domingo, 17 de julio de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (17)

Unos tratados de amistad y comercio que hacen ruborizar a quién se toma la molestia de leerlos. Por ejemplo, y sólo como ejemplo que da perfecta muestra del cariz del tratado, Inglaterra tendría acceso a todos los puertos marítimos y fluviales de las Provincias Unidas, y en justa reciprocidad, las Provincias Unidas podrían hacer lo mismo en los puertos ingleses siempre que lo hiciesen en barcos construidos en astilleros de las Provincias Unidas. Claro, da la casualidad que en esos momentos las Provincias Unidas carecían de embarcaciones y los astilleros, tras la guerra, estaban por desarrollar. Con una particularidad, que cuando comenzasen a desarrollarse lo harían bajo la órbita inglesa.

Pero no se acaba en las Provincias Unidas esta actividad, sino que se extiende a lo largo de todo el continente. Así, el ministro británico Ward señala que “el México independiente deberá seguir importando más que el colonial, puesto que su producción artesanal textil no puede competir con la importada.” 

Un México en el que, conforme a lo señalado por Tulio Halperin, a principios del siglo XVIII contaba con el “centro textil de Puebla, donde la organización en manufacturas es antigua. Su producción se destina sobre todo al mercado interno, al que domina por entero en los sectores populares.”  Con la intervención británica, todos los inconvenientes que pudiese tener el sistema iban a desaparecer ante la inundación de productos confeccionados en Inglaterra y la eliminación de la producción propia.

En este mismo orden, Leslie Bethel señala que cuando los movimientos separatistas comenzaron a sentirse en Perú, “los inversores ingleses participaron del entusiasmo de los productores y los comerciantes porque percibieron la posibilidad de invertir sus capitales en la explotación de los legendarios yacimientos de metales preciosos. En los años inmediatamente posteriores a la independencia se crearon cinco compañías con el propósito específico de dedicarse a esta actividad: la Chilean and Peruvian Association; Potosí, La Paz and Peruvian Mining Association; Pasco Peruvian Mining Company; Peruvian Tra-ding and Mining Company, y la Anglo-Peruvian Mining Association. Las cuatro primeras contaban con un capital de 1.000.000 de libras esterlinas y la última con 600.000.”

Esta “ayuda” británica, además de los enfrentamientos entre pueblos hermanos consiguió la total sumisión de todos ellos. Así, en Perú y “hasta la guerra con Chile en 1879 la exportación del capital normalmente se realizó bajo préstamos a largo plazo al gobierno peruano. El primero fue decidido por San Martín (agente británico) en 1822. Sus enviados especiales Juan García del Río y el general Diego de Paroissien obtuvieron de la casa Thomas Kinder un empréstito por 1.200.000 libras esterlinas. Se fijó un interés del 6 por 100, una comisión del 2 por 100, el precio de los bonos al 75 por 100 y un plazo de amortización de 30 años. La garantía de este empréstito estuvo constituida por las rentas de las aduanas y de la producción de plata. Dos años más tarde, Bolívar (agente británico) comisionó a Juan Parish para levantar un nuevo empréstito por 616.000 libras esterlinas, con un interés del 6 por 100 y un precio del 68 por 100. De este monto, la suma efectivamente recibida por el Perú fue solamente de 200.385 libras esterlinas,  aunque quedaba obligado a devolver el monto del empréstito nominal. Estos empréstitos se gastaron básicamente en el mantenimiento del ejército extranjero que colaboró en las campañas por la independencia. El estancamiento de la economía peruana no permitió al gobierno atender la deuda exterior a partir de 1825.”

Como consecuencia de esta insolvencia, el primer país productor de oro se encontró que “en 1848 los intereses acumulados ascendían a 2.564.532 libras esterlinas, es decir, que el monto global de la deuda era entonces de 4.380.530 libras esterlinas…/… Hacia 1872, pues, el Perú tenía una deuda extranjera de cerca de 35.000.000 de libras esterlinas que producían una carga de amortización anual de 2.500.000 de la misma moneda.”

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