jueves, 1 de septiembre de 2016

LA LEYENDA NEGRA (1)

LA LEYENDA NEGRA (1)


La leyenda negra sobre España surge de manos de un rosario de traidores a la Patria; el primero, Antonio Pérez, en el siglo XVI, que culmina con Juan Antonio Llorente español afrancesado, asalariado de José Bonaparte que salió de España acompañando a las tropas Napoleónicas y se instaló en Paris a comienzo del Siglo XIX y en 1817 editó un libro partidista en contra de los Reyes Españoles. Y de esos polvos tenemos estos fangos.

La pregunta es si acaso la Inquisición Española ha sido tan duramente atacada por el hecho de ser España baluarte del Catolicismo y enemiga comercial y política de la Inglaterra protestante.

El término “inquisición”, procedente de “inquirir”, “conocer”, era aplicado a toda investigación llevada a término. Con el uso del mismo término por parte del papado, se aplicó a la inquisición relativa a asuntos religiosos, y hoy, sin lugar a dudas, se ha centrado en el Tribunal eclesiástico medieval establecido para descubrir y corregir las faltas contra la Fe, (fundamentalmente la herejía) o contra las doctrinas de las Iglesias, principalmente la Católica, aunque también hubo tribunales de las mismas características entre otras iglesias como el Calvinismo y otras denominaciones protestantes. La institución inquisitorial, no es pues de exclusividad española.

Una interpretación sesgada de la Historia nos dice que la Inquisición cercenó la libertad y empleó una crueldad indiscriminada. Una falsa y distorsionada imagen nos señala que ser "inquisitorial" es sinónimo de intolerante. Y sin embargo, esto no parece corresponderse con la verdad histórica… Ni cuando fue creada en el siglo XIII los cátaros eran seres angelicales por mucho que los “perfectos” fuesen vegetarianos y no levantasen su mano contra nadie, ni en el caso de la inquisición española los destinatarios de su actividad eran seres inocentes que no tenían nada que ver con las incursiones turcas o las invasiones francesas o inglesas.

El protestantismo es, más que cualquier otra cosa, un problema político, un enfrentamiento entre el modo humanista de entender la vida, que era el que llevaba España por bandera, y un mundo que empezaba nuevamente a concretar el materialismo presocrático, del que sería punta de lanza el protestantismo y las distintas versiones de sí mismo. Y serán ellos, como los nuevos sofistas del siglo XVI, quienes pondrán nuevamente en igualdad de condiciones la verdad y la mentira, el bien y el mal, poniendo las bases de lo que desarrollaría ampliamente dos siglos después con la Ilustración. Por ello, “será el exilio protestante español el principal generador de la visión siniestra de la Inquisición, a partir de los autos de fe de Valladolid y Sevilla en 1559. La obra más representativa de esta crítica directa a la Inquisición fue la de Reginaldo González Montano, un pseudónimo que según Vermaseren encubriría a Antonio del Corro, antiguo fraile del Convento de San Isidoro de Sevilla que había huido tras la represión de la comunidad protestante sevillana desde 1557 y, según N. Castrillo,  mancomunadamente a Antonio del Corro y Casiodoro de Reina hipótesis ésta que ya habían sugerido Llorente y el propio Menéndez Pelayo. Reina era jerónimo del mismo monasterio sevillano y huiría, siendo quemado en estatua en el auto de fe de abril de 1562… González Montano publicó su obra en latín en Heidelberg en 1567; en 1568 se editó en francés e inglés, en 1569 en neerlandés y se harían múltiples reediciones a lo largo del siglo XVI. Heidelberg era entonces la capital del Palatinado Renano, donde gobernaba el elector Federico III y en los años sesenta vivía la euforia del calvinismo, lo que explica la primera edición de la obra allí. A partir de la obra de Reginaldo González Montano se articuló el discurso protestante contra la Inquisición.”

“Desde el siglo XVI las potencias nórdicas reformadas —Gran Bretaña y Holanda in primis— iniciaron en sus dominios de ultramar una guerra psicológica al inventarse la «leyenda negra» de la barbarie y la opresión practicadas por España, con la que estaban enzarzadas en la lucha por el predominio marítimo.”  Esa leyenda negra aprovechó en su favor la traición de Antonio Pérez y el más que desafortunado alegato de Fray Bartolomé de las Casas para usarlos como arma contra España, siendo que en el peor de los casos, si los alegatos que decían contra España hubiesen sido ciertos, no serían más que fiel reflejo de lo que ellos hacían.

Lo curioso del caso es que lo que los españoles no hacían porque su concepción de la vida se lo impide, es justo lo que la habilidad propagandística ha presentado que hacía, y el desprecio que el español de los siglos XV a XVIII sentía por las mentiras generadas por los europeos limitaban esa leyenda negra más allá de las fronteras españolas, donde se desconocía la realidad. Lo lastimoso es que el desprecio que generaba esa leyenda en España hizo que no se le hiciera caso y no se generase una literatura informativa de la realidad de España, y por qué no, de la realidad de los países generadores de esa leyenda negra. Aunque, caso de haberse hecho, el éxito hubiese sido, como mucho medio, porque al fin y al cabo “El patriotismo británico se manifiesta adecuadamente en la elocuente frase: “Right or wrong my country!” (“¡Con razón o sin ella, es mi país!”) , pero en el pueblo español no es así.  El pueblo español exige honradez y limpieza, por lo que con leyenda negra y con incultura, acepta la autoflagelación sin esforzarse por conocer la verdad. Lo que la leyenda negra no pudo hacer con el pueblo español en el siglo XVI, lamentablemente lo está haciendo en el siglo XXI.

1 comentarios :

Tata dijo...

Buen primer tercio Cesareo buen primer tercio

 
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