martes, 26 de julio de 2016

Guerra de secesión de Portugal (5)

Pero ese era el menor de los problemas, ya que la acción de contrabandistas y esclavistas de Brasil quedaba fuera del paraguas del derecho español; así, “en la década de 1630, el Conde de Chinchón, desde su puesto de Virrey del Perú, desesperado ante los ataques de los bandeirantes paulistas a los indígenas del Paraguay, llegó incluso a proponer a Madrid que el Consejo de Portugal comprase Sáo Paulo para la Corona, único medio que él consideraba viable para sujetar “a esas gentes de San Pablo que no obedecen a Dios ni al Rey”, pues, a la luz de los hechos, resultaba evidente que aquella población estaba en manos de señores particulares.”

Y es que el Virrey del Perú venía sufriendo las actividades de los bandeiristas desde hacía una década. “Desde los años 1620, varios exploradores lusos comenzaron a remontar la corriente del Amazonas cada vez mas hacia el interior, contando, como en las expediciones de los años 1626 y 1633, con la autorización expresa de Madrid. A pesar de la preocupación desatada entre los colonos españoles ——quienes veían a su propio rey echar a un lado las célebres capitulaciones de Tordesillas que en 1494 habían establecido los límites que correspondían a portugueses y castellanos en América, Felipe decidió seguir adelante con esta política. Sólo en 1637, cuando el Gobernador de Maranhño decidió fundar un asentamiento luso 1.500 millas al oeste de la línea de demarcación, Madrid reaccionó ordenando de inmediato su detención y envío a Lisboa, donde un tribunal acabó por absolverlo.”  Evidentemente, bajo el reinado de Felipe II no se respetó el tratado de Tordesillas… ni en el tratado de Tobar, pero nunca en detrimento de los intereses de Portugal, sino en beneficio de la unidad nacional.

Pero además, el nacionalismo portugués acusaba a la corona hispánica de desatender la defensa de las costas de Brasil, que sufrían constantes ataques de las armadas europeas, y de los piratas al servicio de las mismas. Desde el tratado de los Doce Años con los rebeldes holandeses, éstos desarrollaron fuertemente su armada, lanzándola a hostigar las posesiones españolas (en muy especial grado las portuguesas) en Asia y en América, y esta situación de riesgo evidente, con los holandeses instalados en Curaçao y con la toma que hicieron de Bahía, fue presentada por los nacionalistas portugueses como desidia de la monarquía hispánica.

Pero, “contra la interpretación tradicional dada por la historiografía nacionalista portuguesa, no parece que la amenaza holandesa en Brasil contribuyera a distanciar a los moradores de la colonia respecto a la Casa de Austria, sino más bien al contrario. Al menos, visto desde las tierras brasileñas, el esfuerzo que Felipe IV estaba realizando para impedir el menor triunfo de los bátavos (los holandeses) en las Indias resultaba indiscutible.” 

Parece, eso si, que la actividad de los nacionalistas portugueses se aliaba con los enemigos tradicionales, apoyando los argumentos que más cuadraban con sus intereses, sin atender que los mismos se atuviesen a la verdad. Lo que interesaba era enfrentar al pueblo español entre sí al objeto de sacar beneficio a su costa. Un ensayo de lo que en el siglo XIX realizarían con la independencia de América donde crearon veinte naciones, enfrentadas entre sí, con el apoyo de militares ingleses en aquellos puntos que les interesaba consolidar, y procurando privar a unos de las materias primas que producían otros, y que serían servidas, a conveniencia, por empresas dependientes del Imperio Británico. Y esto, hasta hoy mismo.

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