viernes, 26 de agosto de 2016

Tal día como hoy, veintiséis de agosto


EFEMÉRIDES HISTÓRICAS


El 26 de agosto de 1218, se firma el pacto de Toro que pondría fin a los enfrentamientos castellano-leoneses.

En la mañana del 26 de agosto de 1810, el mes de la Gloriosa Reconquista, de 1810, una docena de soldados de su Graciosa Majestad Británica fusilaron a don Santiago de Liniers, cubierto de sangre por los castigos y cinco de sus compañeros todos malheridos. El tiro de gracia se lo dio French, el cartero de Buenos Aires, devenido ahora en Teniente Coronel de la noche a la mañana, el que fuera enlace entre las logias masónicas montadas por Rodríguez Peña y el cura Agüero. En las ropas de Liniers se encontró su despacho como Virrey firmado por el rey, que Castelli ordenó quemar: estaba el papel tinto en sangre. Lo peor es que, a lo que parece, los asesinos no dieron a Liniers el tiro de gracia, sino que dejaron que se desangrase.
“El fusilamiento de Liniers, prisionero de guerra ejecutado sin juicio, fue inspirado por el secretario de la Junta, Mariano Moreno, y se cumplió en un paraje llamado Monte de los Papagayos, a dos leguas de Cabeza del Tigre, a las dos y media de la tarde del 26 de agosto de 1810. Los cadáveres, cargados en carretillas, fueron arrojados en una fosa abierta en la tierra.”  La junta estaba dirigida por el presidente de la delegación británica, y la acusación que justificó el asesinato era de traición y deserción, pero “Liniers no fue un traidor, porque nunca comulgó con otra ideología que no sea su lealtad a la Corona Española por la que terminó dando la vida; consecuentemente tampoco fue desertor porque nunca estuvo adscrito a los complotados que había producido el 25 de mayo; el único error cometido por Liniers fue el de dormir con el enemigo: creerse que Cisneros era un virrey y no el cabecilla de un grupo de quincalleros asociado a los ingleses.



El lunes 26 de agosto de 1811, José de San Martín fue retirado del ejército y sin medios conocidos de vida, regresó a América, pero lo hizo vía Londres, donde estuvo cuatro meses. ¿Quién corrió con esos gastos cuando no poseía hacienda y siempre vivió apremiado económicamente?  Juan Bautista Sejean nos lo aclara: “Por intermedio del noble escocés, lord Mac Duff, y por interposición de sir Charles Stuart, agente diplomático en España, pudo obtener un pasaporte para pasar subrepticiamente a Londres, recibiendo de sus amigos cartas de recomendación y letras de cambio a su favor."

1 comentarios :

TSO PEMA LING dijo...

que poco sabemos algunos de nuestra propia historia

 
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