sábado, 30 de julio de 2016

Nada en común (V)

1962

La evolución económica de la España de los años sesenta estaba marcada por la emigración y el desarrollismo. José Antonio Girón, a la sazón ministro de Trabajo, despedía importantes contingentes de trabajadores que, con contrato de trabajo, se desplazaban a trabajar a Alemania. Nada que ver con la inmigración sufrida por España en los últimos años del siglo XX y primeros del XXI.

A nivel interno, y durante esos mismos años, también se produjo una gran migración provocada por la transformación económica en que se había envuelto España. El desarrollismo se concentró en las Provincias Vascongadas, cinturón industrial de Barcelona, y Madrid. Todo el esfuerzo nacional se volcó en esos tres polos de desarrollo.

La España agrícola cedía paso, de manera decidida, a la España industrial. La España agrícola sucumbía. Quien quería aplicarse a los tiempos y acometía la mecanización del campo tenía mucho por delante que hacer. Todas las posibilidades eran suyas.

Todas las posibilidades, y desgraciadamente todos los riesgos. El padre de Cesáreo acometió la mecanización de la agricultura, y todas las circunstancias se aliaron en contra de él. Una mala cosecha, una gravísima avería en el tractor, y la voracidad de los bancos, siempre alejados de las necesidades de las personas, siempre esperando la carroña, como buenos buitres, provocaron la huída del campo a la ciudad de una familia
que por naturaleza estaba destinada a ser elemento esencial de Gascueña. Febrero de 1962 fue el año.

El cambio resultó espectacular. Pasaban de una inmensa casa donde cabían todos: familia, mozos, caballerías, cerdos y gallinas, a una vivienda de 60 metros cuadrados donde ocho personas debían acomodarse en dos habitaciones porque la tercera se dedicaba a taller de montaje de molinos de café, y de donde saldría el pago de las obligaciones contraídas con los bancos.

Hubo días en los que se montaban hasta 800 molinillos de café, que se cobraban a 5,25 pesetas por unidad. El padre de familia dejó sus funciones de empresario agrícola y tomó las funciones de mozo de cuerda. Tiempos difíciles.

Los molinitos seguían en casa, y al día siguiente debían entregarse, doscientos, cuatrocientos... ochocientos. Indefectiblemente eran entregados.

Confeccionar ochocientos molinitos de café, en un día y con los condicionantes citados, no es tarea fácil. Y sin embargo es posible. La voluntad humana es capaz de grandes cosas.

El primer día en Barcelona no fue del todo del agrado de Cesáreo, y es que un chiquillo que estaba de visita en un piso vecino, le espetó al cruzarse en la escalera: “ets de poble”. A Cesáreo se le quedó la cara a cuadros. No entendió, pero le pareció que quién le dijo aquello era un gilipollas, y cosa extraña, se calló y retuvo la expresión para preguntar sobre la misma. Transcurridos los años, extrañamente, no se le había
olvidado.

Ets de poble. Eres de pueblo. Y a mucha honra, hubiese respondido Cesáreo caso de haber conocido el significado.

Siempre fue de pueblo. Seguía siendo de pueblo en éste instante decisivo de su vida. La cultura agraria que inundaba su ser era la culpable de la actual situación. ¿Por qué no era condescendiente? ¿Por qué no callaba y dejaba pasar? ¿Por qué no se ocupaba de vivir y dejar que los demás murieran?

Porque seguía teniendo la cultura agraria de la España inmortal; una cultura agraria y guerrera que había hecho difundir por medio mundo la cultura hispánica, cristiana, que conformaba el espíritu de Cesáreo y que había sido erradicada por unos políticos, de izquierdas y de derechas, eminentemente enemigos de España.

Unos políticos que, ajenos al espíritu de España, primero alejaron la España política de la Hispanidad, obligando al pueblo a reinterpretarse como europeos, cuando la verdad histórica, bien alejada de esa voluntad interesada de los enemigos de España, se encuentra más cercana de los intereses de Perú, de Filipinas o de Argentina que de los intereses de Francia, Alemania o Inglaterra, por ejemplo.

Ets de poble. Siempre fue de pueblo, siempre fue universal, porque el pueblo español no es el que se siente atado a la gaita y al arroyo. El pueblo español es el que se derrama por el mundo; el que vierte su sangre por salvar a la Humanidad. Ahora Cesáreo demuestra que, evidentemente, “és de poble”.

Antes tronchado que doblado; antes muerto que transigiendo una mentira. Y esa voluntad se va a cumplir en breve. Cesáreo dejará de existir en éste mundo. Y todo para hacer cumplir la legalidad vigente... Y todo por negarse a aceptar lo establecido.

Con lo fácil que resultaría salvar la cuestión renunciando a los principios cristianos, humanistas y españoles, y sin embargo, cabezón, se obceca en los mismos. Además, ni tan siquiera es necesario que proclame que renuncia a tales principios. Lo que debe hacer, sencillamente, es callar. Ni tan siquiera se le exige mentir; decir que la eutanasia, el aborto, la homosexualidad, la mentira, la traición, la pornografía, el vicio, lo sucio...
son derechos humanos irrenunciables. Tan solo debe callar. Nada más. Pero inequívocamente, “és de poble”, y eso no tiene salida en la sociedad libre y democrática que-nos-hemos-dado-a-nosotros-mismos.

¡Se lo han dicho tantas veces! Se lo han dicho auténticos amigos. Se lo han dicho seres queridos. Le ha costado social y profesionalmente a lo largo de su vida, pero siempre se ha negado a doblegarse.

Para fomentar el espíritu de superación, no faltó en la vida de Cesáreo constantes argumentos.

Desde la ventana del comedor podía observarse una barraca habitada por una familia completa. Saliendo por la puerta principal, a escasos diez metros, en un minúsculo barranco donde terminaba la calle Santapau de Barcelona, otra familia ocupaba otra barraca.

Ni una ni otra duraron mucho tiempo. El desarrollo urbanístico de Barcelona se las tragó, pero esa realidad también marcó la esponja espiritual de este niño que iba creciendo en medio de una serie de dificultades que las tomaba como naturales, de las que nunca se lamentó, que no le restaron felicidad y alegría a la vida, pero que le marcaban claramente la diferencia existente entre felicidad y bienestar.

El desarrollo urbanístico de Barcelona, como el de las principales ciudades españolas, estaba enmarcado en el desarrollo general de España, que inequívocamente se producía a expensas de la España rural.

Pero no era sólo la economía y el desarrollo lo que en aquellos momentos se estaba produciendo. Estamos en 1962, y el régimen quería entrar en el Mercado Común, a pesar de que el informe Bilkerbach exigiese que acceder al mismo, el país debía gozar (o padecer) de un régimen democrático.

En esa situación, en Munich, auspiciados por los demócratas europeos, 118 españoles se reunieron en el Hotel Regina Palace para hablar del futuro político de España. Entre ellos, 38 procedían del exilio.

Ahí se marcaron las directrices que, transcurridos los años, demandaría “libremente” el pueblo español. Entre ellas se encontraba la atomización nacional mediante el “reconocimiento de la personalidad de las distintas comunidades nacionales”, y la monarquía.

El Contubernio de Munich, conforme a los análisis de los propios demócratas del momento, como Juan Pablo Fusi, Tuñón de Lara o Fernández de Castro, sólo sirvió para destacar “la insignificancia de la oposición democrática al franquismo”.

Era un paso más, en absoluto inconexo. Julio Cerón Ayuso, hermano de quien fuera ministro de comercio con Franco, José Luis Cerón Ayuso ya había iniciado la acción destructora, y en el seno de lo que más daño podía hacer al alma de los españoles: La Iglesia.

Entre 1953 y 1956, en Madrid, Barcelona, Santander, Sevilla y otras ciudades, se llevaron a efecto algunas reuniones en los locales de centros católicos obreros de las JOC y la HOAC. El diplomático Julio Cerón se relacionaba con gentes del exilio, y en Madrid entró en contacto con el cura Malagón, es decir, con los núcleos HOAC y JOC.

En un convento de monjas de Carabanchel comienzan a convocarse reuniones en las que Julio Cerón intenta agrupar, bajo el nombre de ‘Tomás Moro’, a los núcleos marxistas infiltrados en la Iglesia. Se empieza a hablar sobre marxismo y revolución, y se crea el FLP (Felipe), que participa decididamente en la organización de una supuesta huelga general convocada por los comunistas para el 18 de Junio de 1959.

Otros hechos de envergadura se sucedieron en España durante este largo 1962. Se nacionalizó el Banco de España; un nuevo gobierno, más tecnócrata, tomó las riendas; una huelga en Asturias y una cadena de atentados terroristas en San Sebastián, Madrid, Barcelona y el Valle de los Caídos, se confabulaban con las inclemencias del tiempo, que provocaban unas graves inundaciones en el Vallés barcelonés.

1 comentarios :

Toni dijo...

Me ha gustado muchísimo. El mismo espíritu de no doblegarse llevo conmigo y así intentaré seguir hasta mi muerte, luchadora y voluntariosa, fiel a mi tierra, a mi familia, a mi misma. Yo me crié en la ciudad pero procedo de padres emigrantes del campo que trabajaron muy duro y sin quejas, para educar y dar de comer a cinco hijos en un piso de 60 m2 de Madrid. Tuve muchísimo menos cosas que mis hijos, aún así viví muy feliz. Disfrutábamos del pueblo los veranos. Tios míos se fueron a Suiza, Barcelona .... Y yo ahora, estoy en México... y me alegro. Aprecio y quiero más a España y la conozco mucho mejor. Es maravillosa a pesar de los problemas políticos. Gracias a personas como usted me mantengo cerca de España. Intentará volver. Un abrazo y ánimo.

 
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