jueves, 28 de julio de 2016

La cuestión judía en la España Visigoda (V)

Y todo tenía una base que se expresa en el Canon 7 del Concilio X, donde se señala que las ordenanzas judías les ordenan que “sí redimieres á tu hermano hebreo, te servirá siete años, y después le permitirás que marche libre; lo que sin duda alguna sabemos que se cumple por ellos”… Y acaba el razonamiento señalando que ¿Y que cosa peor ni mas ruinosa existirá para nosotros como la de que los enemigos de Dios quieran mas bien cumplir con sus preceptos, que no los eluden por ninguna razón, cuando nosotros que nos congratulamos de haber sido redimidos por el precio de su sagrada sangre no los cumplimos?”

Medidas que, parece, respondían a “las constantes denuncias de corrupción de nobles, obispos o sacerdotes pagados por judíos y su prohibición tanto en la legislación civil (LV., 12, 3, lO) como en la conciliar, han llevado a numerosos autores a considerar que fueron fundamentalmente comerciantes de medio o gran alcance, sobretodo de esclavos o mercancías.”

Sisebuto “mandaba que fuesen restituidas a la corona todas las rentas, beneficios o donaciones, obtenidas con engaño de los reyes que le habían precedido: en cambio declaraba una y otra vez que los judíos conversos, no solo tenían la aptitud legal para heredar a sus mayores, sino que debían conservar íntegramente todos sus bienes, admitidos ya en la comunión católica.” 

Afirmaciones como la precedente vienen a señalar que, efectivamente, la legislación contra los judíos no era una legislación racista, sino una legislación tendente a cortar el poder de las oligarquías, entre las que evidentemente, la oligarquía judía jugaba un papel preponderante. Si sustituimos la palabra “judío” por la palabra “usurero”, o “sectario” obtendremos una legislación que ya no podrá ser catalogada de racista ni antisemita, y sin embargo será de aplicación a las mismas personas. El hecho de que se señale específicamente que los judíos conversos quedaban libres de esa ley parece prueba suficiente de lo afirmado.

 “Los reyes visigodos gobernaron en un escenario en el cual la capacidad de dominación efectiva careció de estabilidad… batallas contra los vascones, astures, cántabros, suevos, francos, bizantinos y musulmanes, y del mismo modo, los levantamientos aristocráticos domésticos lograron quebrar el sistema de dominación regio, cuestionando así la legitimidad del monarca reinante, y produciendo un desgaste de energía y recursos por parte de la corona.”

La monarquía visigoda se resquebrajaba; “el resentimiento de la nobleza y del obispado hacia el rey era muy grande, y a inicios del reinado de Recesvinto estalló una revuelta de grandes dimensiones que se extendió por el valle del Ebro. Protagonizada por exiliados (refugiae) tuvieron como jefe a Froya, contando con la colaboración de la gens vasconum que cayeron, según Tajón (sucesor de San Braulio), sobre las tierras del Valle Medio del Ebro y las devastaron, tomaron cautivos, saquearon iglesias, consiguieron un rico botín y pusieron sitio a Zaragoza. Chindasvinto sofocó la rebelión rápidamente rompiendo el cerco y dando muerte a Froya, con la ayuda de una nobleza que comenzaba a demandar y a exigir una revisión de las medidas tomadas por Chindasvinto,”  que había ejercido de rey con características de tirano.

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