viernes, 8 de julio de 2016

La representación política en el Islam (4)

La ciudadanía es el segundo pilar de la nación islámica.

La sharia, o ley de Alá señala que los ciudadanos deben ser musulmanes, aunque también pueden ser no musulmanes. Esta aceptación es una muestra de benevolencia; no es el reconocimiento de ningún derecho, sino la concesión de un privilegio cargado de cortapisas.

En el caso de los ciudadanos no musulmanes, manifiestamente ciudadanos de tercera categoría, se dividen en dos tipos: Ahlu-dimah y musta´minun. Los  Ahlu-dimah son los judíos y cristianos que acceden a  un acuerdo con el gobierno para que su religión no sea perseguida a sangre y fuego (la sharia, al respecto habla de protección de la religión) y sus bienes no sean incautados; entre sus obligaciones está el pagar la "yizia", no vender cosas prohibidas en el islam y no prohibir que si alguien de sus familiares quisiera convertirse al islam lo haga. Por su parte tienen prohibido hacer acólitos, y la apostasía del islam está sancionada con la muerte (Sura XVI, 106) .  Por su parte, los musta´minun son de cuatro tipos: mensajeros, comerciantes, arrendatarios y turistas o quienes tienen alguna necesidad en la nación; no tienen la obligación de pagar la "yizia" debido a que residen en el territorio sólo por un tiempo determinado, y por supuesto no pueden dar ninguna muestra externa de pertenencia a otra religión que no sea el Islam.

El tercer pilar es el Territorio: es donde vive la ciudadanía; los alfaquíes dividen los territorios en dos: territorio islámico y territorio no islámico.
En el territorio islámico será de aplicación la sharia, y en territorio no islámico, los islamistas deberán seguir las instrucciones emanadas del Corán: “Que no tomen los creyentes como amigos a los infieles” (3:28) (4:144). Y más “Los infieles son para vosotros un enemigo declarado” (4:101) Y más: “para los infieles tenemos preparado un castigo humillante” (2:90) ideas idénticas: (2:104) (4:151) (1:161) (9:3) (39:71) (41:27) (41:50) (42:26) (48:25) (58:4)(58:5) (67:29) ¡Que no crean los infieles que van a escapar! ¡No podrán! (8:59). Combate contra los infieles (9:73) (9:123) No obedezcas, pues, a los infieles y lucha esforzadamente contra ellos (25:52) (33:1) (33:48) Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra (47:4) ¡Combate contra los infieles y los hipócritas! ¡Muéstrate duro con ellos! (66:9) Para los infieles hemos preparado cadenas, argollas y fuego de gehena. (76:4) Ese día, los creyentes se reirán de los infieles (83:34)

La relación de aleyas es de aquellas que el Corán indica una acción concreta; una orden de actuar a los musulmanes. Hay muchas más referencias condenatorias, vejatorias y demostrativas de odio; literalmente demostrativas del odio que lleva implícito el Corán; odio que con esa misma palabra es manifestado de manera reiterada como sentimiento de Alá en concreto hacia los infieles.

No es que los infieles se encuentren discriminados políticamente de los fieles; es otra cosa.

El cuarto pilar es la autoridad. En cuanto al asunto de la autoridad se adopta un concepto más cercano a la aristocracia que a la democracia, aunque con el añadido del sometimiento absoluto, la figura del mandatario, y desde los concepto clásicos, el sistema de gobierno más que aristocrático bien puede entenderse como tiránico.

Históricamente, tras la muerte de Mahoma el 8 de Junio del año 632, En el territorio islámico, es  nombrado califa Abu Bakr y a la muerte de éste, en 634 es nombrado Umar, que junto a su sucesor Utman constituyen el grupo de califas ortodoxos, y es a ellos, al emir y al  imam a quién debe obedecer el pueblo musulmán; el Corán encomienda que se les obedezca,[58] siempre y cuando no contradigan las leyes del islam. Así, la sura 4, aleya 59 señala: “¡Creyentes! Obedeced a Alá, obedeced al Enviado y a aquéllos de vosotros que tengan autoridad. Y, si discutís por  algo, referidlo a Alá y al Enviado, si es que creéis en Alá y en el último Día. Es lo mejor y la solución más apropiada.”

La forma en que son elegidos son tres: por consulta o elecciones entre los eruditos de la ley (de ahí mi afirmación primera de gobierno aristocrático), si bien la costumbre es que  el emir elige a su sucesor, o a través de un golpe de Estado, y estas son las formas históricas más asentadas (motivo por el que señalo que es tiranía).

La autoridad político-religiosa máxima en el islam es el califa, elegido entre los creyentes. El último califato, el otomano, desapareció en 1924. En segundo lugar se sitúan los emires, que son los distintos príncipes islamistas (pensemos en los emiratos árabes), y a continuación le siguen el jeque, que es un título aplicado a líderes religiosos o políticos a nivel local , el alcalde y el imán, que en principìo puede ser cualquiera que dirija bien la oración, y que lo será sólo mientras dirija la oración, aunque en la práctica no es exactamente así. En la mente de todos está la existencia de Imanes que se han significado en otro sentido; de hecho, para los chiíes, el Iman sí es un personaje dirigente, un guía religioso que generalmente es nombrado por la propia comunidad. Existe de todos modos una serie de sabios, los ulama y alfaquíes, que tienen el mismo tipo de autoridad social y religiosa que el clero en otras religiones.

¿Y dónde queda la “Consulta” que últimamente es destacada por algunos?. Respecto a este asunto la Sura 42 aleya 38 dice: Escuchan a su Señor, hacen la azalá, se consultan mutuamente… Pero así como otras cuestiones son remarcadas en el Corán hasta en centenares de ocasiones, ésta tiene sólo esta única referencia.

Sí, una única referencia en el Corán. No obstante es digna de ser tenida en cuenta por la importancia que la misma está teniendo en los últimos tiempos. Es en esta única referencia en la que se basan los “hermanos musulmanes” para decidir que un gobierno islámico es una democracia representativa  limitada por la “sharia” . Pero es el caso que aplican condiciones sumamente interesantes, como es el hecho de que las campañas no las puede dirigir cada candidato, sino que son expuestas por un ente neutral, lo cual garantiza igualar las posibilidades de los candidatos, a quienes se les exige integridad moral (integridad moral musulmana, por supuesto). Pero es la forma la que quiero reseñar como novedosa.

Cuatro pilares de representación, que, en principio, parecen de una lógica más aceptable que otros conceptos representativos que se nos presentan como inamovibles.

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