domingo, 10 de julio de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (16)

¿Y en la España europea? La acción británica contra España no se limitó a romper la Patria y a acaparar bajo su exclusivo dominio las fuentes de materias primas de América. También en la península cumplió con sus objetivos. El profesor Fernando Alvarez Balbuena señala que “España quedó destruida por la Guerra de la Independencia que causó como dice Nombela un millón de muertos, la pérdida de un siglo entero y la ruina económica y social de nuestro país, cuando ya «florecían» en Europa los altos hornos, las manufacturas con tecnología avanzada y diversos inventos que abarataban los costes, mejoraban los medios de producción y multiplicaban los beneficios comerciales. Entre tanto, ingleses y franceses lucharon en suelo español arrasando materialmente a España, en sus campos, en su incipiente industria, en su comercio y en sus ciudades, siguiendo las tácticas de «tierra quemada».”

La acción del Duque de Wellington; la acción de Inglaterra; la acción de los europeos fue unívoca: destrucción total de todos los medios españoles para conseguir la total sumisión de un pueblo orgulloso. Ejemplos se pueden encontrar en América con la destrucción de la pequeña industria naciente… Y ejemplos se pueden encontrar en España donde la deslealtad de quienes se presentaban como amigos queda patente, por ejemplo en el bombardeo ordenado por Wellesley sobre la industria textil bejarana, fuerte competidora de la industria inglesa, cuando no existían enemigos que combatir, o en la destrucción de la fábrica de porcelanas del Buen Retiro, cuando los franceses ya habían evacuado la ciudad.

Pero siendo nefasto todo lo expuesto, hay un detalle que es más importante y que resultaba imprescindible para que Gran Bretaña tuviese todos los hilos en la mano: la separación de los territorios, que evitaba una fluida correspondencia de los bienes producido en cada uno de ellos hacia los otros. Ahora, el mercadeo de estos productos estaba en manos de británicos, únicos que tenían acceso a todos los puntos, por las relaciones de clientelismo creadas con la metrópoli (ahora sí podemos hablar de metrópoli). Abonando ese extremo, Tulio Halperin Donghi señala que “ahora la fragmentación del antiguo imperio había separado a zonas enteras de sus fuentes de metal precioso (es el caso del Río de la Plata, despojado en quince años de casi todo su circulante); aun en zonas que las habían conservado, el ritmo de la exportación, más rápido que el de producción, podía llevar al mismo resultado: así ocurría en Chile luego de la independencia; productor de plata y oro, el nuevo país no podía conservar la masa de moneda, sin embargo tan reducida, necesaria para los cambios internos.” 

 “Desde el comienzo de su vida independiente, esta parte del planeta parecía ofrecer un campo privilegiado para la lucha entre nuevos aspirantes a la hegemonía. Esa lucha iba a darse, en efecto, pero -pese a las alarmas de algunos de sus agentes locales- la victoria siempre estuvo muy seguramente en manos británicas. Las más decididas tentativas de enfrentar esa hegemonía iban a estar a cargo de Estados Unidos -aproximadamente entre 1815 y 1830- y a partir de esa última fecha, de Francia. ” 

Entre los carroñeros se estaba produciendo una lucha frenética por obtener la mejor tajada, pero la experiencia es un grado. Así, “la diplomacia británica se deja adular y utiliza su posición para consolidar los intereses de sus súbditos, amenazados, luego de 1815, por una ola de impopularidad creciente. En la década siguiente va a consolidar aún más esa situación privilegiada, haciendo pagar el reconocimiento de la independencia de los muchos estados con tratados de amistad, comercio y navegación que recogen por entero sus aspiraciones. En ese momento la hegemonía de Inglaterra se apoya en su predominio comercial, en su poder naval, en tratados internacionales” .

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