viernes, 22 de julio de 2016

España bajo el Islam (9)

La batalla de Covadonga significó, sin duda, el fin del empuje árabe, que llevaba invicto nueve décadas… Y el principio de una España nueva.


El lugar de la batalla fue metódicamente escogido; las tropas españolas no podían hacer frente a los moros en ningún otro lugar. Ideal por ubicación para lucha de guerrillas, un lugar dedicado de antiguo al culto de la Virgen, brindaba sus rocas escarpadas como coraza y como atalaya para una batalla desigual. Es el caso que el general Alqama, con una hueste de algunos miles de hombres, desconocedor del país y sin guías de confianza se adentró por el valle que lleva a Covadonga, donde le esperaba Pelayo. Entonces el obispo Oppas, ya primado de Toledo, intentó comprar la voluntad de Pelayo, pero no resultó la artimaña. Era el 28 de Mayo del año 722.

Las flechas de los invasores rebotaban y caían sobre ellos mientras los españoles atacaban los flancos de un ejército que por exigencias del terreno se encontraba alargado en un largo trecho, sin posibilidad de maniobrar. Se dividió el ejército, y la retirada, sin orden, significó un acicate para los españoles, que masacraron a los invasores. Los que huyeron, por medio de los maravillosos paisajes de los Picos de Europa, acabarían sus días al llegar a la Liébana.

Oppas fue apresado por las tropas españolas, y Munuza, que residía en Gijón, alarmado por el resultado de la jornada decidió abandonar aquella tierra, pero en su retirada fueron nuevamente atacados y aniquilados.

Fue Pelayo, según el despensero mayor de la reina doña Leonor, esposa de Juan I de Castilla  “muy buen rey, é muy amado de los suyos, é mostró Dios por él muchos milagros en las lides que él com los moros fizo, en guisa que siempre fue vencedor”. Sin embargo, el título de rey no era ostentado por Pelayo, que era conocido como “princeps”. El título de rey no se consolidaría hasta Alfonso II, y es que en realidad, el reino de Asturias no se consolidó hasta que éste ascendió al trono.

A Don Pelayo, que no protagonizó nuevos enfrentamientos con los invasores, y parece que dedicó su existencia a organizar su pequeño reino, le sucedió en el trono su hijo Favila, que fue elegido por los nobles, al estilo de la monarquía visigótica, según  se deduce del sumario del despensero.  Esto sucedió el año 737.

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