000 efectivos en septiembre, y doblarse en 1824. Un movimiento de acordeón que no era el resultado del aporte humano peninsular, inexistente. Recordemos que desde el año 1817  no llegó ningún refuerzo europeo para los realistas del Perú.

Étnicamente la masa de las tropas reales estaba compuesta mayoritariamente por indios, y se componía de unidades permanentes de veteranos, y de milicias reclutadas según las necesidades, con ámbito local o provincial.

En el Alto Perú, en el bando realista, combatieron indios en el Regimiento de Nobles Patricios del Cusco, en los numerosos escuadrones de caballería aymara, los Regimientos de Chumbivilcas, el Regimiento Quechua de Paruro o el Regimiento de Línea del Cusco. Lo cual, comparado con las tan cacareadas (como inferiores) guerrillas “patrióticas” de Juana Azurduy y su esposo Manuel Ascencio Padilla, nos puede dar una idea de la desproporción en las lealtades. Al mismo tiempo, tenemos en Chile a los caciques araucanos ofreciendo sus servicios al general realista Pareja en Talcahuano en 1812 para combatir a los “señoritos” de Santiago. Y lo hicieron muy bien, a pesar de la ferocidad desmedida de los “patriotas”, violando todo tipo de derechos humanos… En la misma Nueva España, donde la Revolución se vistió de ropajes indigenistas desde un primer momento, el apoyo de los indios al régimen virreinal fue importantísimo, conformándose un nutrido Cuerpo Patriótico de Voluntarios de Fernando VII en la capital mejicana y resistiendo a los insurgentes las principales gobernaciones indígenas…/… En la Puna los indígenas se mantuvieron neutrales, aunque colaborando con mejor predisposición con los realistas. Por lo menos hasta que, en 1814, el Marqués de Tojo fuese “llamado” a Buenos Aires y, en extrañas circunstancias, a su regreso un año después, ayudara a Güemes sublevando Yavi, Humahuaca, Tarija, etc. Pero apenas tomado prisionero en noviembre del ’16, la situación cambia por completo: la Puna se tranquiliza y el cuartel general realista queda fijado en Humahuaca (punto de mayor concentración indígena en toda la Argentina en el 1800).

En Venezuela y Nueva Granada, los negros apoyaron masivamente la causa del Rey. “Se ha probado la organización de las milicias realistas en “castas”, como el famoso Batallón de Pardos de Arica o el Escuadrón de Dragones de Tinta. También sabemos que los negros de Chincha serían los preferidos para las unidades costeras. Sin embargo, tras las primeras bajas y ante la necesidad de cubrir la nómina de las distintas unidades, el sistema fue evolucionando hacia cuerpos amalgamados, compuestos en su mayoría de mestizos.”

Desde el principio, la proporción de americanos en las tropas españolas era abrumadora, y la traición de Riego no hizo sino  confirmar lo que venía sucediendo, y que nos presenta las guerras americanas sencillamente como un resultado de enfrentamiento entre patriotas, que luchaban a sus expensas, y separatistas, que combatían con el apoyo logístico, económico, político y militar del mundo anglosajón, que cobraría sus servicios con todo lo que había a su disposición: tierras, comercio, metales preciosos, productos naturales…

Y ya en plena derrota, esas fuerzas nacionales que nunca contaron con el apoyo desde la España europea, sencillamente porque se encontraba inmersa exactamente en el mismo proceso de descomposición que América, posibilitó el surgimiento de diversos movimientos autónomos decididos a morir en el empeño de defender la Patria. Así, en Chile, los caudillos Vicente Benavides, Juan Manuel Picó,  el coronel Senosiain y los hermanos Pincheira, con el apoyo de grupos mapuches y pehuenches prosiguieron la lucha por la Patria, como en la Nueva Granada la prosiguió Agustín Agualongo, o en el Perú Antonio Huachaca.

Vamos a intentar brindar un pequeño homenaje a los patriotas más significativos que  virilmente se negaron a admitir el sinsentido de la separación de la Patria. Se trata sólo de una cita; o más una incitación a la investigación histórica de sus gestas, hasta hoy condenadas al calificativo de bandidaje por parte de los lacayos que vendieron la independencia patria por unos tratados comerciales que les beneficiaron a ellos en exclusiva.

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