viernes, 28 de octubre de 2016

Un repaso al genocidio (6)

La Ilustración, para la creación de la leyenda negra, relataba la festividad, fastuosidad y magnificencia de los autos de fe como detalle grotesco de lo que hacían los españoles para celebrar una ejecución, cuando nada tenía que ver una cosa con otra, ya que el autote fe era eso, una declaración pública de fe en Dios. Los penitenciados asistían y eran perdonados. Los eventuales castigos no se desarrollaban en el auto de fe. Por el contrario, en la Francia revolucionaria,“En Angers, los condenados eran llevados al lugar de ejecución… con música, las autoridades vestidas de gran gala y los soldados haciendo valla”. La revolución cortó cabezas por millares en Nantes, en Lyon, en Vendée; sólo en París rodaron 1.376 en nueve días, después del decreto del 22 pradial. Hagamos notar que en Francia contaban entonces con una población que oscilaba entre 25 y 30 millones de habitantes.”

“Muchos de los Comisarios Revolucionarios enviados a La Vendée han pasado a engrosar la galería universal de genocidas. En ella tenemos a Le Bon, que en Pas-de-Calais asistía a las masivas decapitaciones y reía burlonamente ante la chusma sedienta de sangre, porque ninguno de los guillotinados recogía la cabeza como hizo San Dionisio; Albitte, que obligaba a los Sacerdotes, antes de subir al Cadalso del Martirio, a seguir por las calles, en irreverente procesión, a un asno revestido con las vestiduras de Obispo; Carrier, el sádico criminal que inventó como método de ejecución, los ahogamientos de cientos de campesinos en Nantes; el terrible Fiscal de la Revolución, Fouche, sacerdote renegado convertido al Jacobinismo más izquierdista y radical, conocido como "el cañoneador", por idear como rápido procedimiento de exterminio el masacrar a cañonazos a los prisioneros de Lyon. Las matanzas son seguidas de enterramientos sin identificación o simplemente los cadáveres son arrojados a los ríos y a los pozos.”
Los más bajos instintos salieron a la luz en estos tristes días de la historia de Francia y de la Humanidad. Aquí se asentaron las bases de los nuevos genocidios que sacudirán la Humanidad durante los siglos XIX, XX y XXI.

“Oficiales republicanos luciendo botas hechas de pieles curtidas de los campesinos de La Vendée; en el ejército escaseaban las botas, y la idea de utilizar la piel humana fue de Saint-Just. Todavía hoy se puede contemplar en el museo de Historia Natural de Nantes una piel de vandeano debidamente curtida; finos y suaves guantes hechos de mujeres por tener la piel más aterciopelada; centenares de cadáveres hervidos para extraer grasa y jabón, que se empleaba en los hospitales y para engrasar los fusiles, son solo algunas muestras del salvajismo de la revolución. Todos estos sicarios, a las órdenes del Sicario Mayor, Robespierre, fueron los que levantaron la democracia liberal sobre una montaña de cadáveres mutilados.” 

“Nadie será dejado con vida.” “Las mujeres son surcos reproductivos que deben ser arados.” “Sólo los lobos deben dejarse para vagar por esa tierra.” “El fuego, la sangre y la muerte son necesarios para preservar la libertad.” “Sus instrumentos de fanatismo y superstición deben ser destruidos.” Éstas fueron algunas de las palabras usadas por la Convención al hablar de la Vendée. Sus científicos domésticos soñaban toda clase de nuevas ideas –el envenenamiento de la harina, el alcohol y los depósitos de agua, el establecimiento de una curtiembre en Angers que se especializaría en el tratamiento de pieles humanas; la investigación de métodos de cremación de grandes números de gente en grandes hornos, de modo que pudiese aprovecharse eficientemente su grasa. Uno de los generales republicanos, Carrier, despreciaba esta investigación: estos métodos “modernos” tomarían demasiado tiempo. Era mejor utilizar métodos más tradicionales de masacrar: el ahogamiento masivo de hombres, mujeres y niños desnudos, frecuentemente atados en lo que llamaban “matrimonios republicanos”; el hundimiento de botes especialmente construidos llenos de gente en medio del Loire; el pasar por las bayonetas a masas de hombres, mujeres y niños; el aplastamiento de cabezas de bebés contra las paredes; el “fusilamiento” de prisioneros usando cañones; las más horribles y desagradables torturas; el incendio y saqueo de aldeas, pueblos e iglesias.”

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