domingo, 24 de julio de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (18)

Evidentemente no fue sólo Perú. Al respecto, el doctor Jorge Francisco Cholvis señala que “desde que la mayoría de los países de América Latina [sic] obtuvieron la independencia en las primeras décadas del siglo XIX, varias decenas de suspensiones de pagos tuvieron lugar durante las cuatro grandes crisis de la deuda. Entre 1826 y 1850, en la primera crisis, casi todos los países del continente detienen sus pagos. Un cuarto de siglo más tarde, en 1876, once naciones de América Latina [sic] entran en cesación de pagos. La tercera duró de 1931 hasta finales de los años 1940 y en ese período 14 países decretan una moratoria. La cuarta aún en curso estalló en 1982 y desde ese año hasta el 2002, México, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil y Argentina interrumpen en algún momento el reembolso por un período de varios meses.”   Y en la actualidad, sólo hay que escuchar los noticieros.

Se estaba cumpliendo al dedillo el plan Maitland, y el historiador ecuatoriano Francisco Núñez Proaño nos señala que “sin dilaciones la industria quiteña había sido arruinada a lo largo del proceso de la guerra civil entre 1809 y 1824, curiosamente siguiendo los planes del mentado plan inglés de humillar a España. “Quito perdió su principal industria por razones fuera de su control… Los métodos tradicionales de producción y de transporte cayeron víctimas de la política liberal de intercambio transatlántico…” señalaría el investigador histórico Robson Brines Tyrer. Los datos de las exportaciones lo revelan, desde 1768 estas se redujeron en un 64%. Los astilleros de Guayaquil, floreciente durante los dos siglos anteriores, producían en 1822 un tonelaje inferior en dos tercios a su mejor período. Las armerías de Latacunga (cuya calidad de pólvora tanto admiraba Humboldt) y los obrajes de Otavalo no son más que sombras de lo que fueron hacia solo 40 años.” 

“Las exportaciones comenzaron a limitarse a productos de tipo agrícola, y comenzaba la expansión del comercio inglés en Quito y toda Sudamérica. La primera globalización económica. Las poderosas factorías británicas se encontraban paradójicamente necesitadas de conquistar el mundo para poder subsistir, consecuencia del capitalismo y de la ética protestante, que veía en el lucro el signo de predestinación.  La economía debe subordinarse a la política, pero para la mentalidad moderna y capitalista la política debe someterse a la economía; la ayuda de la gran gerencia de las compañías comerciales anglosajonas, también conocida como corona británica, al prestar apoyo indispensable a la secesión o independencia intentaba no solo acabar con la geopolítica hispana sino y sobre todo alcanzar la hegemonía económica en el continente americano primero y en el mundo después.” 

Evidentemente, para la cumplimentación del plan Maitland se hacía necesario que toda esta situación estuviese muñida por los agentes británicos, gracias a cuya labor de zapa, dice Leslie Bethel que “desde los primeros años de la década de 1820, a lo largo de América Latina se fue estableciendo un sistema más regular respaldado por una serie de tratados comerciales (que fueron impuestos sin posibilidad de negociación como una precondición para conseguir el reconocimiento británico de la independencia) firmados con los nuevos estados que garantizaban la libertad de comercio.”

Tratados comerciales que ya habían sido previstos en el memorando de Maitland, que destacaba sobre ellos los efectos beneficiosos que reportarían a la Gran Bretaña: “Desde un punto de vista comercial, esto no sólo vertería sobre Inglaterra la masa de mercancías producidas y acumuladas en aquellos ricos territorios, sino que abriría una fuente de exportaciones para las manufacturas británicas, tan extensa como beneficiosa. Con la posesión de Buenos Aires, además de abastecer inmediatamente a todas las colonias españolas de este lado, infaliblemente nos abriríamos una vía indirecta hacia todos los asentamientos portugueses en Sudamérica…/…El objetivo ulterior de alentar la declaración de independencia por parte de esas colonias debe ser materia de posterior consideración pues al presente no tenemos información para adentrarnos en eso ni base sólida para formarnos un juicio cuidadoso…/… El mejor, el más honorable y más seguro modo de asestar un golpe fatal a los intereses de España en el Nuevo Mundo sería simplemente crear una entrada libre a nuestras manufacturas”. 

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