jueves, 20 de octubre de 2016

El derecho en el Islam (VI)

¡Que la maldición de Dios alcance a los infieles! Ya esa expresión deja manifiesto el espíritu que impregna la ideología mahometana: el odio, que viene marcado en su propio texto sagrado que, insisto, no admite interpretaciones.

Por ello, no ya desde una visión cristiana del mundo, sino desde una visión meramente humanista del mundo no podemos tener como aceptable, ni tan siquiera como religión, la ideología coránica, ya que es más que una religión una teoría política (execrable, por cierto), y tal vez como una ideología puramente terrorista si nos remitimos al dictado de otras suras.

El odio queda reiteradamente manifiesto a lo largo del Corán. Así, la sura 2 sigue diciendo en su aleya 92: El que sea enemigo del Señor, de sus ángeles, de sus enviados, de Gabriel y de Miguel, tendrá a Dios por enemigo; porque Dios odia a los infieles.

Evidentemente, la primare parte del aserto admite un tipo de discusión esencial, y es que Dios no es enemigo de nadie, contra lo que nos dice Mahoma, sino en todo caso, es el pecador el enemigo de Dios. A continuación afirma algo terrible: Dios odia a los infieles. Eso es algo sumamente significativo; un hecho que es ajeno al cristianismo.

En ningún texto cristiano aparece un juicio como el citado.

Cierto que, en la Epístola a los Hebreos, San Pablo dice: ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

Y en la epístola a los romanos: porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.

También el Evangelio de San Mateo nos dice:

Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.

Parece manifiesta la diferencia existente entre unos y otros conceptos; y es que Dios no tiene capacidad de odiar. Sí tiene capacidad de castigar, como un padre castiga a sus hijos; pero el padre, cuando castiga a sus hijos no lo hace con odio sino con amor; hasta el extremo que también San Mateo relata parte de lo que sucederá en el juicio final… Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Castigo, sí, odio, no. El injusto se condena a sí mismo, con dolor del Padre.

En la 2ª epístola a los tesalonicenses, dice San Pablo: Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.

Y en la epístola a los colosenses: Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado.

Y en la epístola a los romanos: si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.

Sensible diferencia de conceptos los del cristianismo con relación al Islam. Y es que Dios no odia a los infieles, sino que los ama.

Ya en San Mateo se remarca: fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

Y San Lucas remarca el mismo concepto: Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

Estas son todas las citas que los textos evangélicos dedican al castigo de forma directa, con una peculiaridad, a lo largo de todos los textos se transmite la idea de perdón: el perdón de pecados. (epístola a los colosenses), habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, (epístola a los filipenses).

Y no es sólo San Pablo. También San Mateo remarca.- Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, el Padre celestial os perdonará también a vosotros; Pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco el Padre os perdonará vuestras ofensas.

Así como el asesinato y el odio son las constantes del Corán, el perdón es la constante del Evangelio. San Mateo relata.- Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

San Lucas remarca ese principio: No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

Según nos enseña Jesucristo, Dios no odia al enemigo, sino que combate al enemigo del hombre. Dios es incapaz de odiar, porque Dios es Amor.

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