domingo, 14 de agosto de 2016

Aspectos económicos en el proceso separatista de América (y 21)

Manifiestamente, Inglaterra se conformaba con el control económico; la tierra la dejaba para sus colaboradores locales, claro reflejo de lo que también había sucedido en Inglaterra, donde en 1973, el 50% de la propiedad rústica estaba en manos de un exiguo 5% de la población. Pero eso sería de momento. Luego llegaría la apropiación de territorios; por circunstancias que exceden este trabajo, Inglaterra no se posesionó de California como pretendían los gobernantes mexicanos como dación en pago por la “ayuda” recibida; como no se apropiaron de los territorios ofrecidos por Bolívar, pero llegarían nuevas situaciones en las que finalmente acabaría haciéndolo, como fue el caso de “Ecuador Land Company Limited”, en cuyo “tratado”, según relatan Ahmed Deidán de la Torre y Francisco Núñez del Arco Proaño, se señalaba: “desde ahora y para siempre se desapropia y aparta a nombre del Gobierno del Ecuador del dominio, posesión, uso y más derechos que le han competido en dichos terrenos, y que todos los cede, renuncia y transmite en la compañía, con todas las acciones útiles, directas, reales, personales y mixtas.”  Evidentemente, si no se materializó la creación de una colonia física (o política. ¿Cuál falta?) británica, el motivo no fue que las autoridades “libertadoras” hubiesen tomado medidas al respecto. Sencillamente no resultó rentable a los británicos.

En cuanto a otros sectores de producción también sintieron la influencia de la “libertad”; así, “los cuerpos de comerciantes y mineros se vieron afectados sin duda por el colapso del Estado español del cual dependían, por la emigración de sus miembros que eran españoles y por el hecho de que, de modo considerable, el capital y el empresariado inglés, o de otros países extranjeros, reemplazaron al capital y a los negocios españoles.” 

Pero el predominio británico, que no ha cesado hasta hoy, a lo largo del siglo XIX fue cediendo parte del pastel a los Estados Unidos, que inició sus operaciones comerciales antes de la invasión que acabaría llevando a cabo con la consiguiente mutilación del territorio. La primera incursión, conforme señalan Luis Bértola y José Antonio Ocampo “se inició con operaciones en México y algunos países del Caribe (muy especialmente Cuba). En 1914 los Estados Unidos tenían ya cerca de un quinto del capital extranjero invertido en América Latina, con una participación relativamente mayor en la inversión directa. ”

Mientras esto sucedía, en Paraguay “la clase empresarial española quedó deshecha por las contribuciones, el aislamiento y la persecución. Los que quedaron se convirtieron en estancieros buscando refugio, si es que lo había. La confiscación de propiedades y al no permitirse la libre exportación de sus productos impidieron que se desarrollara una agricultura comercial y privaron a Paraguay del tipo de estancieros que había en el resto de países suramericanos. Cuando trataron de reaccionar en la conspiración de 1820, Francia los aplastó en un reinado de terror en el que los ejecutó, encarceló y los hizo desaparecer.” 

Así las cosas, parece que los movimientos separatistas, si bien consiguieron romper España, no lo hicieron ni por sus propios medios ni para beneficio de la población. Bien al contrario, en lo económico, convirtieron los reinos en colonias que aún hoy perduran, y cuya metrópoli es Inglaterra, la potencia hegemónica del momento., y es que, conforme nos dicen Heraclio Bonilla y Karen Spalding, “Los nuevos tiempos hicieron posible que el neo-colonialismo resultara de un juego de procesos y mecanismos esencialmente económicos, sin que fuera necesaria una vinculación política formal con la metrópoli”  que, aparte la dominación, posibilitó una política genocida contra los indios, que posibilitaría acciones tan inhumanas como las llevadas a cabo por los cazadores de indígenas en Patagonia. En definitiva era un asunto sobre el que tenían experiencia sobrada en Australia, Nueva Zelanda y Norte América.

Así las cosas parece evidente que las guerras separatistas de América no obedecieron a una repulsa contra el sistema fiscal español, pues conforme señala Pierre Chaunu, “si la Independencia de la América española hubiera sido una respuesta a los abusos del monopolio, se habría producido en 1580 cuando éste existía y se ejercía en beneficio exclusivo de españoles y europeos: españoles, portugueses, franceses, genoveses, flamencos, y desde un complejo portuario europeo, el de Sevilla.” 

Respecto a la época y al método de explotación , con Felipe Ferreiro “hay que hacer notar por lo pronto, que el monopolio era el sistema empleado por todas las naciones colonizadoras. Pero además hay que convencerse de que el libre comercio no beneficiaba a toda la América: había regiones en que las trabas comerciales permitían el progreso de industrias rudimentarias o nacientes. En el virreinato del Río de la Plata, por ejemplo, el libre comercio convenía a Buenos Aires porque podía colocar mejor sus ganados. Las provincias del norte y oeste argentino mandaban paños, cueros, ponchos, etc. , y en cambio recibían yerba, ganado, etc., de Mesopotamia, Paraguay, Buenos Aires y Banda Oriental. Con un régimen de libertad comercial aquellas le habrían tenido que comprar igual su ganado a Buenos Aires sin mandarle los productos de su industria que la capital habría comprado en Europa, a mejor calidad y precio. Y así ocurría en general. Las regiones dedicadas a industrias extractivas o ganaderas tenían en general interés en la libertad de los cambios; las de industrias manufactureras se sentían más protegidas con un régimen de trabas. Una causa de esta índole, exclusivamente local no puede ser considerada como causa de un movimiento que agitó a un continente.”

La dependencia de la corona británica perdura; el dominio y explotación económica que se inició con la separación de España queda manifestado en sucesivas actuaciones, entre las que destaca la disputa entre Argentina y Chile por el Canal de Beagle. En 1971, ambos gobiernos convinieron en someterse al arbitraje de su majestad británica. Y en 1982, mientras Argentina libraba una heróica lucha por la recuperación de las Islas Malvinas, usurpadas por la misma potencia que colonizó Hispanoamérica en 1822 y firmó tratados de amistad de calificación incierta, Chile daba apoyo logístico a la Pérfida Albión.

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