miércoles, 20 de julio de 2016

Siguiendo con la Guerra de Sucesión (VI)

Parece que la posibilidad cierta de controlar la totalidad de la monarquía hispánica sedujo más a Luis XIV que el cumplimiento de lo pactado con los otros enemigos de España cuando esa posibilidad era incierta. Así, es comprensible que tanto el emperador Leopoldo como Inglaterra se sintiesen traicionados al ver que no había voluntad de cumplir con lo previamente pactado, por lo cual, “el incumplimiento de los tratados de partición por parte de Luis XIV, que aceptó la sucesión de su nieto Felipe de Anjou al trono español con toda su integridad territorial, lanzó inmediatamente al emperador Leopoldo I a la guerra en Italia, mientras que Guillermo de Orange, rey de Inglaterra y estatúder de las Provincias Unidas, actuó con mayor cautela aguardando a recibir concesiones comerciales en el rico mercado americano.”  Ese fue el motivo por el que la guerra se produjo en unos primeros momentos tan sólo en las provincias italianas, dado que el imperio carecía de una armada capaz de atacar la España peninsular. Sólo cuando Inglaterra comprobó que sus aspiraciones particulares no tenían acceso a los despojos de España es cuando comenzó su hostigamiento.

Los bandos, según señala Germán García Segura quedaron constituidos como sigue: “El bloque borbónico o felipista quedó constituido por las Dos Coronas (Francia y España), Baviera, Colonia y Saboya (que cambió de bando en 1703); mientras que el partido aliado o austracista quedó formado por el Sacro Imperio, Inglaterra (Reino Unido de Gran Bretaña a partir de 1707), las Provincias Unidas, Prusia y Portugal (desde 1703).” 

La guerra se extendió a la península en 1702 cuando entró en acción  la armada anglo-holandesa. Las acciones terrestres comenzaron en 1704.

La alineación no era clara en ninguna parte; el Almirante pretendía iniciar la invasión por Andalucía, pero las brutales acciones llevadas a cabo por los aliados (en esencia británicos y holandeses), posibilitaron que la población tomase partido por Felipe V. Por su parte, la alineación de Cataluña en aquellos momentos, según señala Ricardo Carcía Cárcel, “debió contar y mucho la memoria que se tenía de Francia tras la revolución de 1640. Si Cataluña había apostado en 1641 por Francia, contra la España de Olivares, medio siglo después apuesta por la continuidad de los Austrias.”  Pero esa alineación con el archiduque no es clara. Las familias se separaban en bandos austracistas y felipistas, tomando fuerza los primeros especialmente en Barcelona y en Vic, mientras que el asalto de la armada británica puso al descubierto a la facción austracista, que acabó sufriendo una feroz persecución hábilmente utilizada en beneficio político de la causa del Archiduque, que a finales de 1704 conoció un auge de envergadura. Hacía cuatro años que había sido coronado Felipe V.

La propaganda austracista había tardado en hacer mella, pero la decidida colaboración de Inglaterra, con la infraestructura preexistente en Barcelona, fue determinante a la hora de llevar a término la conspiración. Antonio Ramón Peña señala que “con la amplificación del ambiente austracista se extendieron las revueltas que fueron estallando especialmente en Valencia y Cataluña, y los sediciosos fueron acercándose a Barcelona hasta sitiarla con una nueva ayuda de la flota anglo-holandesa el 29 de agosto de 1705, hasta la capitulación el 9 de octubre de aquel año”.

Señala Agustín Jiménez Moreno que “la marcha de la guerra para los aliados en general, e Inglaterra en particular, al finalizar el año 1705 era bastante prometedora. Pues los objetivos perseguidos por Inglaterra: dominio de las rutas comerciales, hegemonía en el mar y defensa de sus aliados, se han cumplido. Destacan sus triunfos en el Mediterráneo, ya que con la toma de Gibraltar controlan su acceso; por otra parte, la presencia de una poderosa flota en estas aguas, disuade cualquier posible acción por parte de la marina francesa.”

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