domingo, 30 de octubre de 2016

Los Cátaros (6)



Rituales, doctrina (1)

La ceremonia más importante era el sacramento del consolamentum. Se trataba de una ceremonia en la que el candidato a perfecto, previa una etapa de noviciado o preparación que podía durar un año, se arrepentía de sus faltas, se comprometía a vivir en castidad, a no comer ni carnes ni leche, a no mentir ni prestar juramento, a no abandonar la Iglesia ni siquiera ante la amenaza de muerte, no blasfemar no matar y a seguir los mandatos del evangelio. A continuación, el oficiante perdonaba los pecados del postulante, lo recibía y confirmaba como miembro de la Iglesia colocándole sobre la cabeza el texto sagrado. Esta ceremonia, según la opinión de Brenon, reunía a la vez varios de los sacramentos católicos. Al ser aceptado como perfecto, se le bautizaba, confirmaba, perdonaba y ordenaba como clérigo, pues estaba facultado para perdonar, predicar, conferir el consolamentum y presidir otros actos rituales. La bendición del pan y la Santa Oración, es decir el Padrenuestro, eran ceremonias conmemorativas de la última cena, sin valor sacramental, pues no aceptaban el sacramento de la eucaristía como lo propone la Iglesia católica; es decir, negaban la transubstanciación.


El creyente que había recibido el Consolamentum antes de morir quedaba libre de pecado y, con ello, evitaba tener que volver a reencarnarse.

Los cátaros aun sin tener como norma el suicidio, si aceptaban la muerte de una manera pasiva, llamada “endura”, dejándose morir por inanición, en todo caso se aplicaba esta en casos excepcionales y de una manera totalmente voluntaria, por el sistema de cortarse las venas, baños alternativos de agua muy fría y caliente, con el fin de provocar congestiones pulmonares, que terminaran con la muerte del cátaro, incluso
despeñándose por un precipicio.

El concilio III de Letrán (1179) identifica ya a cátaros y patarinos.62 Pero ya en II Concilio de Letrán (1139), se dicta en el canon 23: A aquellos, empero, que simulando apariencia de religiosidad, condenan el sacramento del cuerpo y de la sangre del Señor, el bautismo de los niños, el sacerdocio y demás órdenes eclesiásticas, así como los pactos de las legítimas nupcias, los arrojamos de la Iglesia y condenamos como herejes,
y mandamos que sean reprimidos por los poderes exteriores. A sus defensores, también, los ligamos con el vínculo de la misma condenación.

El pacifismo de los cátaros (que por otra parte parecía real) era similar al pacifismo aplicado en otros momentos de la historia donde el tirano es pacifista. Exige pacifismo al tiempo que aplica su tiranía, consistente principalmente en llevar a la marginalidad más absoluta a quienes no se avienen a sus imposiciones; así, en 1167, en la iglesia de Sainte-Marie Magdalene de la ciudad, los burgueses de Béziers habían asesinado al
abuelo de Raymond Roger Trencavel por oponerse a sus libertades.

No comían carne, debido a que era materia fruto de acto sexual, y por lo tanto, doblemente impura. Sí comían pescado, ya que según la creencia de la época, los peces nacían por generación espontánea de unos gérmenes o animáculos presentes en el agua.

Eran radicalmente pacifistas. Les estaba prohibido matar, salvo lobos o serpientes en legítima defensa. En una etapa posterior, ni siquiera en esos casos se llegaba a autorizar el matar a un ser vivo.

Los perfectos sostenían que la cruz no era algo que hubiera que venerar, sino tan sólo un instrumento de tortura, perversamente glorificado por la fe romana. También se horrorizaban ante el culto a las reliquias de los santos. Aquellos trozos de hueso o de tela para los que se construían iglesias o se organizaban peregrinaciones pertenecían a la esfera material, la sustancia creada por el demiurgo maligno que moldeó este mundo
y la envoltura carnosa de lo humano: el que había hecho el cosmos y tentado a los ángeles hasta expulsarlos del cielo, para después atraparlos en el envase perecedero del cuerpo mortal. En el sistema general de las cosas, lo importante era sólo el espíritu de cada uno, lo que quedaba de la naturaleza del ángel caído, lo que permanecía conectado con el bien. Pensar lo contrario era engañarse. Los sacramentos administrados por la Iglesia no eran más que paparruchas.

Para los dualistas mitigados (búlgaros) Satanás es Hijo de Dios, mientras que para los radicales (dragovitas) es un dios independiente y todopoderoso.
Los cátaros afirmaban que si una mujer moría antes de dar a luz, se condenaba, puesto que había muerto llevando un demonio dentro. Y es que, si todo lo material era obra de Satán, también el hombre lo era - de hecho, Satán habría creado al hombre del barro y le habría infundido vida al incardinar en dicha creación a un ángel caído -, de manera que las mujeres embarazadas no estaban más que propiciando el nacimiento de nuevos
demonios, y tenían ya dentro de sí un demonio. Que las mujeres pudieran ser ordenadas quizás atrajera a muchos disidentes de la Iglesia Católica, pero este tipo de doctrinas acabaría alejando a muchas de ellas, en una época, en la que éstas eran principales educadoras y transmisoras de valores.

Para poder salvar a los espíritus puros encerrados en cuerpos humanos, Dios envió su Palabra por medio de un mensajero, Jesús, que era un ángel fiel y que Dios, por esta aceptación redentora, le llamó su Hijo. Jesús bajó a la tierra y, con objeto de no tener ningún contacto con la materia, tomó un cuerpo aparente y vivió y murió aparentemente como un hombre. Jesús enseñó que el camino de la salvación consiste en renunciar a todo aquello que tenga sabor carnal si quiere uno liberar el espíritu puro que está encerrado y aprisionado dentro de nosotros. Por eso es pecado no sólo el matrimonio sino también el uso de los alimentos carnales; el ideal de santidad sería el suicidio como medio para escapar y sustraerse voluntariamente a la influencia del principio del mal. Al fin del mundo, todos los espíritus se verán libres y gozarán de la gloria eterna; no habrá infierno para nadie puesto que cada uno habrá obtenido la salvación a través de reencarnaciones purificaciones.

En primer lugar, ellos generalmente dicen de sí mismos que son cristianos buenos, que no juran, ni mienten, ni hablan la mal de otros; que no matan a hombre ni a animal, ni nada que tenga aliento de vida, y que tienen la fe del Señor Jesucristo y su evangelio tal como la enseñaron los apóstoles.

Ellos afirman que ocupan el lugar de los apóstoles, y, por motivo de las cosas antes mencionadas, es que la Iglesia Romana, a través de los prelados, los clérigos, y los monjes, y especialmente los inquisidores de la herejía, los persigue y les llama herejes, aunque son buenos hombres y buenos cristianos, y que son perseguidos así como lo fueron Cristo y sus apóstoles por los Fariseos.

Atacan y vituperan, uno por uno, todos los sacramentos de la Iglesia, especialmente el sacramento de la eucaristía, diciendo que no es posible que contenga el cuerpo de Cristo, porque aunque fuese tan grande como el monte más alto, los Cristianos ya lo habrían consumido para esta fecha. Afirman que la hostia viene de la paja, que pasa por las colas de caballos, a saber, cuando la harina es limpiada por un cedazo (de pelo
de caballo); y además, pasa por el cuerpo y tiene un fin vil, lo cual, ellos dicen, no podría acontecer si Dios estuviera allí.

Del bautismo, afirman que el agua es material y corruptible y es por lo tanto la creación del poder malo, y que no puede santificar el alma, pero que los eclesiásticos venden esta por avaricia, tal como venden la tierra para enterrar a los muertos, y el aceite a los enfermos cuando los ungen, y tal como venden la confesión de pecados hecha a sacerdotes.

Por lo tanto ellos declaran que la confesión hecha a los sacerdotes de la Iglesia Romana es inútil, y que, puesto que los sacerdotes pueden ser pecadores, ellos no tienen potestad de soltar ni de atar, y, siendo impuros en sí mismos, no puede hacer limpios a otros. Afirman, además, que la cruz de Cristo no se debe adorar ni venerar, porque, según insisten, nadie venera ni adora el patíbulo sobre el cual un padre, pariente, o amigo ha sido colgado. Ellos también declaran que los que adoran la cruz deben, por razones semejantes, venerar todas las espinas y las lanzas, porque cuando el cuerpo de Cristo estaba en la cruz durante la pasión, así mismo estuvo la corona de espinas en su cabeza y la lanza del soldado en su costado, Ellos proclaman muchas otras cosas escandalosas con respecto a los sacramentos.

Además ellos leen de los Evangelios y las Epístolas en la lengua vulgar, aplicándolas y exponiéndolas a su favor y contra la condición de la Iglesia Romana en una manera que lo tomaría demasiado tiempo describir con lujo de detalles.

0 comentarios :

 
;