miércoles, 28 de septiembre de 2016

La cuestión judía en la España Visigoda (VI)

Al ascender Recesvinto, fue convocado el Concilio VIII de Toledo el año 653, en que por primera vez las actas son firmadas por los nobles. En este concilio se amnistió a los replesaliados por Chindasvinto, a quienes se les devolvieron los bienes que les habían sido confiscados.

El Concilio VIII es abierto por Recesvinto el 16 de Noviembre de 691 (era hispánica, que comienza el año 38 a. C.), por lo que estamos hablando del año 653. En la apertura, si bien lo hace a título y potestad de rey, como venía sucediendo desde el III Concilio de Toledo, las expresiones utilizadas son efectuadas con sumisión a la voluntad del concilio. Así dice: “tomad lo escrito en este tomo, en donde podéis conocerlo leyéndolo repetidas veces; y todas aquellas cosas que a su tenor imprimió nuestra potestad, la gravedad de vuestra beatitud efectúe con tanta prontitud y misericordia, con cuanta la serenidad de nuestra mansedumbre os recomienda que las cumpláis.”  Esa misma sumisión al concilio sería asumida por Wamba cuando ocurrió la sublevación de Paulo y el rey se manifestó como primum inter pares.

Ese mismo espíritu, con ámbito más amplio se refleja en el preámbulo del IX concilio de Toledo, donde  reza: “Pero como que es imposible que juzgue rectamente á los súbditos el que primero no se castiga á si mismo con la censura de la justicia, nos ha parecido apto y conveniente corregir ante todo nuestros excesos, y después pasar á enmendar los de los súbditos.”

Recesvinto se llamaba en realidad Flavio Recesvinto.  En la inauguración del concilio señalaba que “denuncio la vida y costumbres de los judíos, de los cuales solos sé que por esta peste está profanada la tierra de mi mando; pues habiendo el Dios omnipotente exterminado de raíz todas las herejías de este reino, se sabe que solo ha quedado esta deshonra de sacrilegio, el que ó corregirá la instancia de nuestra devoción, ó perderá la venganza de su castigo,”  siendo que lo que pedía a Dios era que  “me conceda obtener la conversión de los infieles”. 

Hace referencia a la sublevación de Froya: “No hace mucho tiempo que habiéndose movido una sedición tumultuosa por algunos tránsfugas, la que ha destruido con frecuencia la tierra, y ha escandalizado á los pueblos con graves pérdidas, de modo que no puede reducir ningún conato las bandas de cautivos, ni reparar las desolaciones de la tierra, que con tal peste se han originado, se nos exigió mas bien por la fuerza de la necesidad que por un juicio deliberado, que contra estos y otros semejantes, juráramos en unión de casi todo el pueblo su exterminio; y atendida la condición de semejante juramento hecho por el nombre divino no puede ser dispensado según la autoridad dé la Escritura, pues se lee en el Exodo: no tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.” 

Pero hablan de más cuestiones. Primero tratan temas morales, considerando las malas actuaciones de los obispos y de los sacerdotes, donde hablan de “sus mugeres propias ó con la inmunda y execrable sociedad de otras.” 

De donde podemos entrever que el clero no era lo que podemos entender como ejemplar. Falta de ejemplaridad que fue permanente objeto de los concilios, que aplicaban severas penas a los infractores. Así, en el canon I del concilio III de Toledo se dice que ningún indigno aspire á los honores eclesiásticos, y que los contraventores sean castigados con la severidad de los cánones primitivos.

Se señaló que “que no solo los pontífices, sino los presbíteros y diáconos observen la santa castidad; y que el que la violare, sea el último de su grado, que en adelante no ministre, y que quede á elección de su sacerdote el claustro en que ha de recluirle, para que sirva de ejemplo y escarmiento a los demás, y se corrija; en donde se ve que los presbíteros y diáconos eran depuestos perpetuamente por los crímenes carnales.”

“Sobre la cuestión judía, Recesvinto recordaba en el discurso de apertura del concilio que el judaísmo era la única creencia sacrílega existente en el reino; el rey pedía a los padres conciliares que tratasen a judíos y renegados con severidad, recordando que había muchos conversos que renegaban del catolicismo después de ser bautizados.”

Recordemos que, desde el 413, año en que Ataulfo llegó con sus visigodos a Hispania, el principal conflicto no había sido con el judaísmo, sino entre el arrianismo y el catolicismo. Todas las cicatrices eran arrianas o católicas. La cuestión judía se mantenía al margen. Finalmente, arrianos y católicos se fundieron en un abrazo en el catolicismo.

¿Por qué, entonces, las referencias que los concilios de Toledo hacen a los judíos?

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