sábado, 23 de julio de 2016

La caída del Imperio Romano (5)

Por su parte, el emperador Honorio seguía teniendo como propios los éxitos de Walia, a quién perdonaba los constantes excesos que ejercía sobre la población galo-romana, motivado principalmente por el desorden reinante en su corte, que le hacía estar más pendiente de su propia supervivencia que de cualquier otra cuestión. El año 420 murió Walia, habiendo constituido un imperio que iba desde Tolosa al Atlántico, y es que el sentimiento de unidad, ya presente durante el Imperio Romano, no dejó de estar presente durante la Edad Media.

Le sucedió Teodoredo, durante cuyo reinado fueron expulsados los vándalos, que pasaron a piratear las costas de Mauritania, donde finalmente se asentaron, conquistando posesiones que anteriormente eran romanas. Fueron señores, entre otras ciudades, de Hipona, que fue conquistada el mismo año que moría, en esa misma ciudad, su obispo, San Agustín. Mauritania y parte de Numidia pasaba a su exclusivo poder, con el reconocimiento del Imperio, que se formalizaría en 435.

El año 423, a la muerte de Honorio era nombrado emperador Valentiniano III, hijo de Gala Placidia, y los visigodos veían cómo se les seguía perdonando excesos como la toma de Arlés y la práctica anexión de Septimania. Puede considerarse que este es el momento real de la total independencia del reino visigodo de Tolosa. Los visigodos son los encargados del nombramiento de jueces y gobernadores (comes).

Ya sólo quedaban en España hispano-romanos, suevos y visigodos. Los suevos conquistaron la Bética y la Lusitania, y perseguía ferozmente al cristianismo y a los hispano-romanos; mientras, la división del pueblo se mostraba en todos los lugares, y el nombre de “romano” comenzaba a ser despreciado, y comenzaba a florecer en vascongadas un grupo humano conocido como “bacaudos”, que renunciaba a todo y practicaba la delincuencia; los mismos que corriendo los años provocaría levantamientos contra el reino visigodo.

A este propósito escribe Salviano: ¿Por qué otra causa son bacaudos y desertores de su patria, sino por nuestras injusticias, por la iniquidad de los jueces, por la codicia de aquellos que han invertido en beneficio propio los caudales exigidos bajo pretexto del bien público…?... Por tales tropelías y por la violencia de los jueces, ha sucedido que los hombres agobiados y casi muertos, ya que no se les permitía vivir como romanos, han querido ser lo que eran… Perdida su libertad, han debido salvar su vida, y se han hecho bacaudos”.

En esta mitad del siglo V, el pueblo abandonaba Roma para unirse a los invasores visigodos, en los que encontraban más apego a las costumbres tradicionales hispano-romanas. Esto explica el definitivo arraigo de los visigodos, que no se vieron hostigados como los suevos, vándalos y alanos. El Imperio había muerto a sus propias manos, por sus propios vicios, y el orgullo de llamarse romano había desaparecido.
Por otra parte, mientras también la esclavitud había desaparecido, comenzaba a tomar cuerpo la servidumbre. También lo denuncia Salviano: “Despojados de sus bienes, quédales únicamente su propia persona, y no tardan en perder lo único que habían salvado; arriéndanse ellos y sus hijos para cultivar las tierras ajenas y venden su libertad por algunas medidas de trigo y un asilo”.

Había también entre los godos, como en tiempo de los romanos, nobles y plebeyos, siervos y señores, patronos y libertos. Si bien los godos no abolieron absolutamente la esclavitud romana que hallaron establecida, modificaron por lo menos y mejoraron su condición. La esclavitud pasó a ser servidumbre, que relativamente fue un adelanto social. Distinguíanse cuatro clases de siervos : idóneos, viles, natos y mancipios. La diferencia en las dos primeras la constituía la mayor capacidad de los siervos, y el empleo ó ministerio más ó menos elevado a que el señor los destinaba… la ley cristiana de los godos hizo un bien inmenso con abolir el derecho que sobre la vida y el honor de los esclavos tenían los antiguos señores romanos.

Como en otras ocasiones en la Historia, fue el enemigo interior quién acabó con el Imperio. Las ciudades eran abandonadas por los ejércitos romanos, y sistemáticamente ocupadas por los visigodos, que eran bien recibidos por el pueblo, harto de la corrupción que había acabado con el Imperio.

Pero por el contrario, algunos aspectos de Roma habían calado ya en los visigodos; así, Teodoredo (Teodorico I), dictó las conocidas “Leyes de Teodorico”, cuyo texto no se ha conservado, pero que los historiadores deducen que debía tratar cuestiones de reparto de tierras, así como el aposentamiento militar, según el cual, el huésped militar recibía una tercera parte de la finca en que se instalaba. Derecho de conquista, sí, pero más suave que el que tres siglos después sería aplicado por los nuevos invasores, que por cierto, empezaron siendo bastante más ventajosas para los invadidos que las aplicadas por los visigodos.

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