sábado, 20 de agosto de 2016

El derecho en el Islam (V)

Lo que marca el carácter del Islam es la pena de muerte: es condenado a muerte el ateo, el brujo, los que no se admite el arrepentimiento; y sobre todo, el que reniegue de su fe musulmana (aunque en este caso sí se admite el arrepentimiento). Y lo mismo sucede con quién no rece. Parece que lo único que se halla libre de pena humana es el hecho de no realizar el peregrinaje a la Meca.

Se permite matar a los prisioneros bárbaros. No se matará a las mujeres ni a los niños, y se evitará matar a los monjes, salvo que hayan combatido. (Al Qayrawani).

La mujer no puede jurar en caso de asesinato, y los deudos del asesinado pueden perdonar al asesino, que recibirá 100 bastonazos y permanecerá un año en prisión. Las mujeres no pueden perdonar.

La compensación por asesinato se mide en una recua de camellos de distintos años, que es la mitad si la asesinada es una mujer. Y en caso de herida grave, la tercera parte de la compensación dada al hombre.

Hay un detalle de penas dependiendo del mal infligido. El grupo que mata a uno, debe ser ejecutado; el borracho, también, Se ejecutará a un hombre por el asesinato de una mujer, y a la inversa… Y el precio de la sangre se hereda.

En cuanto al aborto, el Islam lo admite con alguna restricción. Tiene una gama que podemos resumir en lo siguiente: Escuelas jurídica suníes: Libre hasta los 120 días en tres de ellas (Hanbalí, Hanafíy Shafí y hasta los 40 en el caso de la escuela Maliki, y en las Escuelas chiíes, la Zaidi no pone restricciones hasta los 120 días, la Iznasharí lo admite en caso de peligrar la vida de la madre o si se consigue una fatua, y la Ismailí lo prohíbe siempre, pero la multa es menor si se aborta antes del día 40. Hay una rama de ismailíes liberales que lo permiten siempre.

Es una diferencia sutil de criterio entre las diversas escuelas, y el apoyo al aborto se basa en la SURA XXII LA PEREGRINACIÓN DE LA MECA, que reza así: 1. ¡Oh hombres! Temed a vuestro Señor, pues el temblor de la hora del juicio será una cosa terrible. Aleya 2. El día en que lo veáis, la nodriza dejará caer el níño a quien amamanta y toda mujer embarazada abortará.

Más adelante defiendo que el Corán no admite el perdón. Sin embargo, en la sura 9 se habla de él. ¿Por qué niego que el Corán acepte el perdón? Porque la predestinación defendida lleva a ello. El fatalismo es, evidentemente, contrario al concepto de perdón.

Evidentemente, según el Corán, quién haya pecado mucho se salvará si está predestinado, y quien haya sido santo se condenará si es que acaso está predestinado.

Este argumento será combatido fervientemente, pero es de pura lógica que así sea.

No obstante, también usan argumentos que son ciertos desde el punto de vista cristiano, y afirman que “la fe no se completa sino con las obras, y las obras con la intención” (Al Qayrawaní), y habla del juicio final.

Todo se basa en un texto, el Corán, redactado por una persona que denota no ser precisamente, intelectual, reciben especial alabanza los califas ortodoxos (Abu Bakú, Umar, Utman y Alí).

Pueden encontarse en el texto del Corán múltiples contradicciones que son salvadas dando validez al último juicio emitido. Así, si por ejemplo en una sura determinada se dice algo que es contradicho por una sura posterior, lo válido es lo posterior.

Como primera muestra que nos sirve para introducirnos en el asunto, vemos lo siguiente:

El versículo 59 de la sura 2, “La Vaca”, dice literalmente: “Ciertamente, los que creen, y los que siguen la religión judía, y los cristianos, y los sabios, en una palabra todo el que cree en Dios y en el día final y que haya obrado el bien: todos estos recibirán una recompensa de su Señor, el temor no les alcanzará y no estarán afligidos.” Este texto nos da cierta tranquilidad. Parece, así, que Mahoma destaca la cercanía de las religiones monoteístas; la religión cristiana, la judía y la musulmana. Eso sucede en el versículo 59; no obstante, en el versículo 83 proclama : “Cuando recibieron de parte de Dios un libro confirmando sus Escrituras –antes rogaban a Dios que les concediese la victoria sobre los infieles-, este libro que les había sido predicho, se negaron a prestarle fe. ¡Que la maldición de Dios alcance a los infieles!”.

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