viernes, 2 de septiembre de 2016

La rebelión de Paulo (V)

Llama profundamente la atención que Ilderico, principal iniciador de la secesión, queda relegado tras la llegada de Paulo. La historia no nos aclara el motivo. Lo que nos aclara la historia, callando, es que el movimiento separatista tuvo poco apoyo de la población, y la campaña militar de Wamba acabó siendo un paseo militar.

Es el caso que, siendo que los signos son importantes a la hora de acometer una acción, Paulo no se quedó con ellos. Al parecer apostató del catolicismo, y con el apoyo de los judíos que se habían exiliado a la Galia, “Al llegar á Tarragona, hizo de su partido á Ranosindo, general en jefe de la provincia tarraconense, y á Hildigisio, á cuyo cargo estaba la administración de justicia en la misma provincia, y los cuales le prometieron su favor, y se concertó el modo de poner en ejecución tamaña villanía.”   “tomó del santuario del bienaventurado Félix de Gerona la corona votiva donada por Recaredo 70 años atrás, y entrando en Narbona forzó al metropolitano Argebado (que se había resistido inicialmente) a consagrarle con ella en la iglesia catedral. Hilderico y los suyos le reconocieron, como casi todos los condes y magnates de Septimania y la parte marítima de la Tarraconense (incluyendo algunos miembros de la Corte o Aula Regia), y Paulo les exigió un juramento de fidelidad hasta la muerte similar al que la ley obligaba a prestar al rey.”  El sacrilegio llevado a cabo con la corona de San Félix era ante todo un signo.

“ En breve prestaron obediencia al rebelde Paulo las ciudades de Tarragona, Barcelona, Gerona, Vich y Perpiñán.”  .

“Los acontecimientos constituyen evidentemente una profanación, no sólo hay que tener en cuenta el hecho de la rebelión contra un monarca legítimo, que constituía acto de tiranía, además se había profanado una corona votiva, ofrecida a san Félix, la función de esta corona no era desde luego ser empleada como corona terrenal. El momento culminante del episodio de la rebelión del dux Paulo, cuando éste roba la corona del mártir Félix, y se la ciñe en la sien, no constituye sino la anticipación dramática de la propia perdición de Paulo, doblemente condenado, por haberse alzado contra el rey legítimo (por lo tanto es un tirano) y por haber tomado la corona ofrecida a Félix (lo cual constituye un acto de impiedad). Lo esencial de esta historia —que, no lo olvidemos, sigue el esquema común de la historiografía cristiana pecado/castigo de honda inspiración bíblica— es el hecho de que se haya robado la corona de un mártir. Paulo hace lo contrario que un rey legítimo haría, simula no aspirar al trono mientras conspira para conseguirlo, y roba una corona que no le han ofrecido para coronarse a sí mismo, no es indiferente que se trate de un corona votiva, a la que Paulo le habría dado un uso distinto del que le correspondería, cometiendo con ello un sacrilegio. Como era de esperar, la rebelión acaba con la perdición de Paulo y la devolución de todos los objetos sagrados robados.”

Esta proclamación, lógicamente, tenía un sustrato;“entre los partidarios de Paulus destaca la figura de Hildigisio, un gardingo de Wamba; por tanto, dentro de la oligarquía visigoda existía una facción contraria al rey coronado que, sin embargo, había mantenido hasta aquel entonces las apariencias y había gozado de la confianza del rey, como el propio Paulus.”

Nos faltan muchos más datos, recordemos que ya el Imperio Romano no existía; estamos en plena Edad Media, donde la incultura y la falta de información ocupan lugar preeminente y dan lugar al surgir de los movimientos feudales, centrífugos, donde los enanos se unen para derribar al gigante

 “El avanzado proceso de fragmentación territorial que estaba padeciendo el
Estado visigodo unitario era significativo. Todo ello por la presión de grupos nobiliarios arraigados socioeconómicamente y ahora de forma política al ocupar puestos de gobierno territorial

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