martes, 22 de noviembre de 2016

España bajo el Islam (11)

Dice Fco. J. Simonet que “ni en nuestra península, ni en las regiones sojuzgadas por los sarracenos, hubo fusión entre invasores e invadidos, no hubo formación de nuevos pueblos, como en los países de América, dominados y civilizados por la nación española; lo que hubo fue conquista y ocupación militar; lo que nos muestra la historia es el miserable espectáculo de un pueblo que vive a costa de otro; por parte de los dominadores un progreso intolerable de tiranía y de codicia, y por parte de los dominados un continuo aumento de odio y de aversión a sus opresores” . Algo que no se solventó con la apostasía, ya que los mismos muladíes sufrirían la misma persecución que sus hermanos mozárabes.

Pero el mayor daño fue provocado sobre la Iglesia; sus prelados, perseguidos, mayormente sucumbieron o huyeron al norte. No obstante, quedaron pastores con el rebaño, principalmente al sur, ya que las diócesis del norte eran especial objetivo del invasor, ya que desde ellas se propiciaba la colaboración con la Reconquista. Tan es así que a Oviedo se la conocía como “ciudad de los obispos”, por la cantidad de ellos que allí se habían refugiado.

No obstante, quedaron varias diócesis en territorio musulmán: Emerita, Hispali, Acci (Guadix), Ercavica, Asidonia, Astigi (Écija), Barcinona, Basti (Baza) Reacia (Baeza), Bigastro, Calahorra, Coria, Caesar Augusta, Compluto, Coimbra, Córdoba, Cabra, Niebla, Eliberri, Gerunda, Ilici, Málaga, Urgel, Osma, Ejea, Sigüenza, Martos y Urci, cerca de Almería, y el culto era libre, a pesar lo que manda el Corán, y hasta dejaban tocar las campanas y permitían la vida monástica. Estamos en una primera época de la conquista, que lo fue, como hemos dicho, en gran parte gracias a pacto. Lo único que quería de momento el poder árabe era la servidumbre. Por eso, el orden eclesiástico, como el civil quedó bajo la soberanía del estado, que era quien nombraba obispos.

En cualquier caso, todas estas prebendas quedarían aniquiladas por el despotismo en el plazo de un siglo. Esta situación posibilitó el hecho real de la Reconquista, ya que los mozárabes anhelaban salir de la tiranía muslímica, y bien facilitaban las acciones guerreras de los reinos cristianos, bien huían a las tierras del norte, para repoblar y engrosar las tropas de reconquista.

Tiranía que se vio acrecida en 732 con ocasión de la batalla de Poitiers, donde Carlos Martel frenó el avance de los invasores, que desde ese momento se vieron privados del botín, con lo que volvieron sus ansias de rapiña sobre quienes ya tenían dominados. Faltan datos sobre la caída de Gerona en poder musulmán, y hay autores que señalan este 732, posteriormente a la batalla de Poitiers, cuando la ciudad cayó en poder árabe.

Por otra parte, la sociedad islámica era esencialmente urbana y su economía tenía como centro el desarrollo de las ciudades y de las profesiones que el crecimiento urbano lleva consigo, es decir, en la industria y en el comercio basados en una moneda fuerte y estable. La agricultura, en general, tenía en el mundo islámico un cierto carácter secundario. Por el contrario, las ciudades, base del comercio y de la artesanía, constituían el elemento más llamativo. Frente a los reinos cristianos del norte, de aspecto rural aplastante, al-Andalus ofrecía en tiempos del califato la imagen de un mundo fuertemente urbanizado en el que tanto los talleres como las tiendas eran bienes del Estado o bienes de manos muertas, por lo que su gestión dependía del Tesoro público. La industria textil y sus anejas de cardado, hilado, apresto y tinte fueron sin duda las más importantes de la España islámica; se trabaja el lino, el algodón y la lana para vestidos, mantas y tapices; el cuero y las pieles daban trabajo a curtidores, fabricantes de pellizas, pergamineros y zapateros; el esparto era empleado en la fabricación de esteras y cestos... 

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