miércoles, 26 de octubre de 2016

La crisis del siglo XVII (6)

Pero parece que la oligarquía catalana estaba obcecándose en mantenerse anclada en privilegios medievales fuera de toda lógica, no por defender unos supuestos derechos que obligaban a la corona a defenderlos mientras ellos no colaboraban en su propia defensa, sino porque “hay algunos datos que indican que los miembros de la corrupta Diputació intentaban interrumpir las relaciones entre las Cortes y la corona para impedir que se llevara a cabo una investigación de la Diputació. Pero esa maniobra, si realmente se efectuó, no era realmente necesaria. En ese momento, la corona no sabía siquiera cómo salir del conflicto sin ver mermado su prestigio,”  por lo que cuatro consejeros acabaron siento puestos en prisión.


“El 1635 la Francia de Luis XIII declaró la guerra a la monarquía de Felipe IV. De esta manera, Cataluña se convertía en uno de los escenarios de la Guerra de los Treinta Años y el tránsito de tropas, los alojamientos, las levas y el esfuerzo militar de los catalanes se hicieron manifiestos.”

El año 1637 “en el frente catalán, la negativa del Principado a crear un ejército para su propia defensa llevó a una ignominiosa derrota de las fuerzas españolas participantes en el sitio de Leucata (27 de septiembre). En el norte, los imperiales estaban bloqueados en Alemania por el ejército sueco (fuertemente financiado por Francia) junto al Oder y por el ejército de la Liga de Heilbronn (al mando de Bernardo de Sajonia-Weimar y pagado por completo por Francia) en Alsacia.”  Mientras, la oligarquía catalana se entretenía en discusiones que sólo tendían a tapar el expolio que ellos mismos estaban llevando a cabo con el erario público.

En el desarrollo de estos acontecimientos se produjo el intento, por parte del ejército español, de la toma de la fortaleza francesa de Leucata, que había sido fortificada en los últimos tiempos, y que se encuentra a poca distancia de la fortaleza española de Salses. “El intento fracasado de la toma de la fortaleza francesa de Leucata tuvo unas consecuencias desastrosas, ya que en venganza los franceses, poco tiempo después, asediaron y tomaron la fortaleza de Salses, punto estratégico fundamental para el control de la plana del Rosellón. Entonces, Cataluña se vió obligada a suministrar levas de soldados para intentar recuperar la fortaleza perdida y la campaña, que duró entre Julio de 1639 hasta Enero de 1640, comportó la participación de unos 13.000 soldados catalanes.”

A partir de este momento se desarrollarían los acontecimientos que acabaron produciendo el Corpus de Sangre; se produjeron deserciones; la Generalidad acabó mandando soldados a la defensa de Perpiñán, pero cuando ya era tarde y tras haber desoído reiteradamente la llamada de auxilio de sus habitantes, y los castigos acabron en enfrentamientos, llegando el momento culminante en los acontecimientos de Santa Coloma de Farners, de donde partió la nueva chispa que, en breve marcha llegó a Barcelona, provocó terribles desórdenes y acabó con la vida del Virrey Santacoloma.

Si la Unión de Armas fue la excusa de la oligarquía catalana para el desastre que conllevó a la Guerra de los Segadores, las voces en Castilla contra las actuaciones del conde duque se vieron acalladas por la que en principio parece una de las pocas cosas   positivas que se planteó Gaspar de Guzmán; no en vano, eran muchos los que veían que siempre era Castilla quién acababa pagando todas las genialidades, y la unión de armas venía a calmar esta llaga.

Al respecto decía Quevedo:

En Navarra y Aragón
no hay quien tribute un real;
Cataluña y Portugal
son de la misma opinión;
¡sólo Castilla y León
y el noble reino andaluz
llevan a cuestas la cruz!

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