jueves, 24 de noviembre de 2016

CONSPIRACIONES, PRONUNCIAMIENTOS Y SUBLEVACIONES EN EL SIGLO XIX (2)

 


CONSPIRACIONES, PRONUNCIAMIENTOS Y SUBLEVACIONES EN EL SIGLO XIX (2)

Desde la muerte de Fernando VII en 1833 y hasta el final del periodo que nos ocupa, 1874, final de la revolución cantonalista, no desentona el número de pronunciamientos si tenemos en cuenta que también hubo casi sesenta gobiernos, casi una media de uno y medio por año. No tenía así, nada que envidiar el número de gobiernos al número de pronunciamientos. Pero aquí, lo que queremos es hablar de los pronunciamientos y las sublevaciones.



Lo vamos a hacer dedicando nuestra atención a las acaecidas a partir del año 1820, dejando de lado, y tan sólo citando la sublevación de Riego de este año, por haber sido tratada en otro lugar.  Sólo señalar que el 1 de Enero de 1820, en Cabezas de San Juan (Sevilla), Rafael de Riego se negó a encabezar la expedición a América. Durante dos meses el ejército de Riego permaneció sublevado recorriendo Andalucía sin que el gobierno pudiera impedirlo, ya que por todo el país se multiplicaban los pronunciamientos liberales y los levantamientos campesinos. El 3 de enero, el coronel Antonio Quiroga, designado para encabezar el movimiento, tomaba San Fernando y se disponía a entrar en Cádiz, que era el objetivo más importante.

Casi dos  meses después de la asonada de Riego, y cuando ya se encontraba derrotado y fugitivo, el 21 de Febrero, el coronel Azevedo siguió los pasos de aquel en la Coruña, y O’Donnell (masón), que partía con un ejército para reprimir a Riego, en Ocaña el 1 de marzo. Siguieron Zaragoza el 5 de marzo, Barcelona el 10 y Pamplona el 11. La España de pandereta…

Rafael de Riego sería ejecutado el 7 de noviembre de 1823, entre el desprecio y los insultos del populacho.

Pero con la ejecución de quién fue el responsable visible de la hecatombe americana, que no era otra que la hecatombe nacional, no acabarían las trifulcas, ni en la España peninsular ni en la España americana, ya disuelta en republiquetas que, como la monarquieta peninsular servían mejor a los intereses de los británicos.

Pero si en 1823 se acababa con la vida de esa pobre marioneta llamada Rafael de Riego, no se iba a acabar también con la inestabilidad en ningún punto de la Hispanidad. Ahora nos centraremos en exclusiva en la parte del territorio nacional que conservó el nombre sacrosanto de la Patria, y veremos que no había pasado un año desde la ejecución de Riego, cuando el tres de agosto de 1824 se produce lo que podemos considerar como el primer conato liberal, el protagonizado por el Coronel Francisco Valdés, quien partiendo de Gibraltar el 3 de agosto de 1824 se apoderó de Tarifa. Derrotado por inconexión con los conjurados del interior, Valdés pudo salvar la vida, y volverá a tener cierto protagonismo en la expedición de Vera en 1830.

Si el número de ejecuciones que ocasionaban estos movimientos eran altamente llamativos, no era menor el número de los exiliados, que recalaban principalmente en Inglaterra.

Así, el 29 de Noviembre de 1826, Baldomero Espartero (otro que también tenía su cuartel general en Londres), comunicó reservadamente al Gobierno que algunos españoles emigrados (de los que tanto daño han hecho al Rey y a la Patria) le enteró uno de ellos que en Londres se había formado una Junta presidida por Mina que trabajaba una nueva conspiración.

Esa conspiración sería neutralizada, pero como queda señalado en la relación inicial, 1827, 1828, 1830, 1831 y 1833.

En 1833 se produce el levantamiento carlista; el ejército isabelino contaba con un total de 115.000 hombres. Distribuidos en las capitales de provincia y en 150 plazas fuertes.

Santos Ladrón, que fue el organizador de las primeras partidas carlistas, y el primero en proclamar como rey a Carlos María Isidro, tras la muerte de Fernando VII,  sería fusilado el día 14 de octubre de 1833 tras haber sido vencido en la batalla de Viana.

La primera guerra carlista ya estaba incendiando España, cuando el año 1835 se iniciaba con conspiraciones varias. El principal motivo de la conspiración: el general Manuel Llauder, a la sazón ministro de la Guerra.

0 comentarios :

 
;