sábado, 10 de septiembre de 2016

Anotaciones para un estudio del priscilianismo (5)

El movimiento llamado Priscilianismo abarca desde el concilio de Zaragoza del año 380 hasta el concilio Bracarense segundo del año 572 en el cual es condenado como herejía.

En 379 Hidacio de Mérida excomulgó a Prisciliano, y en el 380 se celebra un Concilio de Zaragoza al que asisten, entre otros obispos, Itacio de Osonoba e Hidacio de Mérida, así como Delfín, obispo de Burdeos y un tal Fitadio, puesto que la secta había penetrado también en las Galias. No asiste ningún priscilianista, aunque habían sido convocados, pero se negaron a acudir y el concilio pronunció sentencia de excomunión contra los cuatro líderes Instancio, Salviano, Helpidio y Prisciliano.

El objeto del Concilio se resume en pocas palabras: acusar a Prisciliano y a sus seguidores. Itacio de Osonoba fue encargado de dar a conocer la sentencia del Concilio, que no incluyó la excomunión por orden expresa del papa Dámaso, dada la ausencia de los acusados. Tras este acontecimiento se produjeron tumultos en la sede de Mérida contra Hidacio y muchos clérigos se separaron de él.

El enfrentamiento entre los partidarios de Prisciliano y los seguidores de Hidacio revistió las características de una revolución. La violencia de los actos hace sospechar que el objeto en disputa era precisamente la silla episcopal de la ciudad sede del vicariato.

Prisciliano, que era seglar, fue ordenado por Instancio y Salviano como obispo de Avila, cuya sede había quedado vacante. A continuación Itacio hace una acusación formal inventando una historia falsa de los hechos y reuniendo "ciertas escrituras" comprometedoras. Sin duda se trataba de los apócrifos. Esta denuncia la dirigió al emperador Graciano. La respuesta de éste fue el destierro de todos los herejes no sólo de sus iglesias y ciudades, sino de todo el territorio.

Hidacio remitió una gesta rerum al emperador Graciano, a quien se le pide que haga intervenir a los jueces civiles contra los “pseudo-obispos” Instancio, Salviano y Prisciliano. La respuesta inmediata del emperador Graciano fue desterrarles de la provincia donde estaban. Los tres acataron, naturalmente, el mandato imperial y a continuación se dirigieron a Roma, en compañía de algunos seguidores, para solicitar audiencia al papa Dámaso.

Los priscilianistas consiguieron que se revocase el edicto de Graciano, por el cual se les había expulsado de sus iglesias (Sulp. Sev. Chron. II, 47. 6). Itacio, principal perseguidor del movimiento, fue acusado de alterar la paz de la Iglesia, y tuvo que refugiarse en las Galias (Sulp. Sev. Chron. II, 49. 1-2). Por otra parte, la actividad de Itacio y de Hidacio no fue bien vista por ninguna de las partes; así, Sulpicio Severo dice de Itacio que era audaz, hablador, desvergonzado y dado a los caprichos del vientre.

En 383 el emperador Graciano es asesinado y sustituido por Magno Máximo, que controló las Galias e Hispania y que decidió celebrar un sínodo en Burdigala, con el objetivo de resolver definitivamente el problema priscilianista y conseguir su eliminación.

Máximo procuraba el reconocimiento de su estatuto imperial por las cortes de Constantinopla y Milán. Se vio, pues, ante la oportunidad de poner en práctica los principios ideológicos de la legitimación por vía religiosa y de intentar obtener la aceptación de la Iglesia, mostrando en el asunto una radicalidad que no había manifestado su antecesor, el asesinado Graciano, en detrimento del legítimo heredero del príncipe asesinado, inclinado hacia el credo arriano.

El juicio de Burdeos fue de carácter eclesiástico, y el de Tréveris, consecuencia de la apelación de Prisciliano a la auctoritas imperial, de carácter civil y público en el que Prisciliano y sus seguidores fueron acusados de maleficio.

Además, Itacio sostuvo que el aprendizaje del gnosticismo lo obtuvo Prisciliano de Marco de Menfis, discípulo directo de Manes, con el que aprendió magia y maniqueísmo. En descargo de Itacio debe señalarse que en el Liber apologeticus, uno de los escritos atribuidos al propio Prisciliano, éste reconoce haberse instruido con “estudios prohibidos”.

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